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jueves, 29 de agosto de 2019

ESCRITOS SOBRE RECUERDOS VIVIDOS EN UN VILLA CRESPO AÑEJO

ESCRITOS SOBRE RECUERDOS VIVIDOS EN UN VILLA CRESPO AÑEJO

Por Eduardo Horacio Bolan

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,  y un huerto claro donde madura el limonero;  mi juventud, veinte años en tierras de Castilla (…),  nos dice Antonio Machado (1875-1939) en su poema “Retrato”(incluído en el poemario  “Campos de Castilla”, 1906).   

Nosotros aquí, en este barrio, también hemos tenido grandes autores literarios y poetas que  escribieron sobre este terruño llamado Villa Crespo. Por antonomasia, en quien pensamos  primero, es Leopoldo Marechal (1900-1970). Describe lugares, personajes, situaciones; nos  hace latir esos momentos que vivió Adán Buenosayres (novela publicada en 1948). 

En el Teatro
Otro artífice literario capaz de hacernos estremecer y de llevar a todos los rincones el nombre  de este Barrio es el autor teatral, dramaturgo, comediógrafo, poeta y gran amigo de Carlos  Gardel, don Alberto Vacarezza (1886-1959). Para los villacrespenses, “El Conventillo de la  Paloma”, es su obra teatral por excelencia. Es un sainete que se desarrolla en un acto y tres  cuadros, fue estrenado el 5 de abril de 1929 en el Teatro Nacional por la compañía de Pascual  Carcavallo. Allí describe brevemente en el cuadro primero el ambiente, adaptado a la obra  teatral, de ese “Conventillo Nacional” que disponía de dos entradas, una por Serrano 148 y la  otra por la calle Thames 152:  “Pintoresco patio de un conventillo en Villa Crespo. Dos puertas practicables en cada lateral y  tres en el foro. La del centro da a la calle. Entre los laterales y el foro, espacios libres que dan  acceso a los otros patios.” 
Es a uno de sus principales personajes, llamado “Villa Crespo”, que le hace decir:  “¡Villa Crespo!... Barrio reo,  el de las calles estrechas  y las casitas mal hechas  que eras lindo por lo feo (…)  Ya no sos lo que antes eras  Villa Crespo de mis sueños,  otras leyes y otros dueños  te ensancharon las veredas (…)  Ah, Villa Crespo querida,  de mi recuerdo inocente  ¡cómo se cambia la gente!  ¡cómo se pianta la vida! (…)”   

En la poesía de un tanguero
En este muy breve e incompleto repaso por los grandes autores que nos hacen mirar por  medio de sus ojos al Barrio, el “Negro Cele”, Celedonio Esteban Flores (1896-1947), letrista del  arrabal, autor de más de veinte tangos cantados por Carlos Gardel, nos dice en su poema  lunfardo precisamente titulado “Villa Crespo”:  “Barrio piringundín, barrio malevo,  donde aprendí a marcar la vida maula  en mis días papusos de purrete (…)  Barrio de contras bravas, tus hazañas  que rubricaron fieras puñaladas (…)!  En un primer momento, quizá, los poetas ya encumbrados creyeron que era más poético tratar  a este barrio como reo, malevo, donde no faltaban puñaladas. Si fue así, la transformación se  dio muy pronto con la incorporación de trabajadores y sus familias.    Sigamos con Antonio Machado y su “Retrato”:  “(…) mi verso brota de manantial sereno; (…)  soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. “  

En el recuerdo de un vecino
Es por eso que quiero rendir un homenaje a un Hombre (así con mayúscula) sereno, bueno  pero al mismo tiempo firme en sus convicciones y en su accionar. Narciso Nicolás De Filpo  (1920–2015), de él se trata, tuvo un muy buen ejemplo de vida en su familia y en especial de  su padre, Narciso Nicolás De Firpo (sí, son homónimos).
Ambos descollaron en la actividad  social y cultural del barrio colaborando desinteresadamente en numerosas Instituciones del  barrio.  Nicolás De Filpo (h), como gustaba que le llamaran, o simplemente Nicolás, suplo plasmar en  un escrito su visión, su amor a ese Villa Crespo de la década del ´20 (del siglo pasado, del XX)  en unas líneas donde nos brinda ese ambiente de amistad, de familia, donde los problemas no  faltaban pero todo se hacía y se expresaba con dignidad. 
Nicolás nos muestra su profundo amor por el barrio que lo vio nacer, justo enfrente de la  primer sede (Malabia 233) de la actual “Liga Argentina Médica Asistencial de Villa Crespo” por  aquel entonces denominada “Liga Argentina contra la Tuberculosis – Comisión Villa Crespo”. 
De esas líneas que originalmente se publicaran en el libro “Un vuelo de palabras en la  Biblioteca Popular Alberdi – Antología” (2013) podemos extraer párrafos bien ilustrativos, casi  fotográficos:  Recuerdos de mi infancia en Villa Crespo, por Nicolás De Filpo:
"Quiero evocar en estas líneas, la casa que me vio nacer: Malabia 234 de Villa Crespo, que para  mí siempre fue “mi pueblo” querido.  Habitaba esta casa, muy grande a mi parecer, aunque para mis mayores -tal vez- no lo fuera  tanto, con mis padres, abuelos paternos y mis tíos. 
De mi abuelo guardo un eterno recuerdo, hombre de campo, resero en su mocedad en las  sabanas patagónicas y pampa bonaerense. Mi abuelo, hombre bondadoso, desinteresado y  amigo a carta cabal, nos daba lecciones de ética, humildad, honradez, aprendidas en la  “Universidad de la Vida”. 
Mi abuela, amorosa, cariñosa, respaldo de sus nietos en los “momentos difíciles” de nuestra  niñez, era la encargada de cuidar las plantas del patio grande, que en grandes macetones,  guardaban, jazmines, rosales y los infaltables malvones de todos colores que, en perfume,  regalaban a la “Pacha” (así le decíamos a la abuela por la Pacha Mama) por los cuidados que le  dedicaba.
Era mi deber, junto con mi hermanita y primos, ayudar en el cuidado del “hogar de  las aves” -gallinas, pavos, pájaros, también conejos, peces, el mono tití, que pasaba todo el día  haciendo diabluras en la higuera, que hacía por su corpulencia el resguardo de las aves-. 
Mi madre, dulce y cariñosa; a pedido siempre del abuelo, le cebaba sus amargos en su viejo  mate galleta y le hacia las rosquitas que tanto le gustaban junto con los borrachitos untados  con miel. Tía Rosa tenía que contarme una canción campera, “El zorzal”, para que me  durmiera.
La tía Sara nos deleitaba tocando el piano y haciendo los antes famosos “crispitelli”  bañados con miel.  Llegada la tarde y anocheciendo ya, un señor a quién nosotros le llamábamos “El Velero”,  encendía con un palo largo y mechero el farol que estaba junto a la puerta de calle para el  paso del gas carburado. Se encontraba en la puerta (marco) de nuestra casa.
Al tiempo, siendo  pequeño, se instaló en el centro de la cuadra un farol con luz eléctrica. A todos los vecinos les  pareció que el sol no se había ocultado. Dado el acontecimiento, se realizó un baile popular. 
Mi padre, alegre y bonachón, hacía con mi madre, adorable y querida por todos, una pareja  ideal. Se dedicaba, aparte del comercio, al periodismo y gustaba de incursiones en el teatro,  que era su pasión, interpretando obras de Calderón de la Barca, Laferrere, Belisario Roldán,  entre otros reconocidos autores.
En suma y pasado el tiempo, pude darme cuenta que era una  casa feliz y que impartía felicidad a todo aquel que la visitara.  Así pude conocer a personalidades del barrio como ser al profesor Julio Fagione, Director del  Colegio Buenos Aires que luego fuera mi profesor en el ingreso al magisterio; al profesor  D´agostino, Director del Conservatorio “Odeón”, a Don Alberto Vaccarezza, conocido autor  teatral; al reconocido editor Gleizer, cuyo hijo Sam, fuera compañero en la primaria y otros  más, que mientras mateaban o tomaban café discutían sobre temas que yo no entendía, pero  sí recuerdo el tema de una de las exposiciones: “El origen del hombre”. 
Otro caso que es muy digno recordar, se relaciona con la vigilancia no solo del barrio, sino de  las casas en particular. El policía, a quien correspondía la custodia del área donde se  encontraba nuestra casa, era un sargento cuyo nombre lamento no recordar. Una persona  amable, locuaz y bonachón con todos, sobre todo con los niños. Tenía, por costumbre u  obligación, no sé, de constatar después de la ronda de las 24 horas, la cual consistía en  anunciar con su silbato, como así también todos los agentes que correspondían al tercio  nocturno, que cada uno estaba en su puesto, como queriendo significar que cada agente  cumplía con su tarea en el lugar asignado.
Luego se hacía la revisión de las puertas de las casa  para comprobar si estaban bien cerradas, si no lo estaba, llamaban por el “llamador” a su  dueño y se lo comunicaban. En los tercios de mañana o tarde, el sargento de marras, hacía la  gloria de todos los chicos de la cuadra, paseándonos con su caballo “alazán tostado” como él lo  llamaba por su pelaje y, nosotros agradecidos por los paseos diarios, le comprábamos entre  todos, un fardo de alfalfa y maíz, que este buen hombre contento agradecía. Este era nuestro  humilde regalo al noble flete. Y para el querido sargento siempre teníamos preparada una  “milanesa o un estofado” para obsequiársela a la hora señalada (las 11 horas).
Una semblanza  y un recuerdo para ese hombre que, montado en su alazán dorado con su uniforme y casco  prusiano, parecía un guerrero de épocas muy lejanas.” 

Hasta aquí esta impresión que nos regalara Nicolás.    Los recuerdos vividos, que hace mención el título de este artículo, desempeñan un rol  fundamental en la memoria colectiva, en la valoración del pasado reciente y es por ese motivo  que deben hacerse conocer y que aquí quedan plasmados. 

Nicolás De Filpo nos dejó físicamente el 8 de marzo de 2015 pero su impronta en el Barrio aún  se mantiene y esto es algo que debe destacarse y contarse. 

eduardobolan@gmail.com


N. NICOLÁS DE FILPO. Hombre y familia con raigambre en Villa Crespo

N. NICOLÁS DE FILPO. Hombre y familia con raigambre en Villa Crespo

Por Eduardo Horacio Bolan
























Regresar al pasado; es posible que esto ocurra. Volver a escuchar y ver esos momentos llenos de  alegría, logros, tropiezos, tristeza, emociones (sentir dentro de uno mismo). Fotos, filmaciones,  escritos, objetos, olores llenan nuestra mente y hacen que vivamos ese eterno retorno. No  necesaria y únicamente reaparecer en la infancia, puede ser en los primeros años de este siglo  XXI. Es allí y en la calle Acevedo 666 donde conocí a un gran Hombre (así con mayúscula). Claro,  estoy hablando de Nicolás De Filpo.   

LA FAMILIA DE FILPO  
La familia De Filpo tiene más de cien años vividos en Villa Crespo.
En 1911, don Nicolás Bartolomé  De Filpo ya dirige su propio negocio ubicado en Av. Corrientes 5456 (por aquellos años  Triunvirato 764). Uno de sus ocho hijos es Narciso Nicolás (1896-1975) quien bien pronto queda a  cargo del negocio familiar.
Ocupa su tiempo no solo en el comercio, sus innumerables e  incansables actividades en beneficio de un sinfín de instituciones de bien público del barrio están  enumeradas y analizadas por el máximo historiador de este barrio, Dr. Francisco Francavilla en su  libro “Historia de Villa Crespo” (1978). Se casa con Emma Cianciarulo y de ese matrimonio nacen  Narciso Nicolás y María Emma. Es a este último Narciso Nicolás al que yo conocí y tuve el  privilegio de ser su amigo.
Le gustaba que sus amigos lo llamaran Nicolás y firmaba N. Nicolás De Filpo. Al igual que su padre  le encantó estar al lado de todos los vecinos y de las Instituciones barriales.
Nunca una queja,  siempre con tiempo para mejorar situaciones que parecían imposibles de resolver..

SU ACCIONAR EN LA COMUNIDAD VILLACRESPENSE
Al igual que su  padre fue Presidente de la actual “Liga Argentina Médica Asistencial de Villa Crespo” (L.A.M.A.),  ex “Liga Argentina de Beneficencia Médica Social de Villa Crespo”, ex “Liga Argentina contra la  Tuberculosis – Comisión Villa Crespo”, ex “La Salita” como la conocían los vecinos cuando abrió  sus puertas en Malabia 233.
Nicolás nació un 24 de abril de 1920 justo enfrente, Malabia 234, de  esa inicial sede. “Ahí me dieron mi primer baño” recordaba cuando conversábamos sobre su  infancia.

También colaboró en el Hogar Policial Sección 27 y, a partir del año 2003 fue electo Presidente de  la Biblioteca Popular Alberdi, tras largos años de contribuir en esa Entidad. Eran años difíciles  para las instituciones de bien público, más difíciles de lo acostumbrado.
Con la crisis económica y  social que vivimos en La Argentina a comienzos de este siglo XXI era imposible (no casi, sino  imposible) que una Biblioteca Popular pura subsistiera.
Biblioteca no en el sentido de almacenar  libros, sino ser capaz de albergar lectores que asistieran para estudiar o leer los volúmenes de su  acervo bibliográfico.
Popular en el sentido que debe ser creada y sostenida económicamente por  vecinos con el pago de cuotas sociales. Pura en el sentido que no es, por ejemplo, una asociación  de fomento, por decir otra de las variedades de asociaciones vecinales, la cual puede obtener  ingresos legítimos por otros canales, como ser un buffet o alquilar su salón.
Recibió las llaves de la Biblioteca de manos del presidente saliente, de noventa años de edad, quien había  sabido resistir con dignidad los embates de los desinteresados de siempre que no se ocupan e  ignoran a las instituciones vecinales barriales.
Ese imposible, Nicolás, lo transformó en casi imposible y muy pronto en un crecimiento  sostenido. La experiencia heredada de su padre y la suya propia siendo Presidente de Liga hizo  que pueda liderar esa nueva Comisión Directiva.
Conocedor del dicho “el que mucho abarca poco aprieta” deja la Presidencia de Liga para asumir  la de la Biblioteca (2003-2010). No por eso descuida su cariño y responsabilidad hacia L.A.M.A.,  sigue ocupando diversos cargos y cuando esta entidad sanitaria lo necesitó supo regresar como  Presidente y resolver los problemas.  Su conocimiento de Villa Crespo lo llevó a ser “piloto de tormentas” (así lo llamé varias veces) en  cuanta institución del barrio de interés general necesitara de su experiencia y accionar.
En las  entidades que no presidió, supo ser amigo y colaborar activamente. Siempre estuvo presente en  los actos que beneficiaban y enaltecían al Barrio, nunca dio la espalda a las iniciativas culturales y  sociales que se realizaban, siempre disponía de tiempo y buen humor para ello.
De esto bien sabe  Hugo Tornese, Presidente de la Junta Barrial y Estudios Históricos de Villa Crespo, el cual dispensa un enorme cariño y profunda admiración por Nicolás De Filpo.
Fiel a su promesa de cooperar y no acaparar puestos, De Filpo, al concluir su mandato en  Biblioteca y Liga deja su puesto a otras personas para que continúen.
En el caso de Biblioteca le  sucede en la presidencia Graciela Galasso siendo la primer mujer en ocupar ese cargo (2010-  2015). 
Nicolás, con más de noventa años, deja los puestos máximos pero no el anhelo y responsabilidad  de proseguir favoreciendo a las organizaciones de la barriada con su presencia y opinión.
Continúa por varios años en el cargo de Secretario y donde haga falta su experiencia y su presencia. Así hasta que su salud no le permitió seguir.  En los últimos párrafos daré lugar a otra persona para que también dé su opinión y sus impresiones sobre Nicolás De Filpo.

Presente en el recuerdo
En Acta del 18 de marzo de 2015 la Comisión Directiva de Biblioteca lo despide. Le cupo a la entonces Presidenta Graciela Galasso expresar:
“Toca hoy a los integrantes de la Entidad tener que despedir acongojados al socio, miembro de Comisión, Presidente de nuestra Biblioteca y querido amigo N. Nicolás De Filpo quien, tras luchar con denuedo con padecimientos físicos, falleció el día 8 de marzo pero que permanecerá por siempre en nuestro recuerdo (…) 
Supo el Sr. De Filpo encarar lo más preciado del espíritu emprendedor y colaborativo que hace grande a las Instituciones. Siempre será recordado por tu tesón y empeño en llevar adelante políticas culturales de valía. Era el primero en llegar y el último en retirarse, siempre gestionando el mejor modo de alcanzar los objetivos trazados. 
Espíritu joven, amigo de sus amigos, cordial con todos y amante de los buenos libros y las buenas  lecturas. (…)
Representó el coraje para desafiar malos tiempos y supo también mantener la calma  y sobrellevar con dignidad las horas inciertas. 
Docente de alma, recibió a los niños y jóvenes en busca de libros para sus estudios, insuflándoles  amor por el estudio y acompañando con afecto el camino de aprender. (…) 
El amor a la Patria fue su norte, el amor a su querido Villa Crespo su ternura. 
La familia que forjó, unida seguirá en su ejemplo de vida, tal como esta Biblioteca seguirá sus  sueños. Sueños de aprender en libertad, compartir la tarea por el bien general y gestionar  siempre con miras a un futuro de más y mejor educación. 
Personas como Nicolás De Filpo son modelos a seguir, su obra es su recuerdo vivo.” 

En fecha más reciente, Graciela Galasso, ahora en calidad de Secretaria, expresó: 
“Si alguien te recibió con una sonrisa,  si alguien trabajó al lado tuyo, codo a codo y más,  si alguien te hizo sentir que aunque con menos años podías opinar  y brindar ideas a la par de los experimentados,  si alguien confió en vos y desoyó a los pesimistas,  si alguien sonrió con vos y aligeró los pequeños inconvenientes diarios,  si alguien te convidó con alguna exquisitez salida de sus manos  que no podías creer lo rico que sabía y comer juntos como familia,  si alguien te avisó con gentileza tal como lo haría un amigo  que tal vez podrías estar errado,  si alguien creyó en el poder del libro y la lectura y te instó a acompañarlo en su fomento,  si alguien promovió en vos el deseo de construir colectivamente redes para el bien común desde  un lugar como una biblioteca,  si te das cuenta que cada día querés más al barrio de Villa Crespo y a la Biblioteca Popular  Alberdi, si recordás todo lo anterior con una sonrisa,  estás en lo cierto,  ¡ Sí, conociste a Nicolás de Filpo !"  
eduardobolan@gmail.com