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sábado, 16 de enero de 2021

UNA CALLE EN VILLA CRESPO: JUFRÉ VISTA POR CARLOS LEVIN

 UNA CALLE EN VILLA CRESPO: JUFRÉ VISTA POR CARLOS LEVIN

Nuestros recuerdos pueden llevarnos a muchos lugares, uno de ellos puede ser una calle, unos pocos metros donde se desarrolla toda una vida.

 Una calle en Buenos Aires

Carlos Levín tiene una memoria prodigiosa, no tanto de lo que sucedió ayer o la semana anterior sino por lo vivido en décadas pasadas.

“Siempre añoramos algo de nuestro pasado” dice su escrito presentado aquel 15 de diciembre de 1990 cuando, en forma conjunta, nos presentamos, en una charla abierta a los vecinos dada en la Biblioteca Popular Alberdi.

Carlos Levín y el autor de esta nota el 15 de diciembre de 1990 en la charla dada en la 
Biblioteca Popular Alberdi (Acevedo 666, Villa Crespo) (Foto GG)

Mi participación era conversar sobre la Historia de Villa Crespo, tratando de que no quedaran en el olvido los estudios realizados por los historiadores del barrio: Diego del Pino y Cayetano Francavilla.

Mario Rubín, que supo integrar el equipo de basketball del Club Villa Crespo, y Emilio Menini, dos personas amantes del barrio, nos contactaron, a Carlos y a mí, y nos abrieron las puertas de esa admirable institución cultural.

La propuesta de Carlos Levín fue presentar su poema “Una calle en Buenos Aires” hecha canción, con música de José Chacoma.


José Chacoma en la guitarra, Carlos Levín y el autor de esta nota (Foto GG)


“No me considero poeta, lo que me gusta son las palabras. De chico me gustaba redactar cartas. Escribo vivencias, sobre personas que conocí, acontecimientos que me impactaron, lo vivido”, me dice Carlos.

“Escribo y en mi mente escucho la música para esa letra. Al escribir me “suena” la melodía, ya sea para tango o para folclore”, acota.

Al no saber cómo plasmar en el pentagrama esas composiciones musicales que creaba en su mente obtuvo la colaboración de diversos músicos para hacer realidad su cancionero.

En la presentación de “Una calle…” comentaba a los asistentes sus remembranzas, hechos poesía, esos que sirven para visualizar una época y darle valor testimonial:

“Fue escrita recordando viejas costumbres, como la venta de pavos vivos para Navidad. Pasaban con los animales por la calle, el cliente elegía uno y el vendedor lo cazaba con un alambre y se lo entregaba. O al de la leche que llegaba por Gurruchaga con la vaquita. Si uno tardaba en ir a buscar la taza y los diez centavos, lo alcanza recién frente a Iglesia San José.

Cuando uno es niño se le graban opiniones vertidas sobre el carácter de algún vecino  o sobre la actitud que tomaba alguno de ellos.

Como en la letra de una canción no es posible nombrar a todos, quiero decir que estos recuerdos abarcan a cada una de esas familias que habitaba la cuadra Jufré al 600, mi cuadra.”

 

Fragmentos del poema, escogidos y desordenados por EHB

Comienza con una evocación:

“Jufré del ´40 y tantos

quimera del porteño aquel,

del tano hacerse la América

gallego, judío, árabe o japonés.”

Carlos aclara que no había japoneses en su cuadra pero sí en el barrio.

Continúa el poema con un rumor de trabajo que posee el encanto de la emoción:

“Doña María el consejo

como una madre querida.

Juan el almacenero,

Don Domingo el peluquero,

la verdura de Ricardo

aunque fuera de Acevedo.

Amado, en el verano,

vendiendo barras de hielo”

Ecos casi melancólicos y expresivos de sus moradores:

“La señora alta del balcón

tan buena de corazón,

los desmayos de Josefa,

las peleas de mi vieja.

La maestra, sus enojos.

Gregorio las inyecciones

con su mamá tan enferma.”

Sencillez en la expresión:

“El arbusto de mi casa

descanso de mariposas,

la higuera grande de al lado

cuyos frutos regalaban.

Fogata de Pedro y Pablo

todos colaboraban.

El autito de la cana

o el botón de la parada.”

Una realidad que, acaso, lo hiere y no comprende:

“Paraísos, adoquines,

y ni un piso de burgués.

Los que se hicieron de guita

del barrio se las tomaron.”

Para luego decir:

“pero vino el progreso

desalojos de por medio”

Gustos infantiles y recuerdos:

“El helado Scanapieco

se tomaba en la Avenida

mientras pasaba el tranvía,

de cuando en cuando, un mateo.”

En su mente de palabras y música no hay artificio:

“Ya no cantan más los gallos

ni hay quintitas en las casas,

en Navidad ya no hay pavos

no hay carrito de lechero

ni leche al pie de la vaca

por la calle Gurruchaga.

Los que se hicieron de guita

del barrio se las tomaron.

La vida sigue su curso

pero nunca olvidaré”

 

Al darle a Chacoma el poema para musicalizarlo, éste le dijo: “es un chorizo” y le aconsejó que parte sea recitada y la otra cantada. Así se grabó e integró el álbum de música “Canciones con opinión” que apareció en formato cassette (¡aquellos años 80!) y a pesar de todo, su extensión supera los ocho minutos.

 

Letra y música

El repertorio de su cancionero le pertenece en gran medida pero también obtuvo numerosas colaboraciones de destacados músicos que lo ayudaron en los arreglos y le trasladaron en partituras sus composiciones musicales.

         

                                                    CD "Guitarrita de los pobres"


Jorge Gordillo, virtuoso del violín, realizó la música de la chacarera “Cambiar la suerte”.

En guitarra fue acompañado por Ángel Contópulos, que le grabó varios temas como cantante.

También en guitarra y arreglos tuvo la colaboración del correntino Pascual Verón.

En el poemario de Levín no podía faltar el recuerdo hacia uno de los cafés más emblemáticos del barrio de Villa Crespo. Ese Café ABC legendario, lindante con Palermo, de encuentro de los vecinos, donde supo tocar Osvaldo Pugliese. Hoy ya no existe pero supo ocupar la esquina de Canning y Rivera (hoy Av. Raúl Scalabrini Ortiz y Av. Córdoba,) El poema “Café ABC” fue hecho tango y cantado por Ramón Cáceres.

En la zamba “Guitarrita de los pobres” la música pertenece a Sergio Morra.

“El cantor popular”, en ritmo musical retumbo, rinde homenaje al cantor, compositor y escritor Horacio Guarany (1925-2017), siendo cantado por Horacio Pérez.

En diferentes temas fue acompañado en el piano por Tito Ferrari, en contrabajo por Roberto Ruiz y Juan Carlos Dubois y en bandoneón por Víctor Solari y Rubén Serra.






Hasta el mismísimo Armando Laborde grabó un tango de la autoría de Carlos Levín.

Laborde nació bajo el nombre José Atilio Dattoli (27 de abril 1922 – 1996) Desde pequeño sobresalió como cantante de tangos. En los escenarios donde era convocado se cambiaba constantemente el nombre artístico, no se decidía por uno. Eran años donde era frecuente que los artistas se renombraran con un nombre artístico, no el que figuraba en el documento de identidad (Libreta de Enrolamiento o Libreta Cívica). Al ingresar a la Orquesta de Juan “El Rey del compás” D´Arienzo este emblemático músico de tango le urgió que se decidiera cómo debía llamarse de ahí en más, pero Dattoli no lo hacía. En una de las giras que realizaba la orquesta en Uruguay, D´Arienzo, en el trayecto de un viaje en taxi junto con su cantante, le pregunta al chofer cuál era su nombre. “Armando Laborde” le responde el taxista y así quedó sellado el nombre del destino artístico de este cantante. Esta anécdota fue corroborada también por Silvia, la esposa de Armando Laborde. Además de la orquesta de Juan D´Arienzo supo cantar  con las de Héctor Varela y Alberto Di Paulo.

El tema elegido por Laborde con letra y música de Carlos Levín fue el tango “De regreso”. Todo un símbolo ya que hacía diez años que no grababa un tema y fue su última interpretación.

Silvia Laborde le grabó dos tangos a Levín: “Pichuco, el ángel” y “No pasa nada” (tango reo… con perdón de la palabra, acota Carlos Levín).

 

Familia

“Nací el 15 junio de 1940 en el Hospital Rivadavia”  rememora Carlos Levín, “así, sin segundo nombre” me dice y sonríe al recordar su niñez con papá Julio, de oficio sastre, y mamá Teresa, ambos nacidos en Polonia. Su primer año de vida lo vivió en la calle Gallo, entre la Av. Córdoba y Cabrera, junto a su hermano Marcos. Luego vendría su hermana Luisa (“Lea”).

En 1941 la familia se mudó a Jufré 614. Hasta sus cuatro años allí vivieron para luego mudarse a la esquina, Jufré 690, casi Gurruchaga.

A partir de sus diez años, hasta hoy, Carlos habita en Jufré al 500, a mitad de cuadra. Allí se casó con María Eugenia Kyropulos, de esta unión nacieron sus hijos Daniel y Mariano.

 

Firmes convicciones políticas

Carlos Levín recuerda que entre el 23 y 24 de setiembre de 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi, se produjo unos de los tantos paros generales que se llevaban a cabo. En esa oportunidad cayó preso por repartir volantes políticos a favor de la huelga.

En su corto período presidencial (1958-1962) Frondizi sufrió cinco paros generales.

Con sus 19 años, Carlos Levín, militaba en la Federación Juvenil Comunista. La FJC o La Fede, como se la conocía, había sido fundada en 1921 con la idea de impulsar la ideología comunista en Argentina.

Por repartir panfletos fue llevado a la Comisaría 23 (Av. Santa Fe y Gurruchaga). Allí permaneció dos días. Luego fue trasladado al Departamento Central de Policía (Moreno 1502) donde surgieron sus encendidos versos:

“Nos llaman antisociales

pues luchamos

por el pan, la libertad

y no aflojamos.

La oligarquía imperialista

patalea decadente

porque la clase obrera y el pueblo

formamos nuestro frente

y en momentos decisivos de la lucha

nos encarcelan y nos confinan.”

Estas estrofas fueron dichas ante sus compañeros de infortunio, entre los que se encontraban el dirigente sindical y peronista Andrés “el Negro” Framini y el Secretario del Sindicato de la Construcción Rubens Libertario Íscaro, de orientación comunista.

Otros dos días “a la sombra” y el nuevo destino de Carlos Levín fue la cárcel de Villa Devoto.

Un par de días estuvo recluído allí y como castigo, no ya por repartir panfletos sino por su ideología marxista fue movilizado en avión militar.

Del aeropuerto de El Palomar dos aviones tenían su destino prefijado. Uno, el que trasladaba a peronistas, iría a la Colonia Penal de Santa Rosa (provincia de La Pampa) y el que llevaba a los izquierdistas al penal de Viedma. Por impericia en las directivas, el que transportaba a los “zurdos” terminó en Santa Rosa. Allí pernoctaron en la enfermería para no ser mezclarlos con los peronistas.

Framini, que en 1962 ganaría las elecciones como gobernador de la provincia de Buenos Aires pero no lo dejaron asumir, cumplió en el Penal de Santa Rosa uno de sus tres arrestos sufridos en ese año 1959.

Para enmendar la equivocación del lugar de destino, los aviones militares, finalmente, lograron su objetivo y Carlos fue a parar a Viedma.

“Tenemos fama de ser organizados”, me dice Carlos en relación a lo que pensaba la gente de los miembros de “el partido”. A él le toco organizar a sus compañeros de infortunio (no solo a sus camaradas porque también había reclusos “trotskistas” -los de la IV Internacional-) en el ejercicio físico diario y levantarse a horario.

Poco antes de la Navidad, de ese año, fue liberado.

Su ideología no la ha cambiado y cree firmemente que la igualdad llegará de la mano de las masas, del sujeto colectivo.

 

Museo de Villa Crespo

Continúa con su firme idea de hacer realidad un Museo para Villa Crespo. Desde hace 50 años, me comenta, recoge lo que muchos dejan abandonado, objetos que ya no les sirve a los vecinos y que son representativos del barrio: carteles, fotos, documentación y cosas que hacen a la cultural barrial.

Como muchos otras personas, ama la historia de las calles que transita y la de los habitantes del barrio.

Este poeta, con su visión ocular hoy muy disminuída, que dice no escribir poesías sino recuerdos y homenajes a personas y situaciones queridas, no olvida lo que vivió y como en aquel 15 de diciembre de 1990 nos vuelve a decir: “aun puedo recordarlo”.


Por Eduardo Horacio Bolan



jueves, 29 de agosto de 2019

RECORRIDO POR LAS CALLES DE VILLA CRESPO A TRAVÉS DE UNA BIBLIOTECA CENTENARIA

RECORRIDO POR LAS CALLES DE VILLA CRESPO A TRAVÉS DE UNA BIBLIOTECA CENTENARIA

por Eduardo Horacio Bolan







En el mes de abril de 2018 se realizará por 7º año consecutivo un nuevo paseo por los Itinerarios de la novela Adán Buenosayres, obra cumbre del destacado escritor y poeta Leopoldo Marechal. Esta nueva visita guiada por los senderos que transitó Adán Buenosayres en los barrios de Villa Crespo y Saavedra tendrá, nuevamente, su punto de reunión y partida en la centenaria Biblioteca Popular Alberdi de la cual, Marechal, fuera su bibliotecario entre 1919 y 1923. Esta actividad libre y gratuita está organizada por la Fundación Marechal.  A la espera de ese momento es dable realizar, aunque sea a través de este artículo, un  recorrido por diferentes calles y lugares de Villa Crespo. Para ello opté seguir el itinerario de  las diversas sedes sociales que ocupó la Biblioteca Popular Alberdi.        Año 1914. Don Julián Bourdeu (sentado, de bigotes) y miembros de Comisión Directiva junto a  lectoras y niños asistentes a la Sala de Lectura de Acevedo 357      Sedes Sociales  En total han sido diez las sedes sociales de la Biblioteca Popular Alberdi. Todas en el barrio de  Villa Crespo. Esta Institución nació “por iniciativa del Jefe de la Sub-Intendencia de Belgrano,  señor Joaquín Sánchez”. Fue un 8 de julio de 1910, en el marco de las conmemoraciones del  Centenario de la Patria cuando queda fundada la denominada, por ese entonces, “Biblioteca  Popular de San Bernardo” (en 1921 cambia su nombre por el actual). En aquellos tiempos de  1910 coexistían las denominaciones, para el actual barrio, de Parroquia de San Bernardo, Villa  Crespo y hasta, en casos de jurisdicción, se lo llamaba Sección 15º.  Todas las sedes, calles, numeración y sus fechas de inicio de actividades han quedado  debidamente registradas en los libros de Actas de la Entidad. De allí tomo las citas textuales  (respetando la ortografía y gramática de cada época y, quizá también, con errores propios de  la redacción realizada en forma manuscrita y llevada a cabo en el momento de la reunión de  Comisión Directiva) y las direcciones que a continuación detallo:  Acevedo 357  Gurruchaga 323  Acevedo 373  Camargo 570  Acevedo 361  Vera 677  Malabia 260  Gurruchaga 542  Villarroel 1034  Acevedo 666 (la actual)   Acevedo 357  El periódico barrial “El Progreso”, en su nota del 20 de diciembre de 1914 nos dice bajo el  título “Biblioteca Popular de San Bernardo”: “Esta Biblioteca como es sabido funciona en la  calle Acevedo 357 todas las noches de 7 á 10 y en la que el público tiene libre acceso, progresa  día a día.”  El Acta de Comisión Directiva con fecha 2 de agosto de 1917 nos indica:  “(…) La Biblioteca instalada desde su fundación en el local, que también ocupaban las Oficinas  de la Inspección Municipal Sección 15° calle Acevedo 357 (…)”  El predio de la Subintendencia debía constar de varias entradas cada una con su propia  numeración: Acevedo 357, 361 y 373. A la Biblioteca le correspondió, en sus orígenes, la más cercana a Triunvirato (actual Av. Corrientes). La permanencia en este solar no era gratuita, así nos lo hace saber lo registrado en Acta del 30 de marzo de 1913: “Contribuir con la suma de cuarenta pesos mensuales por el alquiler de la Biblioteca (…)”    Desde sus inicios la actividad de la Biblioteca es vital e importante, leamos párrafos de algunas  de sus Actas:  “(…) á diez y siete de Octubre de mil novecientos diez (…) Se dispuso asimismo darle á la  Biblioteca el carácter de circulante entendiendo que así será posible difundir mayormente los  beneficios que preste.”  “En Buenos Aires a quince de abril del año mil novecientos doce (…) Destinar hasta la suma de  cuarenta pesos mensuales para encuadernación de libros. Autorizar la impresión de un índice  alfabético de autores de los libros existentes en número de quinientos ejemplares.”  “En Buenos Aires á los diez días del mes de Enero de mil novecientos catorce se resolvió lo  siguiente:  Primero: Aprobación de la adquisición de nueve libros de textos para uso de colegios  nacionales (…) Segundo: apruébase la encuadernación de varios tomos.”  En el barrio también se hacen compras de libros. En Acta del 10 de enero de 1915 se nos dice:  “Páguese á la casa Palumbo el importe de su factura de fecha Enero 8 del cte. que asciende a  la suma de $ 33,49 m/n por la adquisición de 168 volúmenes.”  Con respecto a la Librería Palumbo, tan viva en el recuerdo de los vecinos de Villa Crespo,  permaneció abierta hasta el año 2012 y se encontraba en Av. Corrientes 5457, entre Acevedo y  Gurruchaga, a escasos metros de la esquina donde se encuentra una Sucursal del Banco de la  Nación Argentina (Av. Corrientes 5401).  Es en esta sede inicial de Acevedo 357 donde se concreta el reconocimiento de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares en diciembre de 1915 y se da a conocer el Reglamento  General (hoy se diría Estatuto Social) en ese año.  Paso a trascribir algunos artículos de este Estatuto:  “Art. 3° - La Biblioteca estará abierta gratuitamente al público que desee frecuentar sus salas  de lectura y al solo efecto de su sostenimiento y adelanto, se admitirán subscriptores con la  cuota mínima de cincuenta centavos de moneda nacional.”  Art. 19 – En la Biblioteca funcionará una sección especial denominada Infantil a cuyo efecto la  Comisión cuidará de que en ella existan toda clase de textos escolares y libros de pasatiempo  para niños y niñas de edad escolar, así como toda clase de juegos instructivos, láminas,  aparatos y todo aquello que por su naturaleza influya en los sentimientos de los niños para  formar el carácter y desarrollar la inteligencia.”  Por cuestiones de economía, el Intendente municipal Don Joaquín Llambías (bajo su mandato  se construyó el Balneario Municipal) ordena el cierre de la Subintendencia en 1917.  La Biblioteca queda “en una situación crítica para poder arrendar por sí sola y sufragar los  gastos que demandaba el alquiler de toda la casa es decir $ 170 m/n mensuales.”  Los mismos protagonistas de esta compleja situación que son los miembros de Comisión  Directiva, nos informan:  “Hubo necesidad urgente de buscar nuevo local, no yá apropiado para el mejor  funcionamiento, pués era materialmente imposible encontrar otro que reuniera mejores  condiciones que el que actualmente posee y en carácter provisorio, el que por el cual se  arrienda en la suma de noventa pesos m/n mensuales, razones estas suficientes para tomarlas  en consideración y aprobándose en un todo el temperamento usado por el Señor Presidente  para éste efecto.”  El “Señor Presidente” que se hace mención es Don Julián Bourdeu, quien presidiera a la  Institución desde 1910 hasta 1917.  Todo indica que fue el 14 de julio que se desocupó el local de Acevedo 357, pues el propietario  del local reclama el pago del alquiler correspondiente al mes de junio y hasta el 14 de julio de  1917.    Gurruchaga 323  “(…)a los dos días del mes de Agosto de 1917 (…) El Señor Presidente de la Comisión dá cuenta  del traslado de la Biblioteca a su nuevo local Gurruchaga 323 (…)”    En agosto de 1917 la sede social ya está ubicada en la calle Gurruchaga 323. Aproximadamente  a unos ciento cincuenta metros de la Parroquia (Iglesia) de San Bernardo (Gurruchaga 171) y a  escasos metros de la Curtiembre (instalada en la manzana comprendida por las arterias  Gurruchaga -antes llamada Segurola-, Padilla, Murillo y Serrano). Por esos tiempos era la  “Curtiembre Villa Crespo”, a partir de 1919 es vendida y pasa a denominarse “Curtiembre La  Federal”.  El nuevo inmueble de la Biblioteca queda muy cerca de la sede anterior, aproximadamente  doscientos metros.  Con el paso de las semanas los trastornos económicos no disminuyen sino que se acrecientan.  A pesar de todos los inconvenientes económicos y el inconveniente de mudar el numeroso  acervo bibliográfico, documentación y demás papeles que lleva una Entidad importante, la  Biblioteca sigue abriendo sus puertas para sus asociados y no descuida el sector de atención al  público. Numerosos vecinos continúan visitándola en busca de un lugar donde estudiar y leer.  La actividad no disminuye. Se reciben notas de otras bibliotecas solicitando libros en donación  que la Biblioteca tuviera repetidos y, en muchos casos, se solicita copia del Estatuto Social para  basarse en él para la confección del suyo propio.  En Acta del 26 de agosto de 1917 se deja constancia de:  “Abonar al Señor Eugenio Sobralo la suma de cuarenta y cinco pesos moneda nacional por los  quince días de alquiler (del 15 al 30 del corriente) del local que ocupa la Biblioteca para luego  abonar los primeros de mes el alquiler correspondiente de pesos noventa moneda nacional.”  Los miembros de Comisión Directiva, presididos por Don Julián Bourdeu no desisten en su  accionar ni aun en los momentos críticos.  En Acta ya mencionada del 26 de agosto encontramos:  “Habiéndose resuelto en la reunión del día dos del corriente el concurso de vecinos  caracterizados de la localidad para dar mayor amplitud al progreso de la Institución (…) Se  toma conocimiento de haber enviado la nueva ubicación de la Biblioteca a los periódicos y  revistas siguientes: El Progreso – La voz del norte – Los Principios – Revista Popular La Nueva  Era – El Municipio – Boletín mensual de Estadística Municipal de B. Aires – Boletín de la  Asociación Argentina de Electro-Técnicos – Inter-América de Nueva York – y también a la  Comisión Protectora de Bibliotecas Populares y a la Sucursal N° 8 del Banco de la Nación  Argentina.”  El corazón es grande y las ganas inmensas pero el local es pequeño para albergar la gran  cantidad de volúmenes y dar asistencia a los lectores. No se dejan vencer. Las reuniones se  realizan en forma más cercanas.  “(…) a los veintinueve días del mes de Agosto del año mil novecientos diecisiete (…) Como el  local en que actualmente funciona la Biblioteca es bajo todo punto de vista reducido é  incomodo, para el mejor desempeño de su cometido se comisiona a los Señores Miembros  Don Emilio Cirio y Don Martín F. Quadri para hallar un local que pueda reunir más comodidad  (…)”  En Asamblea de fecha 12 de setiembre de 1917 el Presidente saliente Don Julián Bourdeu deja  bien en claro los peligros que amenazan a la Institución:  “(…) que ante la alternativa de entregar la Biblioteca a manos de personas desinteresadas o de  permitir que fuera absorbida por la Sub-Intendencia de Belgrano, la Comisión optó por dirigir  un llamado a un núcleo de vecinos caracterizados para conservar y dar impulso a la obra  empezada, fiel exponente de la cultura de la Parroquia.”  Tal cual lo dicho en Acta del dos de agosto esta sede era “en carácter provisorio”. Se  permanece allí solo dos meses. El 14 de setiembre de 1917 se realiza una nueva mudanza y al  día siguiente, 15, se abren las puertas de la Biblioteca en su nueva sede de Acevedo 373. Se  regresa así a escasos metros de la sede original, donde todo empezó. El inmueble reúne las  condiciones de comodidad para la atención a socios y público pero carece de luz eléctrica. 



eduardobolan@gmail.com

EL DÍA QUE LEONARDO PADURA VISITÓ VILLA CRESPO

EL DÍA QUE LEONARDO PADURA VISITÓ VILLA CRESPO
Por Eduardo Horacio Bolan
















En una de las tantas visitas que realiza a la Ciudad de Buenos Aires el destacado  escritor cubano Leonardo Padura, siempre requerido en la Feria Internacional del  Libro, en los medios gráficos y en los jurados literarios, supe hacerse de tiempo para  conocer una Biblioteca y eligió una de Villa Crespo.             

Ese jueves 27 de octubre de 2016 las puertas de la Biblioteca Popular Alberdi de Villa  Crespo se abrieron para recibir al escritor Leonardo Padura.  El Presidente de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares Prof.  Leandro de Sagastizábal, siempre dispuesto a que los autores se acerquen a los  lectores propuso al escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) que visite a  una de las Bibliotecas Populares más antiguas y prestigiosas de CABA, dentro del  marco de la Campaña de “Socios para la Lectura”, propulsada por CO.NA.BI.P.
Ese  jueves 27, acompañado por autoridades y miembros del Ministerio de Cultura de la  Nación y de la Secretaría de Cultura de la Nación, se hizo presente en el barrio de Villa  Crespo el creador de la saga de “Mario Conde”, personaje que comenzó siendo policía  cubano (“Pasado perfecto”, “Vientos de cuaresma”) y luego, ya retirado, sigue su  devenir como comprador y vendedor de libros (“Adiós Hemingway”, “Herejes”, “La  transparencia del tiempo”).
Sin duda la popularidad de Padura se catapultó con la  novela “El hombre que amaba a los perros”.  El autor vino acompañado de su esposa Lucía López Coll, también escritora y guionista.  Aprovecharon los primeros minutos para recorrer las instalaciones, y detenerse en los  libros que más les interesaban (muchos de ellos editados en Cuba). Miembros de  Comisión Directiva de la B P Alberdi le daban las explicaciones pertinentes de cómo  estaban organizados los anaqueles.          Padura, preocupado por el futuro de la documentación y de los libros en papel,  inquirió qué política al respecto seguía la Biblioteca. Se le explicó que, en especial, la  documentación, más que centenaria, de la B P Alberdi estaba siendo digitalizada pero  que todavía se confiaba en un futuro con ediciones en papel. 
Pronto la conversación se hizo más informal y derivó sobre socios, escritores más  leídos, obras más solicitadas.  A todo esto Lucía seguía interesada en los libros que pululan en las diversas  estanterías, ojeando determinados ejemplares, aquellos que más le habían llamado la atención.
A propósito, vale recordar la dedicatoria expresada en “El hombre…” donde  Padura sin pudor declara: “Treinta años después, todavía, para Lucía”  Luego de interesantes intercambios de opiniones sobre ediciones y autores se pasó a  la grabación del spot “Socios para la Lectura” para lo cual se puso una remera  confeccionada para la ocasión (aunque talle único, lo que le produjo, al colocársela,  una sonrisa franca al invitado pues le quedaba ajustada).   

TEXTUAL  
Dejo al mismo Padura para que se exprese con sus palabras:  
 “Yo soy Leonardo Padura, soy escritor. Vengo de Cuba y soy Socio de la Lectura.  Aunque eso es un poco mentira, yo realmente vivo de la lectura.  Yo creo que para mí, haber descubierto la lectura es haber descubierto el placer  dentro de los libros, es algo que me cambió la vida.  Cuando tenía entre 16 y 17 años el gran sueño de mi vida era ser jugador de beisbol.  Para nosotros, los cubanos, es una pasión, una parte de nuestra cultura, de la  espiritualidad cubana.         
Cuando descubrí que no iba a ser un buen jugador de beisbol, pues, quise ser  periodista deportivo, tampoco pude serlo porque no existía la carrera.  Terminé estudiando Literatura. Ahí comencé una vinculación mucho más profunda  como lector. Escribo porque he leído.  Y llegué a una biblioteca, de alguna forma parecida a esta. Ahí tuve mi primera  experiencia importante como lector “profesional”  Era la Biblioteca del Instituto Preuniversitario donde estudiaba.  Este Instituto Preuniversitario de “La Víbora” (así se llama esa zona residencial de La  Habana) tiene nombre de serpiente pero es un barrio muy hermoso.  El bibliotecario era un señor llamado Carlos. A mí me parecía un hombre viejo, debería  tener la edad que yo tengo ahora (61 años). 
Como era viejo, era sabio y como era bibliotecario era dos veces sabio.  Tenía la capacidad de saber cuándo un estudiante era un lector potencial.  A esos estudiantes Carlos les permitía algo que no era habitual, no se los permitía a  todos, y era que podíamos deambular por los estantes de libros, tocarlos, sacarlos y  leerlos.  Buscaba la forma de atraerlos y ponerlos en contactos con los libros. Eso era un paso  después de una cierta iniciación con la lectura que él sabía cómo inducirlo.           
Había estudiantes que le gustaba la poesía y sabía qué poetas buscarles.  En mi caso, Carlos descubrió que me gustaba mucho el mundo de la mitología griega.  Descubrí “La Ilíada” en mi primer curso de estudios preuniversitarios, era un resumen  de dos o tres de sus cantos.  - Carlos, cómo puedo enterarme cómo fue que pasó todo esto que he leído en el  resumen  - Pues hay un libro donde Homero cuenta toda esa historia.  Y me dio “La Ilíada”  - Y tú sabes que pasó después.  - Yo creo que está, vi una película.  Y me dio “La Odisea”  - Tú sabes que tengo la historia de Eneas.  Y me dio “La Eneida”  Así me fue buscando los caminos por los cuales para mí la lectura era no solamente  un agrado sino un apoyo.  Creo que este señor bibliotecario tuvo mucho que ver con la persona que soy.  Una Biblioteca puede ser simplemente un almacén de libros, un lugar donde estén los  ejemplares y son los bibliotecarios los que enlazan ese almacén a los lectores.  En un momento donde hay tantas atracciones, o distracciones, el trabajo de las  bibliotecas es cada vez más importante. 
Estoy convencido que entre un hombre que no lee y un hombre que lee, es mejor un  hombre que lee.”   

Luego siguieron más preguntas, una en especial sobre su preferencia por escritores  argentinos. Trató de mencionar a los ya fallecidos para no incurrir en olvidos de los que  editan actualmente.  Hacía pocos meses que Padura había obtenido el Premio Princesa de Asturias de las  Letras (2015) pero la Comisión Directiva de la B P Alberdi no se amilanó y le otorgó un  diploma donde se lo declara Socio Honorario de la Biblioteca. 

eduardobolan@gmail.com