Mostrando entradas con la etiqueta Avenida Warnes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Avenida Warnes. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de junio de 2021

IGNACIO WARNES

 

IGNACIO WARNES

 Por Eduardo Horacio Bolan

Warnes es mucho más que el nombre de una avenida. Recuerda el apellido de un héroe de la Independencia. Hoy, este apellido, tiene presencia en Villa Crespo.

 

Busto realizado por el artista Miguel Warnes

Una familia en el Buenos Aires prerevolucionario

Como era costumbre en esa época, dentro de una familia con cierta holgura económica, al recién nacido lo denominaron con tres nombres y dos apellidos: Ignacio José Javier Warnes García de Zúñiga.

Ignacio nació el 27 de noviembre de 1770 (hay historiadores que plantean fechas diferentes) poco antes de instaurarse el Virreinato del Río de la Plata (1776)

Ya tenía un hermano mayor, Manuel José, también criollo.

Luego vendrían Manuela, Martina y Martín José.

El padre de estos hermanos era un comerciante español Manuel Antonio José Warnes, con orígenes familiares irlandeses, afincado en Buenos Aires que había contraído segundas nupcias con la criolla porteña Ana Jacoba García de Zúñiga.

 

Años turbulentos

El padre Manuel Antonio fue nombrado Alcalde del Cabildo de Buenos Aires en dos oportunidades.

Dos de los hermanos varones, Ignacio y Martín, siguiendo el mandato familiar, tomaron como camino la carrera militar. El mayor (Manuel), seguramente también siguiendo el mandato familiar, tomó los hábitos y se doctoró en teología.

Las hermanas mujeres se casaron con militares.

Manuela Josefa con el general chileno José Joaquín Prieto, que llegaría a ser dos veces Presidente de Chile.

Martina Josefa Celestina contrajo nupcias con el marino español Baltasar Unquera, destacado combatiente en las Invasiones Inglesas.

En 1810, con el estallido de la Revolución, la familia abrazó la causa patriota.

Ana Jacoba García de Zúñiga se encuentra dentro de las catorce mujeres porteñas, en el listado del 30 de mayo de 1812, que donaron dinero (entregó cincuenta pesos fuertes y su hija Martina un anteojo de gran valor) para la compra de armamento para la causa emancipadora. En esa lista de damas de la sociedad también se encuentran entre otras: Tomasa de la Quintana, María Sánchez de Thompson y María de los Remedios de Escalada. No solo en Buenos Aires las mujeres realizaron donaciones sino en todo el territorio de lo que en la actualidad es la República Argentina y no solo dinero, sino todo tipo de pertenencias, también su tiempo y su vida. En nuestra historia nacional se las recuerda como Patricias Argentinas.

Además de dinero, Ana García de Zúñiga Warnes, también debió ceder a la Patria naciente a sus cinco hijos. Cada uno de ellos tuvo un destino diferente; en el que nos ocupa, trágico aunque con gloria.

 

Caminos militares y del Señor

Martín  José, el más joven de los cinco hermanos (nace en 1786) después de su aprendizaje como guardiamarina en Cádiz participa combatiendo contra Napoleón en su invasión a España, aunque no hay registros que haya peleado en la batalla de Trafalgar como algunos historiadores sostienen. Cae prisionero de los franceses y con el tiempo logra fugarse. En 1816 renuncia a su juramento a la corona española y viaja a su Buenos Aires natal para adherir a la causa emancipadora. A su llegada, José de San Martín lo solicita a las autoridades porteñas para que se incorpore al Ejercito de los Andes. Allí lo destinan, y combate junto a San Martín en Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Desde Valparaíso acompaña a San Martín al Perú.

El sacerdote es trasladado al presbiterado de la Catedral de Córdoba y luego pasa a desempeñarse en el curato de San Nicolás de los Arroyos. En esa función, en 1811, es acusado de no simpatizar con la causa patriota y es separado. Los cargos presentados contra el Padre Manuel Warnes no son muy claros ni contundentes. El sacerdote Warnes debe recurrir a Manuel Belgrano para que interceda a su favor. De esta manera es restituído en el curato. En 1815 se traslada a la parroquia de San José de Flores (recordemos que esta parroquia junto a la de Belgrano serían incorporadas a la Ciudad de Buenos Aires en 1880  con la Ley de Capitalización).

 

IGNACIO WARNES

De los hermanos Warnes, dejando de lado al sacerdote Manuel, es el único que no pudo disfrutar de una relación amorosa estable, algo parecida a lo vivido por Manuel Belgrano, su jefe, su compañero y amigo.

Algunos historiadores aseguran, aunque no todos, que tuvo una hija con Micaela Montero Vaca a la cual llamaron Manuela Antonia. Ambas, madre e hija, conocieron el desamparo y hasta la cárcel luego de la muerte en batalla de Ignacio.

Su carrera militar estuvo signada por el sacrificio con gloria. En octubre de 1791 ya es cadete en el Regimiento de Infantería de Buenos Aires. Pasa a la Banda Oriental y obtiene en 1795 el cargo de Subteniente y alférez de Caballería en los Blandengues de Montevideo, creado para luchar contra el bandidaje, para defender la frontera lindante con los portugueses y bandeirantes y para combatir el contrabando. En 1803 ya es Teniente de Caballería. Participa en las Invasiones Inglesas.

En junio de 1809, en plena efervescencia prerevolucionaria, solicita el retiro del ejército Real de la Corona española, aduce hemoptisis (expulsión de sangre al toser o en las flemas).

La suerte está marcada, adhiere a la incipiente Revolución que ya está en la mente de los patriotas.

El entonces Coronel Manuel Belgrano lo incorpora a su expedición al Paraguay (setiembre 1810). Allí lo acompaña en el combate de Campichuelo y en las derrotas de Paraguarí y Tacuarí, donde, quizá, escuchó el redoble del tambor del niño Pedro Ríos (el Tambor de Tacuarí).

Warnes es tomado prisionero. Al ser liberado es reclamado nuevamente por Belgrano para su expedición al Norte, en la llamada Segunda Campaña Auxiliadora al Alto Perú (1812). Warnes ya es Teniente Coronel y Belgrano General. Interviene en las victorias de las batallas de Tucumán y Salta. Por su actuación es ascendido al grado de Coronel de infantería y Belgrano lo nombra su Ayudante. Luego vinieron las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (con la valerosa actuación del grupo de mujeres recordadas como las “Niñas de Ayohuma”).

Ante la retirada del ejército emancipador, Belgrano destaca a Ignacio Warnes a Santa Cruz de la Sierra (actualmente ciudad perteneciente a Bolivia) como Gobernador Intendente.

En Santa Cruz de la Sierra, Warnes, reorganiza sus tropas y trabaja él mismo en los talleres que había instalado para fabricar armamento y municiones. Luego de un revés militar da batalla a los realistas en La Florida. Con gran habilidad militar, Warnes junto a Juan Antonio Álvarez de Arenales y el cruceño José Manuel Mercado (el Colorao) derrotan a las tropas de la Corona.

Retrato de Ignacio Warnes (autor anónimo)
         No ha quedado registro certero ni del rostro ni de la contextura física de Ignacio Warnes

Esta gesta sirve de alivio a las autoridades de las Provincias  del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires, ya que detuvo el avance que estaban preparando los realistas.

La batalla de La Florida se da el 25 de mayo de 1814, fecha emblemática para la emancipación americana ya que recordaba al levantamiento popular contra la Corona española en 1809 en Chuquisaca (hoy ciudad Sucre, Bolivia) y a la Revolución del 25 de Mayo de 1810 en Buenos Aires.

 

Particularidades de combatientes (no por haber nacido en…)

Como muchos nacidos en España adhirieron a los ideales emancipadores, otros, nacidos en América empuñaron las armas a favor de la Corona española.

En el primer caso se puede mencionar a Juan Antonio Álvarez de Arenales. Nacido en Reinoso (Burgos), España, al llegar a costas americanas adhirió al movimiento independentista. Peleó en Perú bajo las órdenes de José de San Martín y hasta se dice, no hay documentos que lo avalen, intentó infructuosamente que San Martín y Simón Bolívar llegaran a un entendimiento antes de la llamada Entrevista de Guayaquil (1822). Llegó a ser gobernador de Salta y un nieto suyo, José Evaristo Uriburu, alcanzó el grado de Presidente de la República Argentina (1895-1898)

En el sector opuesto, los criollos que pelearon bravamente a favor del Rey, se encuentra José Manuel de Goyeneche y Barreda. Había nacido en Arequipa, Perú, aunque educado en la península. Combatió con éxito contra los patriotas en la batalla de Huaqui (1811).

 

La batalla de El Pari

Al poco tiempo de la victoria de La Florida, Warnes vuelve a derrotar a los realistas en Santa Bárbara (1815).

El ejército de la Corona se reagrupa, no da tregua, la orden es eliminar al “formidable Warnes” y recuperar Santa Cruz de la Sierra para el Rey.

El 21 de noviembre de 1816 se da un nuevo encuentro bélico, que será el último de Ignacio Warnes. En total son tres mil combatientes, 1.200 son patriotas. La lucha se vuelve feroz, se combate cuerpo a cuerpo sin respiro. La orden debe cumplirse.

Warnes, como es su costumbre, se encuentra al frente de sus soldados y hace propia la arenga que siempre les imparte antes de cada contienda: “A vencer o morir con gloria. Viva la Patria”. Una bala lo hiere en una pierna, una bala de cañón impacta en su caballo, sobre el cual está montado sable en mano. No puede moverse, su caballo lo oprime. Es la oportunidad, arremeten contra él. Una bayoneta calada lo hiere en el pecho y recibe un disparo a quemaropa en la cabeza. La misión está cumplida. Le cercenan la cabeza y la exhiben como trofeo.

El ejército patriota, ya sin jefe, se desorienta. Los realistas recuperan Santa Cruz de la Sierra. De aquellos tres mil combatientes solo quedan en pie poco más de quinientos. Se señala que es la batalla más sangrienta de la Guerra de Independencia.

 

Informe de Belgrano y su dolor

El general Belgrano informa a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas sobre la muerte en acción del coronel Ignacio Warnes: “El parte que me da el oficial José Manuel Mercado (…) nos saca de la incertidumbre y perplejidad con respecto del coronel Ignacio Warnes. Me avisa que el 21 de noviembre del año último, al cerrarse la tarde, en acción sangrienta con el enemigo, arrojó aquel una bala de cañón y con ella la muerte al expresado coronel.” (Fechado 3 de julio de 1817).

A pesar de la certidumbre expresada por Belgrano, Buenos Aires no cree que todo terminó y a un año de los acontecimientos de El Pari, Matías de Irigoyen, de destacada actuación en la Revolución de Mayo, le contesta por carta a Doña Ana García de Zúñiga y Warnes ante un pedido de la madre de Ignacio: “Aunque las noticias dadas por algunos emigrados (…) anuncian el fallecimiento del Coronel Don Ignacio Warnes, nada se sabe oficialmente y de modo positivo.” (Fechado 19 de noviembre de 1817)

Es Manuel Belgrano el encargado de terminar con un estado de  angustia y desconcierto de una madre para dar paso a la angustia de la realidad: “Muy señora mía: dudé mucho tiempo de la suerte de nuestro Ignacio y hasta que por conducto fidedigno no supe la gloria con que cubrió su carrera no quería creer que Ud. y la Patria hubiesen perdido un hijo tan digno y yo un verdadero amigo.” (Carta a Doña Ana García de Zúñiga y Warnes, fechada en Tucumán,  el  10 de enero de 1818).

 

Reconocimiento de la historiografía cruceña

Los habitantes de Santa Cruz de la Sierra y la historiografía cruceña han dado un lugar de privilegio a Ignacio Warnes. Siguiendo lo detallado por la historiadora Yngrid Vespa Adomeit (diplomada en Historia y Estudios del Oriente Boliviano –Universidad Privada de Santa Cruz-, Dama de Honor de la Academia Belgraniana de la República Argentina) sabemos la suerte que acompañó la cabeza separada del cuerpo del coronel Warnes:

“Mientras Ana Barba, con argucias distraía la atención del centinela, José Manuel Vaca “Cañoto” y Francisco Ribero, con un palo y un lienzo, rescataban la cabeza del héroe. Ana Barba la escondió como un tesoro hasta que se proclamó la libertad en Santa Cruz, en febrero de 1825.”

Desde 1920 en el mismo lugar donde se expuso la cabeza cercenada se alza una estatua en bronce de Ignacio Warnes.

 

El apellido Warnes en Villa Crespo

Además de la avenida que recuerda al héroe de la Independencia, el apellido Warnes está presente en el barrio de Villa Crespo por medio de un descendiente de aquella familia.

Miguel R. Warnes nació en San Miguel de Tucumán el 29 de setiembre de 1939. A sus veinticinco años decidió dar un salto en su vida y recaló en la Ciudad de Buenos Aires. Aquí decidió desarrollar con plena libertad lo poético, lo que sentía. Ese sentimiento lo llevó a potenciar su veta de artista plástico, de escritor, de poeta y también de americanista.

Para ganarse el pan diario dio rienda suelta a su vocación docente. Al mismo tiempo exponía su obra, tanto pictórica como escultórica.

Muchos son sus trabajos pero aquí quiero resaltar el busto que realizara en homenaje a Ignacio. No quedaron registros fidedignos de cómo era el héroe y mucho menos la expresión de su rostro. Si bien circula un óleo sobre tela de autor anónimo, Miguel Warnes creyó conveniente realizar su propia obra donde combinara fisonomía con personalidad, encuadrado dentro de los ideales patrióticos, tales como predisposición y temple. En el año 2002 el busto de Ignacio, realizado por Miguel Warnes, fue develado en la plaza Bolivia (Av. del libertador y Olleros, Ciudad de Buenos Aires).

Miguel R. Warnes, desde 1979, vive y desarrolla su arte en Villa Crespo, es nuestro vecino.


eduardobolan@gmail.com

 

 

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

TIEMPO ATRÁS, POR EL CAMINO DE MORENO

 

              TIEMPO ATRÁS, POR EL CAMINO DE MORENO

 

Antes que el barrio de Villa Crespo sea así llamado por los rematadores de lotes, un camino de barro fue una de las vías para trasladar a los muertos a su última morada.

 

CAMINO DE MORENO

La actual Av. Warnes (denominada así por Ordenanza de 1893) en la década de 1870  era un sendero de barro conocido como el Camino de Moreno. Pocos pobladores moraban en las residencias veraniegas de recreo propiedad de familias porteñas y en las viviendas precarias con quintas habitadas por criollos e inmigrantes italianos.

Este camino era así conocido porque se encontraba en la propiedad de Pedro Moreno, próxima  a las de  la familia Antezana, a la quinta de los Balcarce, a la del Ministro inglés Henry Southern, entre otras.

Esta vía era transitada por carretas tiradas por bueyes que llevaban verduras y hortalizas al casco céntrico porteño. Un paisaje campestre, así era la vista que se ofrecía a los posibles visitantes décadas antes que se conociera esta zona como Parroquia de San Bernardo o como la denominaran los rematadores de lotes, la Villa de Crespo.

El de Moreno era uno de los pasos obligados para dirigirse a las “chacritas de los colegiales” ya que a la altura de Thames se había construido un puente para cruzar el Arroyo Maldonado.

 

FIEBRE AMARILLA DE 1871

Al concluir la Guerra de la Triple Alianza o Guerra del Paraguay (1864-1870 entre, por un lado, Brasil, Argentina y Uruguay y por el otro Paraguay) los soldados argentinos vuelven a sus lugares de residencia: Corrientes y Buenos Aires.

Esta guerra los brasileños la recuerdan bajo el nombre de Guerra do Paraguai y los paraguayos Guerra Grande, o Guerra contra la Triple Alianza o Guerra Guasú.

Muchos combatientes regresan a sus hogares portando la enfermedad de la fiebre amarilla, producida por la picadura del mosquito hembra infectada aedes aegypti (el cual también es transmisor de dengue, zika y chikunguya).

Muy pronto el contagio es masivo en Buenos Aires ciudad, especialmente en los conventillos habitados, en general, por inmigrantes de múltiples nacionalidades diferentes.

La mortalidad en Buenos Aires aumenta cada día de ese año 1871. Se calcula que en esta ciudad las muertes ascendieron a 14.000 en total y más de 3.400 fallecidos fueron trasladados al cementerio de la Chacarita. Una de las vías para llegar era el Camino de Moreno.

En esos años el cementerio de la Chacarita estaba emplazado en lo que hoy es el Parque Los Andes.

 

LA PINTURA QUE REFLEJA EL DRAMA

La obra pictórica “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires” del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) nos muestra el drama que se vivía día a día, casa por casa, habitación por habitación.

               
                          “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires” del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes 


Esta tela al óleo presenta el instante en que el abogado José Roque Pérez, con el sombrero recién retirado de la cabeza, y el médico Manuel Gregorio Argerich, con el sombrero que ya descansa entre sus manos, observan a una mujer que yace muerta en el piso de la pieza. Ella lleva puesto un atuendo blanco y está descalza. Cerca de su mano derecha se encuentran una cuchara y una taza. Un bebé tiende sus manos al pecho izquierdo de la difunta como queriendo mamar.

Entre Roque Pérez y Argerich, en un plano posterior, se halla un hombre agachado que ve la escena con mirada desconcertada. Arriba de él, otro hombre también observa a la mujer muerta y tapa su nariz y boca con un pañuelo.

A la derecha del cuadro yace acostado un hombre muerto con el torso desnudo, cubierto hasta la cintura por una sábana y frazada. Arriba de él puede observarse en la oscuridad del cuarto una cruz cristiana.

A la izquierda de Argerich se observa a un jovencito con chaleco y con las manos en los bolsillos del pantalón. También se encuentra descalzo con los dedos del pie izquierdo sobre los del derecho y con su mirada perdida, quizá en una actitud de nerviosismo. Puede ser que sea el hijo mayor de esa mujer alcanzada por la muerte.

Juan Manuel Blanes realizó una representación del drama que sufrieron tantas miles de personas. Se basó en el parte policial confeccionado por el Comisario Lisandro Suárez, es por eso que se conocen los datos de la mujer. Su nombre era Ana Brisitiani y era de nacionalidad italiana. Se la encontró muerta el 17 de marzo de 1871 en Balcarce 384 (barrio de San Telmo).

El parte policial dice que en realidad la mujer se encontraba muerta sobre el colchón “con una criatura de pecho mamándole”. El marido de la mujer, en esa fecha, se encontraba “enfermo en la Boca del Riachuelo”.

Tal vez Blanes, en su obra, incorporó al marido en la escena o, como sugieren algunos críticos de arte, el autor quiso representar al Cristo tendido en la cama.

Tanto Roque Pérez como Argerich murieron de esa fiebre que asoló a Buenos Aires junto a otros diez médicos, dos practicantes y cinco farmacéuticos.

 

COCHES FÚNEBRES EN AV. WARNES

Por varios años más este Camino de Moreno fue escenario del lento transitar de coches fúnebres tirados por caballos, esta vez en 1887 con la epidemia del cólera.

Los carruajes llevando a los cadáveres y sus acompañantes partían de la esquina de Corrientes y Centro América (actual Av. Pueyrredón).

 

EL PASO DE LOS CARRUAJES FÚNEBRES POR WARNES EN LA LITERATURA

En la novela “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal se percibe el impacto de los vecinos ante la presencia de estos carros fúnebres portando cadáveres hacia su descanso eterno.

En el capítulo I del Libro Segundo nos dice  Marechal:

“-¡Ojo al entierro!

Adán había llegado a la calle Warnes, y como intentara el cruce debió retroceder precipitadamente. ¡Hurra! El cortejo avanzaba entre un ondear de penachos luctuosos y un repique de solemnes herraduras. Seis caballos negros, (…) tiraban del coche fúnebre. Detrás venía la carroza de las flores, palmas, coronas y cintas de color morado. Luego los cupés de los deudos con sus farolas enlutadas, y veinte más en fila, relampagueantes de charol.

Detenido en la esquina de Monte Egmont y Warnes, Adán leyó las dos letras de oro que relucían en el cortinado funeral de la carroza. R.F.”

 

eduardobolan@gmail.com

jueves, 29 de agosto de 2019

Av. WARNES o EL CAMINO DE MORENO

Av. WARNES o EL CAMINO DE MORENO
por Eduardo Horacio Bolan

Warnes, la avenida que nace ancha, luego se angosta y al tomar nuevos bríos en el Arroyo  Maldonado vuelve a ensancharse para seguir con su derrotero. A veces mano única, para el  tránsito, a veces doble mano.

AV. WARNES
Posee la particularidad que muy pocas avenidas y calles tienen:  las arterias que se le cruzan cambian su denominación, con una sola excepción.  Allá por 1853  Las quintas de lo que hoy es Villa Crespo ya figuran en el Plano confeccionado en 1853 por el  ingeniero francés Adolfo Sourdeaux (1819-1883) realizado a pedido del reciente gobierno  porteño instalado después de la batalla de Caseros.  Este plano topográfico nos presenta las quintas con sus cultivos, especialmente de verduras.  En ese paisaje carretas, caballos y otros medios de movilidad transitaban por el Camino de  Moreno (se le cambia la denominación por Warnes por Ordenanza de 1893).
Era ancho y  permitía viajes de ida hacia el noroeste, no solo a las chacritas de la actual Chacarita sino  también llegar al cementerio de la zona y, su doble vía, facultaba el regreso con la cosecha de  las quintas rumbo al casco histórico.
Tenía la particularidad de poseer un puente para cruzar el  Arroyo Maldonado (lo que hoy es el cruce de las avenidas Warnes y Juan B. Justo). Esas tierras  eran propiedad de don Pedro Moreno, de ahí el nombre del camino y del puente. Este  chacarero hizo valer el punto estratégico de su propiedad y firmó un convenio con el Gobierno  de Buenos Aires para cobrar peaje a cambio de mantener el camino y el puente en buen  estado para facilitar su circulación. 



¿QUIÉN FUE WARNES?  
Ignacio José Javier Warnes (1770-1816) inició su carrera militar en 1791 y supo destacar su  coraje enfrentando las Invasiones Inglesas (1806-1807). En 1810 adhiere sin dilación a la  Revolución de Mayo. El general Manuel Belgrano lo convoca a la expedición al Paraguay (1810-  1811). Acompaña a Belgrano en las batallas de Salta y Tucumán. También está junto a  Belgrano en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (1813). 
Belgrano le confiere su total confianza y lo nombre Gobernador Intendente en Santa Cruz de la  Sierra (hoy Bolivia). Allí Warnes organiza un ejército para enfrentar, con victorias y reveses, a  los realistas. 
El 21 de noviembre de 1816, en defensa de la reciente Declaración de Independencia, da  batalla en la llanura de Pari al ejército realista. Es herido es una pierna y su caballo derribado,  ya en tierra es atravesado por una bayoneta y ultimado por un pistoletazo en la cabeza. 
Fiel al destino de los jefes, por aquellas épocas, su cabeza es cercenada, puesta en una pica y  exhibida en la plaza de la ciudad. Hoy, una localidad en Santa Cruz de la Sierra lleva el nombre  de Warnes y una estatua lo recuerda en esa misma plaza donde estuvo expuesta su cabeza. 
El destino, ayudado por los intendentes y jefes de gobiernos de la Ciudad que firman la  denominación de las arterias, ha querido que se crucen por siempre Warnes y Batalla del Pari  (hasta que algún desinformado les cambie su nombre) a pocos metros del puente de Moreno. 


DE CEMENTERIO DE REPUESTOS A NEGOCIOS DE AUTOPARTES  
Algunos tramos de nuestra avenida se caracterizan por ser lugar de asistencia de compradores  de repuestos y accesorios para automóviles.  Hacia la década de 1920 en sectores con terrenos baldíos cercanos a Warnes, hacia el barrio de  La Paternal, comenzaron a encontrarse autos abandonados, seguramente producto de robos.  Aprovechando la situación comenzaron su accionar los “desarmaderos”.   
A comienzos del ´30 se instalan negocios que comercializan los repuestos de automóviles. El  auge fue en la década del ´40 (segunda guerra mundial). El problema siempre fue el origen  legal o ilícito de esas piezas. 
En los ´80, con mayor control sobre la procedencia de las piezas, comienza la transición hacia  vender accesorios originales para automóviles. 

PARTICULARIDADES  
La Av. Warnes comparte con muy pocas arterias la peculiaridad que por su recorrido las calles  que se le cruzan cambian su nombre. Participan también de esta característica la Av. Rivadavia,  la calle Río de Janeiro, Av. La Plata… y dejo al posible lector completar el listado. 
No solo cambian su denominación sino que además esas arterias comienzan su numeración en  nuestra avenida. La excepción está dada por la Av. Juan B. Justo que logra atravesarla sin variar  su nombre ni alterar su numeración. 
El escritor Leopoldo Marechal en su novela “Adán Buenosayres” (que transcurre en algún año  de “octubre de 192…”) encuentra que cruzar nuestra arteria es algo especial. Intuyo que el  joven Leopoldo, al salir de su hogar en Monte Egmont 280 (actual Tres Arroyos) y cruzar  Warnes para ir a trabajar como bibliotecario en la Biblioteca Popular Alberdi por aquel  entonces ubicada en Acevedo 373 (en 1921 se muda a Camargo 570) habrá “sentido” que  atravesaba una vía especial. 
Sabedor Marechal que por allí transitaban los coches fúnebres con rumbo al Cementerio hace  decir al narrador de la novela: “Detenido en la esquina de Monte Egmont y Warnes” en ese  lugar donde “Adán había llegado a la calle Warnes y como intentara el cruce debió retroceder  (…) El cortejo avanzaba (…) Seis caballos negros (…) tiraban del coche fúnebre (…) Detrás venía  la carroza de las flores, palmas, coronas (…)”. 
Más aun: “Pero bien sabía él que, apenas cruzara la de Warnes, entraría en un universo de  criaturas agitadas, en aquel otro sector de la calle se habían citado al parecer todas las gentes  de la tierra (…)”  Pero también hay lugar para olores que embelesan “(…) el negocio del turco Abdalla,  perfumista de la calle Warnes.” 

Warnes, como todo lugar en Villa Crespo (y cada lugar en el mundo) tuvo y tiene vida propia.



eduardobolan@gmail.com