sábado, 9 de abril de 2022

RINCÓN EN VILLA CRESPO

 

RINCÓN EN VILLA CRESPO

 

  Por Eduardo Horacio Bolan

 

Villa Crespo es un Gran Barrio y un barrio grande, de gran extensión. Es el más vasto de los que componen la Comuna 15, a la cual está integrada.

Sus límites oficiales actuales son: Av. Córdoba, Av. Estado de Israel, Av. Ángel Gallardo, Av. Gaona, Av. San Martín, Paisandú, Av. Warnes, Av. Dorrego y las vías del ferrocarril General San Martín.

Casi en el límite noreste entre Villa Crespo y Palermo se encuentran lugares, personas, historias para ser contadas y que casi no se encuentran en la bibliografía del barrio y mucho menos en recorridos programados. Aquí un simple repaso para ser ampliado en una caminata que no ocupa más que unas pocas cuadras.

 

La fábrica textil Dell´Acqua

El establecimiento Textil Dell´Acqua, imponente edificio que aun se mantiene en pie, se encuentra comprendido entre las calles Darwin, Loyola, vías del ferrocarril General San Martín y Aguirre. El edificio fue inaugurado en 1906 y era propiedad del italiano Enricco Dell´Acqua (1851-1910) emprendedor industrial de materiales textiles.

Muy pronto se construyó una sucursal ubicada en Corrientes y Thames, cerca del arroyo Maldonado, para facilitar la eliminación de sus residuos industriales. Esa forma de desecho era habitual para la época (fines siglo XIX y comienzos del XX) y lo llevaban a cabo también la Fábrica Nacional de Calzado y las curtiembres. Este descarte en el arroyo reducía los costos para las empresas pero traía inconvenientes en la salud de los vecinos, los cuales vivían muy cerca de sus trabajos. El ejemplo más renombrado de vivienda vecinal es el caso del Conventillo Nacional, con su denominación más popular de Conventillo de la Paloma (Serrano 156 con salida a la arteria Thames)

En 1921, para conmemorar las Bodas de Plata de la Parroquia de San Bernardo (1896), el 20 de agosto (Día del Santo Patrono Bernard de Fontaine o Bernard de Clairvaux, monje francés, 1090 - 20 de agosto de 1153) la empresa Dell´Acqua otorgó asueto a sus trabajadores para que puedan concurrir a los festejos programados. Asimismo iluminó y embanderó los frentes de sus edificios.

El edificio de la fábrica Textil Dell´Acqua de Corrientes y Thames fue demolido en 1935. El que se mantiene en pie, reitero, es el edificio de Darwin y Loyola. Fue renovado a fines de 1980 y su presente es óptimo. Sus espacios internos fueron reciclados en lofts (lugares con mucha iluminación natural, espaciosos y con pocas divisiones dentro de cada ambiente)

 

Deporte sobre dos ruedas

En 1917 se instituye el, por entonces, Club Ciclista Nacional. Luego varía levemente su nombre por Nación, y así quedó Club Ciclista Nación. Desde siempre su sede se encuentra en la esquina de Godoy Cruz y Castillo. Durante cincuenta años “la muchachada del Nacional” como les gustaba llamarse y eran conocidos, organizaron infinidad de competencias, sacándole tiempo a sus trabajos por la pasión que los motivaba.

Club Ciclista Nación


Las competencias y sus premios eran coordinados por los integrantes del Club. Muchos sobresalieron pero destaco solo un par: Vicente Auterio, que llegara a ser Campeón Argentino y Eugenio Gret.

Famosas son las contiendas anuales que concretaron ya desde 1917, las de Criterium de Apertura Argentina (donde supo descollar Gret, ganador de los años 1919, 1920 y 1923) y la Doble Bragado desde 1922, donde Gret vuelve a lucirse ganándola en el año de apertura y en 1923. A estas se agregan numerosas más.

En la década de 1970 la actividad disminuye organizando el Club solo sus competencias anuales de Criterium de Apertura y la Doble Bragado, la cual se encuentra suspendida desde 2020. En este 2022 tampoco se realiza por tercer año consecutivo, por la pandemia producto de COVID-19, también conocida, solo al comienzo, como neumonía de Wuhan para luego ser denominada coronavirus o SARS-CoV-2.

 

Un castillo para mirar

Ahí nomás, en Darwin 1251, entre Jufré y Castillo, levantando un poco la vista se puede ver una construcción. Quizá, sí, seguramente, desde enfrente se puede observar mucho mejor. Es una edificación que se asemeja, a primera vista y para desconocedores de estilos arquitectónicos, a esos castillos medievales europeos. En realidad es un híbrido arquitectónico que alguien o alguna empresa quiso hacerlo llamativo y construyó un edificio a semejanza de la arquitectura del neorrománico. Es, en consecuencia, en el mejor de los casos y viéndolo con mirada fantasiosa, una edificación del tipo del historicismo, también llamado romanticismo (fines del XIX y primeras décadas del S. XX). Historicismo porque se trató de recrear, de recuperar, algo del estilo románico, muy propio de Europa entre los siglos XI y XIII.

La construcción data de la década de 1970 y quizá, al comienzo, fue una discoteca.

En Darwin 1251, entre Jufré y Castillo: El Castillo. No se pueden perder.

 

El puente que ya no está

Para conmemorar un nuevo aniversario de la Reconquista de Buenos Aires (12 de agosto de 1806) se inauguró en 1969 el llamado, precisamente, Puente de la Reconquista. La obra se hizo para agilizar el tránsito vehicular de la Av. Juan B. Justo ya que el puente se elevaba a esa altura entre las calles Cabrera y Castillo, cruzando por elevación las avenidas Córdoba, Niceto Vega y las vías del FC San Martín. A comienzos de este siglo XXI se verificaron serios problemas en su hormigón, losas y parapetos. Entre 2014 y 2015, tanto el Ministro Nacional de Transporte como el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tomaron la decisión de realizar un viaducto (traza elevada del ferrocarril) entre las estaciones Palermo y La Paternal. En abril de 2019 ya no quedaban ni restos ni vestigios, agregaría yo ni buenos recuerdos, del Puente que cruzaba por sobre las vías en ese sector. En la actualidad no concluyeron el trabajo del viaducto y todavía Villa Crespo y La Paternal, y por supuesto los usuarios del tren, esperan la reapertura de sus estaciones.

Como dato anecdótico muchos vecinos recuerdan diversos carteles que eran pegados en el Puente de la Reconquista y que no se desprendían ni con el viento ni con la lluvia. Eran frases enigmáticas, muchas de las cuales sin sentido aparente. Cada uno que las leía sacaba sus propias conclusiones. Poco antes de la desaparición del Puente se supo que el autor era un taxista llamado Oscar Brahim y que, si bien tenía su propia ideología, sus mensajes no trataban de transmitir ideas políticas, o alguna otra, a los posibles lectores de su arte, sino reflejar factores y circunstancias del momento que la sociedad vivía.

 

Una Nueva Arca de Noé

De este sector de Villa Crespo que estamos visitando, en una de las esquinas de Darwin y Castillo han surgido obras que llegaron a todo el mundo y ¡todos conocemos!

 
Esquina de Darwin y Castillo


De esa esquina salieron esculturas que recrean a personajes inolvidables como Borges y Álvarez del programa de TV “No toca botón” (1981-1987) dirigidos por Hugo Sofovich. Sí, Alberto Olmedo y Javier Portales (su verdadero nombre era Miguel Ángel Álvarez) ¡Cuántas personas diariamente se sacan fotos en las esculturas emplazadas en Av. Corrientes y Uruguay! ¡Quién no pasa a su lado y se sonríe!

En esa esquina villacrespense el artista Fernando Pugliese y su equipo recrearon no solo a personas y personajes populares sino también a seres y estructuras de todo tipo.

Fernando Pugliese (1939-2021), era hermano mayor del modelo, músico y empresario Alberto “Nono” Pugliese. Se recibió de abogado pero su pasión por ser artesano, escultor, artista, ya despuntaba desde su juventud realizando trabajos con madera y aun antes, en los años escolares, realizaba figuras esculpiendo las tizas en su colegio.

La lista de obras salida de su taller es innumerable: Tato Bores (Mauricio Borensztein) representado como el personaje Tato, con su peluca y hablando por teléfono; Sandro; Spinetta; la Mona Giménez; Rodrigo; la negra Sosa; el Mahatma Gandhi; el Che Guerava; Trump; Néstor Kirchner con la herida en la frente causada por la máquina fotográfica de un periodista en aquel 25 de mayo de 2003, día de su asunción presidencial; al presidente Alberto Fernández sonriente y tocando la guitarra y muchísimos y muchísimos más.

Pero no puedo dejar de mencionar a la escultura de Jorge Luis Borges sentado a la mesa junto a Adolfo Bioy Casares en el “Bar La Biela”.

En medios periodísticos Fernando Pugliese eligió como una de sus mayores realizaciones la que ejecutó sobre la temática “Tierra Santa”, la cual tiene su intricada historia.

Ya concluía el año de 1999 y había personas temerosas del cercano Fin del Mundo y otras que aseguraban que las computadores colapsarían y dejarían de funcionar, pero el mayor problema que afrontaba Armando Cavalieri, el Secretario General del Sindicato de Comercio, era que se le vencía la concesión que tenía el gremio en un predio ubicado en la Costanera Norte, frente al Río de la Plata. Debía concretar un proyecto que reuniera lo cultural con lo educativo. Ahí es donde aparece Fernando Pugliese y su estudio artístico, pero había muchos inconvenientes que resolver y nudos que desatar. Varias fueron trabas propias de la burocracia y aspectos municipales. Hubo otras, más problemáticas, condicionadas por cuestiones religiosas. Finalmente se pudo concretar el “Parque Temático Tierra Santa” en diciembre de 1999, a días nomás de vencer el plazo estipulado. Hubo que convencer a las autoridades islámicas que se recrearían mezquitas pero, por supuesto, sin representaciones ni del Profeta ni de Alá.  En el caso de las autoridades judías, Pugliese convino que harían una réplica del Muro de los Lamentos y recibió la aprobación del proyecto. En el caso de los cristianos, la Iglesia Católica, representada por el entonces Arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, no solo dio su aprobación inmediata sino que bendijo el predio. Así nació una amistad con el futuro Papa (13 de marzo de 2013), que llevaría a Pugliese al Vaticano para entregar esculturas del Cura Brochero a Francisco.

Un segundo Parque Temático realizado por Pugliese se concretó en la Provincia de Córdoba en homenaje al Cura Brochero (enero 2021).

Desde cualquiera de las cuatro esquinas de Darwin y Castillo se puede observar las cabezas de varios animales que sobresalen del atelier del estudio Pugliese. Son los animales elegidos para integrar la nueva Arca de Noé que Pugliese por su muerte no pudo llevar a cabo. Todos esperamos que los que continúan en su emprendimiento puedan concretar el proyecto.

 

Todo en pocas cuadras, sin tener que molestar a nadie, ni tocar timbres o preguntar. Están ahí, a la vista de aquellos que los quieran ver.

Muchos lugares, vivos recuerdos y presencias, historias para ampliar.

 

 Por Eduardo Horacio Bolan

eduardobolan@gmail.com

UNA DE GUAPOS

 

UNA DE GUAPOS

 Por Eduardo Horacio Bolan

Se sostiene, y se sabe, que el malevaje en la Capital Federal tiene su impronta alrededor de comienzos del siglo XX.

Sostengo, como lo hiciera oportunamente el historiador local Cayetano Francavilla, que en el barrio de Villa Crespo y por esos años escasean guapos con cuchillo fácil para hacerlo zigzaguear y destripar al adversario. Podrían amenazarse, desafiarse, pelearse, hasta tajearse pero de allí a matar es otro tema. Matar, aunque sea en reyerta, son cosas mayores. En este caso interviene la policía y sin un padrino importante que aligere la pena, el destino del matador es la cárcel. El ansia de vivir con honor y en libertad es la razón de ser del compadrito y el guapo.

 

Allá por el 20 (del XX)

Ya a comienzos del siglo XX las quintas y huertas de Villa Crespo han sido reemplazadas por fábricas con obreros, comerciantes con sus negocios de múltiples rubros y artistas en todas las habilidades culturales.

A los ya “nativos” se suman los nuevos habitantes, producto de la inmigración que echan raíces y se dedican a trabajar la mayor parte del día. No hay mucho tiempo para actos violentos por el solo hecho de demostrar coraje. Seguramente riñas y altercados por asuntos menores se pueden dar en almacenes de ramos generales, lugares de venta de bebidas alcohólicas, pero sin consecuencias mayores. En los salones de baile son más habituales los enfrentamientos por cuestiones de honor, interviene la policía, unas horas en la comisaría y hasta el próximo encuentro impetuoso.

En otros barrios de la Capital la presencia de guapos en sitios como fondas o cafetines, paralizan a los habituales parroquianos que solo han entrado para haraganear y tomarse una copita de caña o ginebra.

Debo recurrir a lo literario, en especial a lo poético, para ejemplificar esos encontronazos donde dos guapos se trenzan a cuchillo para lidiar por el honor y para demostrar quién es el de mayor coraje.

 

Enrique Cadícamo maestro de la descripción tanguera

De acuerdo a la mirada de Enrique Cadícamo (1900-1999), que nos comparte en varios de sus maravillosos poemas, podemos visualizar lugares de tango como fondines, boliches, prostíbulos, cafés y a sus habitués.

En “El cantor de Buenos Aires” (1936) es el tango donde Cadícamo ofrenda su sentir hacia Carlos Gardel recientemente fallecido (1935). En sus versos nos participa de sus emociones:

 

Dónde estarán los puntos del boliche aquel,
en el que yo cantaba mi primer canción.
y aquellos patios donde pronto conquisté
aplausos tauras, los primeros que escuché.
Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy,
El Pardo Augusto, Flores y el Morocho Aldao.
Así empezó mi vuelo de zorzal...
los guapos del Abasto
rimaron mi canción.

 

Cadícamo hace hablar a Carlitos, quien recuerda sus comienzos y rememora “el boliche aquel”. Así hace referencia a la fonda “O´Rondeman”  (en dialecto genovés significa abundancia, ubicada en aquellos tiempos en Humahuaca 3302, esquina con Agüero) que regentea Agustín Traverso (genovés de origen) con sus hijos Constanzo (o Constancio), Alberto “Gigio” (o “Yiyo”), Félix (con apodo “Felicín”) y, remarco, José (alias “Cielito”) estos dos últimos guapos con prontuario policial.

Fachada del Café O´Rondeman


Cielito, nacido en 1873, es el de mayor trayectoria de la familia dentro del malevaje porteño. Su hecho de sangre más recordado es la muerte de Juan Carlos Argerich (apodado El Vidalita”) “un nene bien” devenido en malevo y al que le gusta provocar: “¡El que sea hombre, que me siga!”. En un desafío memorable en un salón de baile en Palermo, cerca de la Nochebuena de 1901, el cuchillo de Cielito termina dentro del cuerpo de El Vidalita. Cosa de guapos. Es apresado, juzgado y condenado. A los dos años recibe el perdón, gracias a las fuertes influencias políticas de su hermano Constancio, temido por ser caudillo en el Abasto del Partido Autonomista Nacional. Pero en hechos de sangre nada es fácil, Cielito debe emigrar al Uruguay.

En 1907 la familia vuelve a sufrir, Felicín participa de un alboroto que se inicia dentro mismo de la fonda familiar que, según el parte policial, termina con la muerte de un tal Francisco Cattadi. Es acusado Felicín (nacido en 1886) del hecho y es declarado culpable y enviado a prisión. Allí muere al poco tiempo sin cumplir los veintiún años de edad.

Pero, a mi entender, Cadícamo al nombrar a Traverso en su poema dentro de los conocidos de Gardel, se está refiriendo a Yiyo, el gran amigo del Morocho del Abasto.

Yiyo Traverso, hombre bonachón de enorme figura física producto de pesar más de 160 kilos, es el que le da de comer gratis a Carlitos en la fonda cuando el futuro Zorzal contaba con dieciséis años y se iniciaba en el canto (se lo considera su padre adoptivo).

El guapo Noy, que está citado en el poema de Cadícamo, tuvo su noche de gloria al vencer a otro malevo, un tal Pereyra, en una noche de 1922.

Sigo con el saber de Enrique Cadícamo. En su “Poema a las calles Suárez y Necochea” (1945), incluído en su obra “Poemas del bajo fondo (Viento que lleva y trae)” publicado en 1964 por la Editorial Peña Lillo, da su opinión tanguera:

 

“Puede decirse entonces que el imperio del tango

fue la Boca, en las calles Suárez y Necochea,

ochava de arrabal de indiscutible rango,

nacida bajo el signo de la semicorchea.

Llegaban de otros barrios visitas importunas:

de Villa Crespo El Títere, guapo de corralones;

del Mercado de Abasto, Cielito, El Noy, Osuna,

y desde La Ensenada caía El Tano Barone.”

 

A los ya conocidos, Cadícamo nombre a un guapo de Villa Crespo, acaso no el único que habrá existido pero seguro el único que trascendió: “El Títere”.

En “Otros tiempos y otros hombres” (1946) amplía la “biografía” de este guapo que no tenía rival en su barrio y debía “caer” a cafetines de otros barrios para hacer valer su hombría:

 

“Yo fui amigo del Maceta

y yo estuve de testigo,

cuando el Títere lo vino

a probar en el café.

Esa noche se encontraron

estos serios enemigos,

y en los naipes y en un truco

se jugaron su cartel.”

 

Borges y El Títere

Jorge Luis Borges (1899-1986), vecino de Palermo, sabe adentrarse en Villa Crespo para ir a la Librería de Manuel Gleizer, donde publica sus primeros títulos y, seguro, “para” en el Almacén de Tacchela (Triunvirato y Canning, actualmente cruce de las avenidas Corrientes y Raúl Scalabrini Ortiz) a tomarse un café o un traguito. Acaso es en esas visitas donde escucha las hazañas de “El Títere”, el apodo con el que es conocido el “Manco” Ferreyra, lugareño del incipiente Villa Crespo.

En su poema “El Títere” (Para las seis cuerdas, 1965), Borges comienza presentado el personaje y el lugar:

 

“A un compadrito le canto
que era el patrón y el ornato
de las casas menos santas
del barrio de Triunvirato.”

 

“Atildado en el vestir
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato (…)”


No solo lo describe por su vestimenta y trato sino que luego pasa a mostrarlo hábil con el cuchillo y admirado por las mujeres, todo dicho más que nada literariamente, no quiere decir que fuera así realmente, sino como concepto del personaje. Comienza a rondarle la muerte a nuestro guapo:

“El hombre según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte. En cada esquina
lo anda acechando el mal rato.”

La tragedia se cumple:


“Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.”

 

Sin duda Borges sabe plasmar una época, personas y personajes, situaciones, paisajes urbanos en pocos pero contundentes versos. Y nos deja datos de gran valor.

 

Cadícamo y El Títere

En “El Maceta y El Títere”, otro de los poemas que cubren la “biografía” de nuestro guapo según el conocimiento de Enrique Cadícamo, comienza con un dato interesante. El Ñato es un café ubicado en el Abasto.

 

“Frente al Abasto y allá, en el año siete

en el café de El Ñato, en la calle Anchorena

tuvo lugar una vibrante escena

digno final de un encuentro, de un cuadro, de un sainete.”

 

Sigue con el visitante que trae problemas:

 

“De la barra de Ítalo, guapo de Villa Crespo,

era el protagonista de la hazaña que narro.

Lo llamaban El Títere y su oficio

era ponerle llantas a los carros.

Supo que en el Abasto, roncaba otro pesado,

con corazón de taura y músculos de atleta.

Una serie de hechos, ya habían consagrado

a este hombre, al que todos, laman El Maceta.”

 

Luego, Cadícamo, describe el ambiente distendido del lugar para pasar a la tensión:

 

“Entró El Títere a escena y semblanteó el ambiente.

Se acercó al mostrador y pidió un “cañonazo”.

Estaba bien seguro de que él, era un valiente;

sin embargo temía el gran encontronazo.”

 

El visitante intempestivo pregunta al dueño del local, y ahí sabemos que el Café es conocido como El Ñato porque ese es el apelativo del propietario:

 

“Diga patrón ¿cuál es el famoso Maceta?

Y se bebió de un trago el resto de su vaso.

Y El Ñato, del terror, hizo una morisqueta

y señaló una mesa que estaba a pocos pasos.

 

Se presenta el taura del otro barrio:

 

“Se encaminó hacia él y se paró diciendo:

“soy El Títere y vengo a probar su importancia”

y el hombre del Abasto le contestó sonriendo

“y yo soy El Maceta”, y ya tomó distancia.

´De allá de Villa Crespo, he llegado atraído

por su cartel de taura que ya se lee de lejos

y como yo soy guapo, esta noche he venido

a llevarme su fama o a dejar mi pellejo´.” 

 

Deciden jugarlo a los naipes:

 

“La cafaña del turbio cafetín, los miraba

muda y emocionada, conversando en voz baja.

Sin atreverse a nada, porque allí, se jugaba

la vida de dos tauras, a suerte de baraja.”

 

Entre “Envido” y “falta envido” y “quiero”, El Títere saca su revólver y le tira un tiro entre las piernas a El Maceta para amedrentarlo.

“No se asustó El Maceta por el fuerte estampido

y al Títere le dijo: “¿y…? ¡cante compañero!”

Se levantó El Títere, lo abrazó conmovido

y un aplauso estruendoso se oyó en el reñidero.

Desde esa noche histórica fueron grandes amigos.

La amistad los unió con sus lazos ambles.

Y ya en sus diversiones o encarando a enemigos,

El maceta y El Títere fueron inseparables.”

 

Guapos, cultores a su manera, del honor y del coraje.

 

El Títere, entre la persona y el personaje

Borges toma una leyenda local y la transforma en visuales versos tal vez recogidos en algún turbio almacén. Por él se sabe que El Títere se movía en el ámbito orillero de Triunvirato, por lo tanto cerca del Maldonado. Por Cadícamo sabemos que su oficio al sol era ponerle llantas a los carros en algún corralón, que por las noches se juntaba con la barra de Ítalo y solía frecuentar rincones del malevaje de otros barrios. La leyenda dice que era manco, aunque no quiere decir que le faltara un brazo o mano, basta con no poder utilizar ese miembro para ser apodado “manco”. Por Borges que murió de un balazo y “se mudó a un barrio vecino, el de la Quinta del Ñato.”

Quizá, acaso, en 1922 el Pereyra muerto por el Noy, malevo del Abasto, haya sido el “Manco” Ferreyra, los apellidos se parecen y pudieron desvirtuarse en la leyenda barrial.

Matar o morir. No son cosas para ir divulgando, basta con que lo susurren los vecinos del barrio, que el vencedor lo sepa y el muerto mismo se haya enterado poco antes de morir cuál era el más guapo.

Los compadritos, “nenes bien”, el “minaje”, arrabaleros, malevos, guapos, viven en las poesías y en el tango.

 

 Por Eduardo Horacio Bolan

eduardobolan@gmail.com


 

CANNING, AVENIDA LANERA

 

CANNING, AVENIDA LANERA

 

 Por Eduardo Horacio Bolan

 

El Barrio de Villa Crespo sabe albergar diversos sectores donde se han instalado establecimientos con rubros determinados y diferentes. Entre ellos el lanero con sus negocios de venta al público.

 

Canning y Scalabrini Ortiz, según los años

Más allá de cuestiones de índole política por la denominación de la Avenida que nace en Warnes al 399 (barrio de Villa Crespo) y concluye su trazado en  Av. Presidente Figueroa Alcorta 3700 (barrio de Palermo), en este artículo las denominaciones Canning y Raúl Scalabrini Ortiz  son mencionadas como sinónimos. Según la época que trate las nombro por su designación oficial de su momento.

En la época de Juan Manuel de Rosas como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina se la denomina (1848) como calle del Ministro Inglés en referencia a Henry Southern, que en esos tiempos es el representante diplomático de su Majestad Británica en Buenos Aires.

En 1893 (siendo Luis Sáenz Peña  Presidente de la Nación y Federico Pinero Intendente de la Capital Federal), cuando el barrio era reconocido oficialmente como Circunscripción 15ª, se le cambia el nombre por el de Canning, en homenaje a George Canning, que reconoce en 1825 la independencia argentina. Agrego que la fragata que trae a José de San Martín a estas orillas también lleva ese nombre, George Canning.

El 21 de mayo de 1974, durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y siendo Intendente José Embrioni, se le cambia el nombre a la Avenida por el de Raúl Scalabrini Ortiz, en honor al que siendo agrimensor e ingeniero de profesión se destaca como ensayista, periodista, escritor e integrante de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), perteneciente a la corriente de revisionismo historiográfico.

Con la llegada de la dictadura militar (1976, Intendente Osvaldo Cacciatore) se retoma el nombre de Canning para la avenida. Hasta que en 1984 (Presidente de la Nación Raúl Alfonsín e Intendente Julio César Saguier)  vuelve a adjudicarse el nombre de Scalabrini Ortiz.

 

Algunos vecinos y establecimientos de la Avenida Canning

Sin la intención de realizar una división tajante y definitiva sino al solo hecho de ejemplificar y simplificar se puede expresar que la corriente inmigratoria israelita instala sus comercios, en relación a la Avenida en cuestión, entre las alturas del 300 al 700.

Solo estudiando el barrio de Villa Crespo, a partir del 800 y hasta el 1000 de Canning, inclusive, se establecieron los inmigrantes siriolibanes.

Tomando como base de datos al Anuario Kraft con su Gran Guía General del Comercio y de la Industria del año 1913 se puede observar algunos de los vecinos que tienen sus negocios sobre Canning antes de que se instalaran estas corrientes inmigratorias.

Les propongo que viajemos en el tiempo y paseemos por sus veredas para observar algunos de los comercios de la arteria. Confío en que el listado, el cual es aleatorio y sin ánimo de destacar alguno en particular, no sea tedioso pues lo considero necesario para conocer diversas épocas y sus vecinos y establecimientos del barrio.

En la Guía Kraft publicitan que en Canning 43 Luis Piña tiene una carpintería. Enfrente, en el Nº 56, se encuentra la fábrica de hormas y sacabocados de Francisco L. Bavastro.

En la otra cuadra, entre Padilla y Camargo, en el 112 se ubica el almacén de Bartolomé Braggio.

Más adelante, en el 231, está la panadería de Dionisio Fernández. Unos metros más adelante, en el 277, la lechería de Vicente García. Claro que con tantos negocios comerciales no puede faltar un Banco, en el 293, casi llegando a Triunvirato (Av. Corrientes) el Banco de la Nación asienta su agencia Nº 8.

En la esquina del 300 vemos al almacén de Bautista Sívori y enfrente la confitería de Vicente Saltalamachia. A mitad de cuadra, en el 361, se ubica la herrería de Molinelli y Calerio.

En la próxima cuadra, entre Vera y Juan Ramírez de Velasco, encontramos a la peluquería de José Basta. Hallamos en el 487 a la Asociación Española de Socorros Mutuos de la Parroquia de San Bernardo. Casi en la esquina el médico Enrique Aladid atiende a pacientes del incipiente barrio.

Pasemos al 500, entre Velasco y Aguirre. A mitad de cuadra visualizamos la fábrica de caramelos de Orlando y Martínez. En el 586 se encuentra el taller de faroles para aut. y carruajes.

En la esquina del 600 la farmacia de Romero De Simone y a pocos metros la fonda de José Salvette. Enfrente, en el 625, la cantina de Joaquín Nosqués. Para llevar tranquilidad a las familias en Canning al 651 la partera Eugenia Ballarati presta sus servicios en momentos decisivos. Casi en la esquina de numeración par, los vecinos pueden comprar en la carnicería de Juan Tassano.

En la otra esquina, ya cruzando la calle Loyola, se encuentra el almacén de José Botiroli.

En la próxima cuadra hay establecidos negocios tales como herrería, carbonería, zapatería y la tienda y mercería de Jorge Dib, en el 840.

Cruzando Jufré, en el 950 se encuentra el taller mecánico de la Viuda de C. López e hijos. En la vereda de enfrente hallamos la empresa de pompas fúnebres de Francisco Rossi. A diez metros, en el 973, la fábrica de carruajes de Victorio Médica.

En la última cuadra de Canning de Villa Crespo, altura desde del 1000, entre Jufré y Rivera (actual Av. Córdoba, llamada así desde 1960)  hay negocios como herrería de obras, zapatería, ferretería, casa de electricidad y muchos otros.

Estos datos, reitero,  son de 1913. Todavía no había sido inaugurado el Café ABC, recién lo haría en 1918 en la esquina de numeración par de Canning y Rivera.

Por lo dicho coexisten una gran variedad de rubros diferentes en una misma cuadra, aun no se puede hablar de un sector especializado en cueros, en negocios laneros o dedicados a la venta minorista de indumentaria tanto femenina como masculina.

Por aquellos años algunas de las calles del Barrio son transitadas por el tramway línea 89, de la Compañía de Tramways Anglo-Argentina Ltda., que hace el recorrido entre Flores y Plaza Italia. Su partida es en Nazca y Bacacay, luego Boyacá, Gaona, y ya en barrio de Villa Crespo, Añasco (Dr. Nicolás Repetto), Dúngenes (Luis Viale), Warnes, Canning, y luego Santa Fe hasta Plaza Italia.

Las vías de los tramways están emplazadas sobre un empedrado llamado comúnmente “macadam”, llamadas coloquialmente así en referencia al constructor de carreteras escocés John McAdam. El mayor inconveniente es que se produce el desgaste de las piedras en su parte superior lo que dificulta el caminar y el tránsito de carros además de hacer costoso su mantenimiento y el posible reemplazo del empedrado.

A pesar de que el tramway 89 atraviesa Canning, esta avenida no dispone de un buen alumbrado público. Sumado a que los comerciantes y sus familias habitan en la parte trasera del terreno donde se encuentran sus negocios hace que la arteria presente, por las noches, un aspecto lúgubre y de abandono. Ninguna luz queda prendida en los locales de venta. También debe considerarse que el alumbrado todavía es a gas, costoso para estas familias de trabajadores.

Con el advenimiento del alumbrado público eléctrico y luego con la llegada del pavimento a fines de la década de 1960, que facilita el tránsito, cambia su aspecto la avenida Canning.

 

 

Tramo de la Avenida con tiendas de lana


Con la llegada al barrio de las corrientes inmigratorias ya nombradas, van cambiando los propietarios y los rubros de los negocios.

Me centraré en la Av. Scalbrini Ortiz desde la altura del 800 hasta el 1000, desde Castillo hasta Rivera. Las familias siriolibanesas se abocan a los negocios de venta de lana. Agrego un nuevo listado que, espero nuevamente, no sea tedioso. En este caso me documento en el libro “Historia de Villa Crespo, pasado y presente del barrio” (1978) de Cayetano Francavilla. Allí consta que Dib Abuchedid tiene su negocio en Canning 835. Sin duda este Dib es pariente de Jorge Dib con su mercería en el 840 tal cual lo menciona la Guía Kraft en 1913.

El listado, como en el caso anterior, sigue siendo aleatorio: Tupib Sarquis en el 816, Chami y Caba en el 851, Zoght Hnos. en el 898, Attonche Hnos. en la esquina del 900, Alberto El Bis en el 932, Salim Helou en el 1027, Tomas Azar en 1036, entre otros. Entre estos otros hay negocios de venta de lana que se encuentran más dispersos en cuadras más cercanas a la Av. Corrientes.

En las décadas de 1970 y ´80 saben coexistir hilanderías, empresas mayoristas laneras con negocios de venta minorista de lana, los cuales dan cursos gratuitos de crochet y dos agujas. En esas décadas se concentran en pocas cuadras entre cincuenta y sesenta locales de venta de venta de lana.

Esos cursos de tejido gratuitos siempre son muy requeridos pues la persona que lo practica lo utiliza para realizar prendas para sí y para su familia y demás afectos así como terapia. Son muy apreciados y la pasión por el tejido se mantiene intacta.

En conversaciones recientes que mantuve con Salim Heluo en su local de Scalabrini Ortiz 1027, me comentó que el primero de la familia en establecerse en la zona fue un tío suyo en 1938 con el establecimiento Helou e Hijos en Canning al 600 para luego, en 1954, trasladar el negocio al 561 (local que Francavilla en su libro destaca como Helou Hnos). Ya desde 1969 los Helou se instalan en la numeración actual.

Enfatiza Salim que el lugar de encuentro entre sus colegas era en el Café ABC de Canning y Córdoba, allí conversaban sobre la marcha de los negocios, costos y precios pero también sobre temas de camaradería varía. Juntaban varias mesas y esos metros cuadrados se trasformaban en la sala de reuniones. En el establecimiento de una lanera ubicada en Scalbrini Ortiz y Gorriti sabían reunirse para almorzar y extender sus conversaciones. También tenían su reunión anual en la Costanera.

Hombre amable de conversación fluída, Salim recuerda que no hay nada escrito sobre los gustos y colores. Rememora que en la década de 1970, cuando en estas mismas calles coexistían con éxito de ventas más de cincuenta locales de venta de lana, se mandó a teñir, a la tintorería industrial, lana con un gris de determinado tono más bien claro, el resultado final fue un gris muy oscuro pero, cosas del agrado y la moda fue el más vendido en esa temporada.

En las acotaciones que me transmitió Salim Helou es que gustaba asistir al Cine Gran Córdoba ubicado hace décadas atrás en Córdoba 4633 (entre Canning y Malabia, vereda de Palermo). También me comentó que cierta vez vio al gran Aníbal Troilo esperando el colectivo en Canning y Córdoba, quizá, acoto yo, habría asistido al ABC. Este Café disponía de sótano donde coexistían billares y cuadriláteros para práctica de boxeo, recuerda Salim. Asimismo evoca el paso de los tranvías por mitad de la avenida y la garita del policía dirigiendo el tránsito.

Ayeres y hoy de aquella Circunscripción 15ª

Cada ciudad, cada barrio, cada calle, cada lugar, tiene su historia, su encanto. No lo dejemos pasar, sepámoslo apreciar.

 

 Por Eduardo Horacio Bolan

eduardobolan@gmail.com


 

 

 

EL HUECO DE LOYOLA

 

EL HUECO DE LOYOLA

 

   Por Eduardo Horacio Bolan

 

Los conquistadores españoles dejaron su impronta en suelo argentino y americano. Villa Crespo recuerda a muchos de ellos y no podía faltar Martín García Oñez de Loyola, quien, siendo Capitán General y Gobernador de Chile enviara una expedición para fundar la ciudad San Luis de la Punta.

 

Paraje pampeano

Ya desde antes de los tiempos de la construcción del Mirador de Comastri (1870-1875) la zona que comprendería la futura calle Loyola era visitada por los muchachos estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires (establecimiento educativo fundado por los jesuitas en 1863 con sede en la calle Bolívar 263, barrio de Monserrat). Esa zona, con escasos pobladores que cultivaban y habitaban en chacritas (más pequeñas que chacras) era el lugar de recreo veraniego para sus estudiantes, conocida como chacarita de los colegiales ocupaba parte de los actuales barrios de Chacarita y Colegiales.

Ya antes de estas visitas escolares veraniegas (que tan bien fueran narradas por el escritor y político Miguel Cané siendo estudiante del Colegio entre 1863 y 1868) este paisaje pampeano había querido ser un poblado.

El entonces presidente Bernardino Rivadavia (1826/27) impulsó la fundación de un poblado que sería colonizado por familias alemanas. El proyecto consistía en la construcción de un pueblo, que recibió el nombre Chorroarín, y que ocuparía el terreno de esas chacritas. Era un proyecto muy amplio. Se instalaron algunas familias pero pronto la iniciativa fue dejada de lado, con la renuncia de Rivadavia mediante, y se frustró.

Un nuevo intento de colonizar estas tierras fue en 1833, siendo Juan Ramón Balcarce el gobernador de la provincia Buenos Aires, cuando se intentó que fueran ocupadas por familias de colonos llegados de las islas Canarias. Tampoco prosperó.

Es por eso que hacia 1870 con la compra de terrenos por parte del inmigrante italiano Agustín Rafael Comastri todavía se encontraba casi despoblada esta zona.

 

El Hueco y el Mirador

Comastri llega a Buenos Aires en 1860 y al año siguiente se casa con Clementina Cataldi, luego vendrán diez hijos. 

Por esos años, lo que será la actual calle Loyola, es sitio de encuentro de hombres a caballo para desafiarse a competir en cuadreras, esas carreras cortas donde cada uno exige a su “pingo” criollo para ganar la apuesta. Son carreras de una “cuadra” que por aquellos años todavía tiene la medida colonial de 129 metros (acaso las llamadas cuadras de campo). Se levanta mucho polvo en esas cuadreras con caballos “parejeros” preparados especialmente para correr carreras de pocos metros. “Parejero” porque disputan en “yunta”, en pareja, dos centauros que se juegan “a todo o nada”.

También este sitio es utilizado para domar potros. Con los años será paraje para domar a los de tiro que luego serán utilizados para la labranza de la tierra.

Comastri y su familia se proponen afincarse en el lugar, primero construyen y habitan un rancho precario para vivir. Años después contratan al arquitecto Biagini y, al modo de las viviendas campestres italianas, levantan su residencia con la particularidad de añadirle un gran reloj, una lámpara que hacía de faro y un mirador con pararrayos. Sin duda una residencia imponente para la época.

También Comastri encarga construir hacia abajo, no solo sótanos que son utilizados como bordalesas para mantener fresco el vino que producen y consumen sino también túneles, que muchos aseguran que algunos llegan al Arroyo Maldonado, aunque no se sabe con exactitud lo aprovechable de los mismos.

Comastri promueve a que varios de sus compatriotas se afinquen en sus tierras, que comprenden desde las actuales Corrientes hasta Córdoba y desde Dorrego hasta Serrano.

En nuestros días la edificación con el famoso Mirador se mantiene en la actual manzana compuesta de las calles Fitz Roy, Aguirre, Bonpland y Loyola.

La calle Loyola, de ser zona campestre con bañados, pasa a tener nombre aunque con números y letras que la identifican, 67 E. Es a partir de la década de 1880 cuando se comienza a fraccionar el terreno.

Con la nomenclatura del año 1893 es denominada Loyola. Ya como parte integrante de la Ciudad de Buenos Aires la Compañía Nacional de Seguros “La Inmobiliaria” remata,  sin base y a pagar en dos años, estos terrenos.

 

Martín García Oñez de Loyola

La calle Loyola recibe su nombre por el conquistador español Martín García Oñez de Loyola, sobrino de Ignacio de Loyola, quien fuera éste en sus comienzos militar y luego devoto religioso y fundador de la Compañía de Jesús.

Martín García Oñez luego de iniciarse en la carrera de las armas en España es enviado a Perú en 1568. Allí enfrenta y somete una sublevación de los incas.

En 1592 es nombrado Capitán General y Gobernador de Chile por Felipe II, Rey de (la actual) España. Su importancia para la historia argentina es que, para afianzar estratégicas posiciones españolas, envía una expedición que funda la actual ciudad de San Luis, capital de la provincia argentina del mismo nombre.

La fundación de esta ciudad tiene su historia y no es muy clara ya que tiene dos fundaciones. Hace centurias atrás se creía que fue el mismísimo Loyola que había comandado la expedición y fundara la ciudad. Es el historiador Enrique Udaondo (1880-1862) que aclara el panorama. Loyola no encabeza ni funda la ciudad sino que da la orden para que la llevaran a cabo. El encargado de ejecutar el mandato es el teniente corregidor de Cuyo Luis Jufré de Loaiza y Meneses en 1594. Jufré le da el nombre de San Luis de Loyola Nueva Medina de Rioseco. Desglosemos el por qué de un nombre tan largo. “San Luis” por el rey de Francia (que fuera hijo de la infanta castellana Blanca de Castilla y primo hermano del rey castellano Fernando III el Santo –todo muy de Castilla y León de donde era oriundo Jufré-), “de Loyola” por el Capitán General y Gobernador de Chile y “Nueva Medina de Rioseco” por ser el lugar de nacimiento de sus padres (de Jufré).

Al poco tiempo es abandonada por las continuas inundaciones que se suceden en el asentamiento.

Al cabo de dos años Jufré la refunda en un terreno muy cercano a la primera. La Ciudad de San Luis ha tenido varios emplazamientos a través de su historia y también se la ha conocido con otras denominaciones tales como “La Punta de San Luis de Loyola” y “San Luis de la Punta de los Venados Nueva Medina del Río Seco”

Loyola, con esta fundación, intenta dar forma a un camino seguro que conecte a Chile con Buenos Aires, es por eso que se considera a Loyola no solo como un simple conquistador deseoso de gloria militar sino también como un visionario estratega.

En ese orden de pensamiento y acción es cuando decide una expedición más al sur dentro de su gobernación y enfrenta nuevamente a los araucanos.

Los conquistadores llaman araucanos a los aborígenes del actual suelo chileno ya que así los llaman los incas en su lengua quechua, mientras que ellos mismos (los aborígenes de la región central y sur del actual Chile) en su lengua se denominan mapuches (“gente de la tierra”).

En su incursión Loyola es derrotado completamente y lanceado repetidamente. Se le corta la cabeza y se la exhibe como triunfo. Se conoce su destino ya que del exiguo ejército de los conquistadores (apenas un centenar) solo sobrevive un clérigo y un soldado, el cual permanece vivo a pesar de haber recibido más de veinte heridas. El cráneo de Loyola es devuelto a las autoridades españolas en una de las tantas paces que concretan los mapuches con los españoles.

Loyola deja descendencia, una hija, nacida de su matrimonio con una princesa inca.

 

Calle Loyola

Resultado de la Comisión de 1892, integrada entre otros por Manuel Augusto Montes de Oca, se prepara el Informe que es presentado ante la Comisión de Obras Públicas. De allí surgen, al año siguiente, nuevos nombres para aquellas arterias que solo eran conocidas por números y letras. Loyola es una de esas calles.

Se origina en Estado de Israel y concluye su trazado en Dorrego.

En la esquina de Loyola y Scalabrini Ortiz se encuentra grabado el año  en el cual recibe su denominación: 1893



En otra de sus esquinas, Loyola y Serrano, se conserva un edificio de tres plantas que en el siglo XX supo ser la vivienda y atelier del artista plástico Antonio Alice. Innumerables obras llevan su arte y su firma pero, quizá, la más popular, por lo que representa y dónde está expuesta, es “Los Constituyentes de 1853”, que puede apreciarse en su magnificencia en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados de la Nación.


La “casa de Alice” fue la primera en el barrio de Villa Crespo que ostentara tres pisos. En el tercero es donde Antonio Alice tenía su atelier y en el cual  inmortalizara a los congresistas.

La Comisaría 29º supo estar décadas atrás en Loyola al 1400, entre Fitz Roy y Bonpland, frente al Mirador de Comastri, que actualmente se encuentra comprendido dentro del predio de la Escuela Técnica Nº 34 D.E. 9 “Ingeniero Enrique Martín Hermitte”.

Hasta la década de 1940, vecinos audaces, especialmente muchachos, se aventuraban por los túneles construídos durante la época de Comastri. Seguían algunos metros hasta donde se lo permitía el espacio porque ya el techo se había derrumbado y les impedía continuar en sus andanzas.

 Por Eduardo Horacio Bolan


 eduardobolan@gmail.com