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sábado, 2 de octubre de 2021

RAÚL SOLDI, HACEDOR DE ARTE

 

RAÚL SOLDI, HACEDOR DE ARTE

por Eduardo Horacio Bolan


Aclaraciones previas

En sus casi noventa años de existencia (27 de marzo de 1905 - 21 de abril 1994) la vida y obra de Raúl Soldi está bien documentada, en especial desde que emerge como artista reconocido a nivel nacional y mundial.

En sus primeros años de vida me centro en la carta que le enviara especialmente a Cayetano Francavilla, médico de profesión e historiador del barrio de Villa Crespo, para que sea incorporada a su libro “Historia de Villa Crespo, pasado y presente del barrio” (1978). En ese escrito Soldi varía lo dicho en algunas notas a modo de autobiografía que escribiera, en lo referente a su llegada a Villa Crespo.

No intento hacer, en mi presente trabajo, una completa biografía sobre este gran pintor, sino un acercamiento, en especial, sobre sus primeras dos décadas de existencia física.

 

1905, su nacimiento

En un caserón ubicado en la calle Cuyo (desde 1911 denominada Sarmiento) al 1600, cerca del primer Teatro Politeama, el 27 de marzo de 1905 nace Raúl. El recién nacido es hijo del matrimonio de inmigrantes italianos conformado por Ángel Soldi y Celestina Guglielmino.

A principios del siglo XX este antiguo y primer Teatro Politeama se encontraba ubicado en la por entonces Corrientes angosta (y todavía sin Obelisco) al 1400, casi esquina Paraná. El Teatro Politeama, con su triste historia de construcciones y demoliciones varias, había sido inaugurado en 1879 por el expresidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento. Además de representaciones teatrales también se realizaban bailes. Los más famosos eran los que organizaban los estudiantes de medicina, es por eso que muchos lo conocían como “del Internado”. Este nombre le era dado pues esos futuros médicos ya se encontraban en la etapa última de su carrera (pregrado) y por lo tanto debían fortalecer su formación profesional y poner en práctica sus aptitudes y, sobre todo, sus actitudes adquiridas, realizar así la fase de procedimiento de atención a los enfermos internados en hospitales.

La familia de Raúl poseía una vocación artística muy marcada. Ángel, el padre, era violonchelista y además solía actuar en diferentes papeles en representaciones de óperas. Había nacido en la ciudad de Cremona (región de Lombardía), muy famosa por ser la metrópoli de reconocidos artesanos de instrumentos de cuerda frotada y pulsada, uno de ellos fue la familia Stradivari (considerados como uno de los mejores artífices en producir este tipo de aparatos). Un hermano de Ángel era, precisamente, luthier. Los Soldi decían ser primos de los Stradivari.

Celestina, su madre, compartía junto a su esposo el gusto por las óperas. Su lugar de nacimiento fue en Pinceto, en la región de Liguri cuya ciudad capital es Génova.

Recibió el nombre de Raúl en honor al personaje de Raoul de Nangis, uno de los protagonistas de la ópera “Los hugonotes”, con música de Giacomo Meyerbeer, estrenada en París en 1836. En sí, la obra es un drama por donde se la mire, con conflictos religiosos entre católicos y protestantes, entre amores contrariados y entre  padres y su hija (ella, enamorada, precisamente, de Raoul).

Ya antes de la edad escolar de Raúl, su padre lo lleva a los ensayos en teatros cercanos a su hogar. En escritos autobiográficos recuerda el escenario, las luces y las sombras, tan determinantes en el teatro.

Todo hacía prever, y estimaba su familia, que su futuro artístico sería el llegar a ser cantante lírico.

 

 
Madre y padre de Raúl Soldi



Raúl Soldi con su padre

Primeros años

Aquí es donde los recuerdos de Raúl Soldi difieren, aunque presenta cierta lógica. En sus textos autobiográficos asegura que llega al barrio de Villa Crespo con los quince años cumplidos. En cambio, en la nota que le enviara al villacrespense Francavilla para ser incorporada al mencionado libro, dice: “Me parece que desde 1909 hasta los veinte años viví en la calle Gurruchaga 576, entre Triunvirato (actualmente Av. Corrientes) y Vera”. Todo hace suponer que la familia no se mudara, al incipiente Villa Crespo, en forma definitiva hacia 1909.

Lo que sí está confirmado es que su padre, italiano emprendedor, compra un amplio terreno alejado de las luces del centro. Allá, pasando la Av. Pueyrredón y todavía más allá, pasando Chubut (Av. Ángel Gallardo), donde Corrientes comenzaba a llamarse Triunvirato.

Su padre edifica una casa con una sala con dos ventanas que da a la calle. Lógicamente no falta el zaguán. A esto le agrega dos habitaciones y una cocina. Lo construído no era para la familia Soldi sino para alquilar. Su padre sigue con la obra edilicia en los fondos del terreno con dos habitaciones más, en este caso de madera. Aquí sí, vivirá con su familia.

Los espacios más cercanos a la calle se alquilan, la sala a un sastre y las habitaciones a un guarda de tranvía sefardí, según rememora Raúl.

En los fondos del amplio terreno Raúl recuerda la presencia de una planta de parra de uvas “chinches”. De esas uvas su madre, en diversas oportunidades, quiere hacer vino y “se resignaba diciendo que le había salido un excelente vinagre”.

En ese, su propio descampado, este niño pinta, hace experimentos con pilas eléctricas caseras, hace los deberes escolares, construye marionetas para dar espectáculos a sus compañeros. “Era el lugar de mis sueños”.

“La escuela primaria la pasé en una escuela ubicada en la calle Padilla, frente a la curtiembre La Federal”. Allí asiste al primer grado inferior, primero superior y segundo grado.

En esos primeros diez años del siglo XX la población escolar se duplica, el 70 % de los niños entre 6 a 13 años asiste a clases.

Raúl rememora que crece de forma importante en estatura y le da vergüenza las burlas de sus compañeros. Le dice a su madre que quiere dar libres muchos grados “para poner mi estatura a la altura del grado”.

Como su hermana mayor, Amelia, imparte clases de piano y solfeo, concurre a la casa de los Soldi la maestra Ada Sacchetti de Villanueva. La madre de Raúl conversa con Ada y le solicita que lo prepare para dar libre varios grados. De esta manera  comienza a estudiar como “loco” en “una escuelita que tenía Ada de Villanueva en una sala en la calle Frías”. Se prepara y en un año da los exámenes y aprueba tercero, cuarto y quinto grado libre. Esto le permite, al año siguiente “entrar en sexto en la misma escuela de Padilla”.

Lo dicho por Raúl hace suponer que en Villa Crespo no se mudaron en forma definitiva en 1909, sino que lo harían en años posteriores y es cuando comienza su vida escolar y de ahí las burlas de sus compañeros de clase por su estatura, él más grande de edad y altura corporal y ellos menores.

Además de esos años escolares Raúl recuerda el recitado que realizara en el Club Social de San Bernardo de un poema en homenaje al Día de la Madre. En ese mismo local interviene en una obra cuya autora es Ada de Villanueva. Allí representa a Alemania y personifica, en algún año que no recuerda con exactitud pero sí durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), al Kaiser. Al personaje de Italia lo encarna, José Lucio Bonomi. Este italiano que ingresa al país en 1906 con tres años de edad llega a ser, entre muchos trabajos más, ilustrador y diagramador del diario porteño “La Prensa” e ilustrador de más de trescientas tapas de la colección “El Séptimo Círculo”, dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

También recuerda Raúl que “cazaba pajaritos en el arroyo Maldonado”, “los corsos que se hacían en la calle Triunvirato”, “mi padre a veces cantaba en el Circo Teatro  Alhambra que estaba en Triunvirato entre Gurruchaga y Serrano”, “para las Navidades poníamos la mesa en la calle y nos intercambiábamos nueces y pan dulce con los vecinos”.

En las conversaciones que el autor de este artículo mantuvo durante años con Ben Molar, también vecino de Villa Crespo en su niñez, el creador y hacedor de la obra en disco LP “Los catorce con el tango” gustaba recordar que él repartía programas, a la gente que caminaba por la calle, del cinema “Villa Crespo” para entrar gratis a ver películas en ese cine. No solo a mí le gustaba contar esa anécdota sino que en cierta reunión en el hall de ese mismo cine muchas décadas después de repartir los programas, la volvió a relatar a los concurrentes. Es entonces, me dice Ben Molar, que “ahí salta alguien y dice “¡ah, no! ¿Sabés lo que hacía yo para entrar gratis? baldeaba este hall donde ahora estamos”. ¿Sabés quién era? Uno de los más grandes y reconocidos pintores de la Argentina y del mundo: Raúl Soldi”.

La primera copia de un cuadro que hiciera Raúl, seguramente en el fondo de su casa, es sobre una obra de Quinquela Martín, que la había tomado de la revista Caras y Caretas.

A sus dieciséis años Raúl Soldi realiza su primer viaje a Europa, visita Alemania y luego Italia, “Venecia me hizo pintor”. Al llegar a Pinceto, el pueblo natal de su madre, le ofrecen pintar la capilla “San Fermín”, cuyo origen se retrotrae al siglo XI. Regresa a su hogar porteño y a los pocos años regresa nuevamente a Europa “y ya dejamos Villa Crespo”.

 

 
Un joven Raúl Soldi

Enseñanza y aprendizaje

Todo presagiaba que sería cantante de ópera pero no le dio la voz y la pasión por la pintura le fue ganando.

No existe ecuación definitiva que declare que si el maestro enseña el alumno aprenda. En el caso de Raúl Soldi fue a aprender y aprendió.

Estudia cinco años en Milán. Su profesor de dibujo, Camilo Rapetti, lo reprueba en su primer año de estudio, “pero elegí el camino del esfuerzo”. Dibuja publicidades para mantenerse económicamente. Al finalizar sus estudios lo galardonan con el Primer Premio para pintores jóvenes.

En 1933, a su regreso a La Argentina, comienza a trabajar decorando las vidrieras de Harrod´s. Muy pronto es contratado por Argentina Sono Films en calidad de escenógrafo, pintando los decorados de las películas. Así se desempeña en más de ochenta largometrajes, tales como “Madreselva” (1938) con Libertad Lamrque y Hugo del Carril, bajo la dirección de Luis César Amadori; “Hay que educar a Niní” (1940) con Niní Marshall, en la dirección de Amadori  (Raúl Soldi figura en Diseño de Producción); “Cándida, la mujer del año” (1943) con Niní Marshal bajo la dirección de Enrique Santos Discépolo.

Pinta aunque no puede vivir de la venta de sus obras. Frecuenta la casa del matrimonio compuesto por el poeta Octavio José Oliverio Girondo y la escritora Norah Lange. En varias ocasiones saborea  unas sopas que preparaba Norah Lange y que tardaba como ocho horas en tenerlas listas”.

 

El amor y el éxito

Viaja becado en 1940 para estudiar escenografía a Estados Unidos, pero antes debe pasar por la Editorial Losada a retirar una reproducción de un cuadro para ser llevada en su viaje. Se la entrega una mujer, Estela Gaitán.

A su regreso se pone de novio con Estela, con la cual se casa en 1945. De ese matrimonio nacen sus hijos, Diego y Daniel.

Es Estela que le indica el camino a seguir “basta de cine, a pintar todo el día”.

Llegan las exposiciones y el éxito, tanto artístico como económico. Expone y vende sus cuadros, por ejemplo en la Editorial Peuser. Sus obras figuran en las tapas de libros de la Editorial Losada (sí, el ilustrador es Raúl Soldi  el de la tapa de “20 poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, 1977). Participa con su saber artístico de la colección “Arte para todos” de EUDEBA y mucho más.

“Yo pinto música, el músico que nunca pude ser”.

El reconocimiento es nacional y mundial: viaja a Israel para pintar un fresco en la Basílica de la Anunciación; a Rumania; un autorretrato es adquirido por la Galería de Arte Moderno de Milán; realiza el mosaico “Camerata Bariloche” que se emplaza en el Museo del Parque de Portofino de Italia; su obra “Santa Clara y la Virgen” ingresa en la Galería de Arte Sagrado del Vaticano”.

También se puede apreciar su obra en nuestro país. En 1953 decora la cúpula de la Galería Santa Fe: la espiral consta de sesenta y tres figuras, reunidas en catorce escenas. En 1966, se inaugura la cúpula del Teatro Colón, redecorada por Soldi.

El que viaje a la localidad bonaerense de Glew puede visitar la Iglesia “Santa Ana” y disfrutar de sus frescos. También realiza el mural cerámico “Santa Fiorentina” en la Catedral de la ciudad de Campana. En Castelar se emplaza su mural de “Santa Magdalena”. Murales en la plaza “San Martín” de Tres Arroyos.

En el barrio de Saavedra (Av. San Isidro Labrador 4630), sobresalen sus frescos en la Iglesia “San Isidro Labrador”.

Capilla de Santa Ana en Glew

Caminando, en colectivo, en auto, en micro, en avión, como elijan y puedan viajar no se pierdan la oportunidad de apreciar las obras de Raúl Soldi.


por Eduardo Horacio Bolan



domingo, 10 de mayo de 2020

JOSÉ FIORAVANTI, SU DIÁLOGO CON LA PIEDRA Y BRONCE


JOSÉ FIORAVANTI, SU DIÁLOGO CON LA PIEDRA Y BRONCE

Por Eduardo Horacio Bolan

Este artista sobresaliente supo maravillar al mundo con sus esculturas y ganar premios nacionales e internacionales. Fue buena persona y amigo, de eso da cuenta el escritor Leopoldo Marechal y quienes lo trataron. Este hombre cabal siendo niño y joven fue nuestro vecino, transitaba por las calles de Villa Crespo.

En familia
Es el primer hijo argentino de la familia de inmigrantes italianos Fioravanti. Su nombre es José. Es el 4 de agosto de 1896. En total serán ocho hermanos, de los cuales dos, Octavio y José, sobresaldrán en el arte escultórico, en especial José. Octavio, de a poco, se destacará en lo pictórico.

De niño a hombre
A la temprana edad de 12 años, José se inicia en la escultura siguiendo los pasos de su hermano Octavio (1894-1970) y con el aprendizaje que en su niñez obtuviera del negocio familiar (venta de mármoles en Chacarita).
En sus inicios,  como lo hiciera Octavio dos años antes, recibe cierta formación del pintor Fernando Santilli y, en especial, del escultor suizo Alejo Joris, pero su instrucción real es ir a museos y observar. Se lo considera autodidacta. Permanece horas examinando las obras del Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473) estudiando la representación del volumen.
Sí, nuestro vecino, ese niño y luego joven, el que camina por Aguirre, Frías, Loyola y Aráoz, sus diferentes domicilios por aquellos primeros años del Siglo XX.
Siendo muy joven esculpe una imagen de sí mismo y la titula “Yo”.
A los 16 años expone en el Salón Nacional.

El Escultor
En 1913 ante la necesidad de encaminar su pasión realiza cursos en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. No para, sigue su vocación que, en definitiva, es su pasión.
José Fioravanti es el que en 1919 obtiene el máximo galardón en el Salón Nacional de Bellas Artes con “Mi hermana María”, escultura realizada en mármol, el primer material que tiene a mano, el del negocio familiar. La retrata con cabello corto, vestido sencillo, expresión serena.
Conocedor de su destreza no se detiene y quiere perfeccionarse.  En 1924 viaja a España y expone en el Museo de Arte Moderno de Madrid, que compra una de sus obras en mármol. En 1926 expone en París y vende otra de sus obras. Es incansable, viaja para perfeccionarse por Europa, visita Luxemburgo, Italia, Grecia, Inglaterra, Portugal.
Al regresar (1927) es convocado por el Presidente Marcelo Torcuato de Alvear que se deslumbra con su arte y la Casa Rosada se ve galardonada con dos de sus relieves. Sigue, no para.

José Fioravanti

En 1929 regresa a Europa y permanece en París hasta 1935. En Versalles expone tallas en piedra de grandes dimensiones en “Jeu de paume” (juego de la palma, antecesor del tenis) Salón famoso por el juramento de los diputados del Tercer Estado en 1789.
Es en París donde da forma a los monumentos de Nicolás Avellaneda y Luis Sáenz Peña.
Regresa a Buenos Aires e inicia su otra profesión, la de docente, como también lo hace su hermano Octavio.

El Escultor y Docente
José se desempeña como profesor de talla directa en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova” (inaugurada en 1923, con domicilio en Av. España 1701).
Es nombrado en 1936 Académico de Número en la Academia Nacional de Bellas Artes (ANBA). En este mismo año recibe el Gran Premio del Salón Nacional por su escultura “Mujer con libro”. La “mujer” no es otra que su mujer, la pintora rusa Ludmilla Feodorovna (1896-1973) a la cual conoció en París. Como amante esposo la esculpió en varias oportunidades, tanto en bronce como en piedra. Amor por partida doble, hacia su arte y su mujer, pasión duplicada.
También le dio importancia a la amistad. José Fioravanti y el escritor Leopoldo Marechal fueron grandes amigos. Esto se ve plasmado en el libro que Marechal le dedica al escultor (“José Fioravanti”, 1942)

José Fioravanti

El “esencialista”
Fiorvanti se destaca por representar a sus personajes con rasgos esenciales que los caracterizan, identifica su escultura con el representado, justo ejemplo son los de Franklin Delano Rooselvelt, Manuel Mujica Láinez.
Trabaja y domina tanto el mármol como bronce.
Deja de lado, paulatinamente, el monumento “montaña” y comienza a realizarlos en forma donde la montaña vertical da paso a una plataforma horizontal para transitarla.

Monumento a la Bandera, Rosario

Son numerosos los monumentos elaborados por José Fioravanti: los ya nombrados, Manuel Belgrano, Beethoven, Florencio Parravicini, Canto a la Argentina de Rubén Darío, Roque Sáenz Peña (sentado, con un libro en sus manos, se visualiza un hombre de Estado, el del voto obligatorio), Simón Bolívar, con su espada en mano y subido a su caballo (ubicado en el Parque Rivadavia es un monumento horadado, para recorrer).
Monumento a Simón Bolívar

Entre tantos resalto el “Monumento a la Bandera” en Rosario, en colaboración con el escultor Alfredo Bigatti y los arquitectos Alejandro Bustillo y Ángel Guido.

Monumento a la Bandera (detalle)

En la ciudad de Montevideo (Uruguay) se emplaza el monumento al Gral. Fructuoso Rivera que realizara en forma conjunta con el escultor Carlos de la Cárcova (1903-1974, hijo de Ernesto).
Tampoco debo olvidar mencionar los famosos y tan fotografiados Lobos Marinos de Mar del Plata.
La lista sigue porque su obra es prolífica en cantidad y calidad.
Su muerte en 1977 no impide que gocemos de sus magníficas obras.




NUESTROS VECINOS: LA FAMILIA FIORAVANTI

NUESTROS VECINOS: LA FAMILIA FIORAVANTI

Por Eduardo Horacio Bolan

El título de este artículo no nos remite al relator, me corrijo debo decir narrador de fútbol “Fioravanti” como a Joaquín Carballo Serantes (su verdadero nombre) gustaba que lo llamaran por su oficio laboral.
Por lo tanto, no es por “atento, Fioravanti”.
Tampoco por la bebida gaseosa más antigua del mundo (patentada en 1878) originaria de la ciudad de Guayaquil (Ecuador) denominada “Fioravanti” que, inclusive, es anterior a la gaseosa más famosa propiedad de una multinacional (patentada en Estados Unidos en 1886) aunque esta última terminó comprando a la ecuatoriana y hoy comercializa la marca.
Me refiero,  a la sazón, a esa familia inmigrante, de origen italiano, que en algún momento, a mediados de la última década del siglo XIX, llega a Buenos Aires y de la cual surgen artistas autodidactas, los cuales, con sus obras, maravillan a los especialistas y a los amantes del arte.

Familia numerosa
El matrimonio Fioravanti arriba al puerto de Buenos Aires desde su Italia natal con cinco hijos: Luis, Vicente, Ana, Santiago y Octavio, que es un bebé. Su primer domicilio villacrespense es en la calle Aguirre. Allí viven hasta el año 1907.
Apenas llegados a estas costas, la familia se agranda con el nacimiento de más vástagos. En 1896 nace José, posteriormente María y luego Guerino.
El matrimonio totaliza así ocho hijos.

Entre Villa Crespo y Chacarita
La vivienda en Villa Crespo y el trabajo en Chacarita. Es en este último barrio donde la familia Fioravanti establece  su comercio de venta de mármoles. Negocio muy apropiado por estar cerca del Cementerio del Oeste (1886), también conocido, ya por aquellos años, como “de la Chacarita”. Por Ordenanza de 1949 queda establecido que el nombre oficial es “Cementerio de la Chacarita” (su entrada principal es por la Av. Guzmán 680).
Sea porque necesitan una casa más grande, más cómoda  o por problemas de alquiler se mudan a la calle Frías. Allí viven hasta 1920. Posteriormente se trasladan a Loyola, donde permanecen por siete años para luego mudarse a un inmueble de la calle Aráoz.
Estos datos de direcciones y sus mudanzas le fueron suministrados al historiador villacrespense Cayetano Francavilla por Ana Fioravanti.

Octavio, un niño artista
El último de los hermanos nacido en Italia, más precisamente en la localidad de Civitanova, es Octavio (1894-1970).
A la temprana edad de once años ya es un artista en el trabajo del mármol.
(Se asegura que muchas de las obras funerarias del Cementerio fueron realizadas por Octavio)
Trabajo y pasión se dan cita en las manos de este niño/joven que tan pronto la ley se lo permite toma la ciudadanía argentina.
Incansable, curioso del arte, ya pasados los veinte años de edad, el dibujo y la pintura lo tientan y se aferra a ese, su nuevo entusiasmo.
Octavio es autodidacta, maestro de sí mismo, apenas recibe algunas instrucciones del pintor Fernando Santilli.

El impresionista
Sus ojos, sus manos y su sentir se impregnan observando pinturas, especialmente de las obras del denominado movimiento impresionista. Este nombre, “impresionista” se debió a la opinión despectiva de un crítico de arte (Louis Leroy) hacia el cuadro “Impresión, sol naciente” de Claude Monet (1840-1926, pintor francés).
Para Octavio todo es “manos a la obra”, también en escultura se destaca. Su obra más conocida es “El boxeador”.
En el campo de la pintura es donde más es recordado. Pinta paisajes, figuras, naturalezas muertas siendo sus obras sobresalientes “Paisaje”, “Interior del bosque”, “Barcas” y “Mujeres en la calle”.

"El parque"

"Mujeres en la calle"

Se hace ilustrador de revistas en la década de 1920 para, hacia 1930, convertirse en docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes (creada en 1895 por decreto del Presidente José Evaristo Uriburu) continuadora de la Sociedad Estímulo.
En esas primeras décadas del siglo XX existían tres Escuelas Nacionales de Bellas Artes:
Escuela de Arte Decorativa de la Nación: popularmente llamada “Alsina” pues se encontraba ubicada en esa arteria y su director era el famoso Pío Colivadino (1869-1945, pintor y grabador argentino),
Escuela Nacional de Arte: se la conocía como “escuela de Uriburu”. Al término de los estudios se egresaba como Profesor Nacional de dibujo, y
Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, donde los alumnos podían optar por diferentes especialidades: dibujo, grabado.
De sus pinturas, puede decirse que más que la luz le importa a Octavio Fioravanti definir el volumen de las figuras. Sus paisajes son tratados en el plenairismo, o sea pintura al aire libre, traducción de la expresión en francés “au plein air”, modo del arte pictórico bien propio de los impresionistas.

Familia de artistas
Octavio no es el único artista de la familia Fioravanti, su hermana más joven, María, también quiso dedicarse a la pintura pero no en una edad temprana sino en edad avanzada. También tiene en el haber de sus obras retratos, paisajes y, no podían faltar, naturales muertas.
Aunque claro, el más famoso de la familia, sin duda, es José, el primero de los hermanos Fioravanti nacido en La Argentina.
José Fioravanti merece un capítulo aparte por la importancia de sus obras.

jueves, 29 de agosto de 2019

ANTONIO ALICE, nuestro vecino

ANTONIO ALICE, NUESTRO VECINO VILLACRESPENCE

Por Eduardo Horacio Bolan




























































Notable ser humano y artista, pintor y profesor de arte. Con sus trazos suaves y  agradables, con su técnica precisa, conoció el secreto del amor por la pintura. Luz,  color, la emoción en la composición. Vivió en Serrano 895. Un grande de la pintura  argentina y villacrespence.   

SU INFANCIA  
Tercer hijo de uno de los tantos matrimonios de inmigrantes italianos que llegaron a La Argentina, Antonio Alice nació el 23 de febrero de 1886 en la Ciudad de Buenos Aires (en esos años se la denominaba directamente Buenos Aires).  Antonio, mientras asistía a la escuela primaria, ayudaba en el negocio de zapatería de su padre, ubicado en la calle Rivadavia (desde la Ordenanza de 1897 es Avenida), próximo a la Plaza del Congreso (o de los dos Congresos).
La labor que desempeñaba  Antonio era de lustrador de zapatos.  De carácter afable y dotado desde temprana edad para el dibujo, supo aprender las primeras letras, trabajar con betún y cepillos mientras garabeteaba, mejor dicho dibujaba, imágenes que observaba.   

SUS INICIOS EN EL ARTE  
Quiso el Arte, que no es bueno ni malo, que uno de los asiduos clientes de la zapatería, don Cupertino del Campo (1873-1967, estudiante de Bellas Artes y sobrino del escritor Estanislao del Campo, además de estudiante de medicina) reparara en ese niño y sus  dibujos. Percibió un potencial particular en esos trazos y no dudó en solicitar a Alice  padre que le confiara apadrinar los estudios pictóricos de su pequeño hijo y ayudante.  Una vez terminado el primario, Antonio no quiso, o lo determina la familia, continuar  estudiando el secundario.
En 1898 Cupertino del Campo, que llega a ser Presidente del  Museo Nacional de Bellas Artes (1911-1931) presenta a esta joven promesa a su  maestro de pintura, Decoroso Bonifanti (1860-1941). Este artista italiano, nacido en  Turín, llega a La Argentina en 1884 e instala su estudio en el barrio de la Boca. Allí,  Antonio Alice, pasará sus próximos seis años en calidad de estudiante. 
En 1904, Alice, gana el concurso Nacional de Pintura y recibe una beca para  perfeccionar su arte en Turín, Italia. Este será su primer viaje a Europa.  Ingresa en la Real Academia Albertina de Bellas Artes de la ciudad de Turín, lugar  donde ya había estudiado otro compatriota, Ernesto de la Cárcova (1866-1927, muy  conocido por su obra en óleo “Sin pan y sin trabajo”).   

ARTISTA DESTACADO Y RECONOCIDO  
Alice, autor de innumerables obras pictóricas, realiza dibujos y pinturas en óleo de  todo tipo: paisajes urbanos, marítimos, escenas camperas (es invitado por Joaquín V.  González a su casa en la Provincia de La Rioja, además de vistas de Turín), retratos  (autorretratos, de su maestro Decoroso Bonifanti, de Florentino Ameghino, de  Marcelino Ugarte, de la Señora de Antoinette Barreron de Pagneux), retratos de  familia, de su familia, de su padre, de su madre, de sus hermanos (Miguel, Matilde,  Santina, Mariano, quizá el más conocido sea “Mis hermanas” de 1916), los dedicados a  la Patria (“Tierra de promisión”, “Riquezas argentinas”), y mucho, muchísimo más. 
Por su carácter abierto y de buen trato se hace amigo de otros pintores, no sólo de los que lo iniciaron en la pintura, también de Quinquela Martín y de todos aquellos que conociera. 
Gana premios en el exterior y en su país. Hombre agradecido, se dedica a la docencia para trasladar a otros recién iniciados lo que sabe, lo que ha aprendido a través de observar los tonos de luz (luminosidad), la figura humana, las miradas, expresiones, emociones. 
Entre sus obras cumbes figura “Los Constituyentes de 1853” (óleo, 1933). Alice deja plasmado la sesión nocturna del 20 de abril en la que se destaca Juan Francisco Seguí (diputado por Santa Fe) en calidad de orador. Esta obra, que se encuentra en el Salón  de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, fue la culminación de numerosos bocetos de varios de los constituyentes (Juan José Zuviría, Pedro Ferré, Facundo Zuviría, Juan Seguí) y diferentes “Estudios de la sesión” y hasta un “Boceto para la ubicación ideal para el cuadro Los Constituyentes…” cuyo resultado es la obra mencionada.
Antonio  Alice tarda más de diez años en realizar la investigación (cuenta con el asesoramiento de Joaquín V. González y realiza numerosos estudios históricos) para lograr la obra  final. 
Todo el esfuerzo, el estudio intelectual y físico de los constituyentes, la respuesta al por qué de esta obra, lo deja escrito en su publicación “Los Constituyentes del 53. La  sesión nocturna del 20 de abril” (1935, 78 páginas) 
Para mencionar más de sus obras cumbres, es difícil elegir solo algunas, puedo citar “La muerte de Güemes” (1911, se encuentra en la Legislatura de la provincia de Salta),  “Retrato de Julio Argentino Roca”, “San Martín en Boulogne-Sur-Mer” (1915). Con respecto a este último cuadro realiza la obra pictórica “Autorretrato con San Martín” (1919) donde vuelve a pintar a San Martín en la misma posición que en el de  “Boulogne-Sur-Mer” y en el extremo inferior izquierdo aparece el mismo Alice, quizá un homenaje, o un “guiño”, a Diego Velázquez y su máxima obra “Las Meninas”.

Antonio Alice fallece en su atelier, con pincel en mano ideando nuevas obras, el 24 de agosto de 1943. Nunca se casó ni dejó descendencia.   
Entre viajes y creaciones supo ser vecino del barrio, de Villa Crespo. Vivió en Serrano  895, esquina Loyola. Allí se encuentra un edificio de tres plantas. 


eduardobolan@gmail.com