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viernes, 4 de junio de 2021

 

VILLA CRESPO, ¿BARRIO REO?

  Por Eduardo Horacio Bolan

 

“Barrio piringundín, barrio malevo”,  recuerda Celedonio Flores, “¡Villa Crespo!... barrio reo” le hace decir Alberto Vacarezza a uno de sus personajes.  A pesar de algunos intentos de poetas y escritores no ha quedado registros, de gran relevancia, de guapos de armas  llevar que dejaran su marca en el barrio de Villa Crespo.

 

“Barrio de contras bravas”. Celedonio Flores

Aquellas quintas, potreros, talleres de ladrillos de la Circunscripción 15 se transforman en casitas bajas habitadas por obreros y sus familias. El vecindario es ocupado por “laburantes” que van a la “Fábrica” o a otros lugares de trabajo, chicos que caminan cuadras y cuadras para llegar a la escuela, jóvenes que en el mejor de los casos son aprendices de oficio o jornaleros, señoras que se esmeran por prepararle platos con comida, aunque sea sopa, a su familia.

Las calles son estrechas, de tierra, cuando llueve de barro, en algún caso empedradas con el sistema  “macadam” como en Rivera altura Avenida Canning. Son  conocidas con nombres de habitantes del lugar, denominadas en muchos casos con números y después, muy pronto, ya con nombres propios. Ya es la Parroquia de San Bernardo también llamada por los rematadores la villa de Crespo.

El paisaje va cambiando pero quedan arroyos, en especial el “cuneta rea”, el Arroyo Maldonado.

Para esos años de claroscuro de fin de un siglo y comienzo de otro un joven poeta observa el barrio, lo vive, y transforma su visión en poesía. Es Celedonio Esteban Flores (1896-1947). Supo ser, en su juventud, boxeador, en la categoría peso pluma. Pero sobre todo, poeta (admirador de Rubén Darío) y letrista de tangos. De su poema “Villa Crespo” extraigo su primera estrofa:

“Barrio piringundín, barrio malevo

donde aprendí a mancar la vida maula

en mis días papusos de purrete

compadrito y piernún, callao y taura.”

Comienza, Celedonio Flores, señalando a Villa Crespo como lugar de bailes de ínfima categoría, de mal vivir. Nos dice que aprendió a reconocer la vida engañosa en sus lindos días de chico que va creciendo. Él mismo se considera compadrito, pendenciero; piernún, activo, sagaz, listo; callao, es decir piedra moldeada por la erosión de los ríos y, en nuestro caso, de arroyos. También se dice taura o sea guapo.

En la siguiente estrofa confirma como etiqueta al barrio en su mirada de poeta:

“Barrio de contras bravas, tus hazañas

que rubricaron fieras puñaladas

deberían saberlas los mocosos

en la escuela tendrán que saberlas.”

Más adelante detalla lugares y personajes:

“La quinta de la Lunga, los perales

tentación de pandillas malandrasas (…)

La academia San Jorge, la academia…

donde cobraban cinco la bailada.

Si me habré compadriado mis chirolas

despatarrando cortes y quebradas.

El Mocho, el Cachafaz, Pata de Alambre,

David, la Portuguesa y el Lagaña;

Los hermanos Balijas y Fresedo

(El Pibe Paternal, de larga fama).”

Celedonio Flores 

Lugares y personajes de aquellos tiempos

En ese detalle que realiza Celedonio Flores de sitios y personajes, es necesario saber quiénes fueron. Allí voy:

“La quinta de la Lunga”. Quizá más que una quinta era un conventillo. Estaba ubicado en la calle Castro Barros 433, barrio de Almagro, y el lugar era conocido como “María la Lunga”. En décadas pasadas memoriosos que recuerdan de otros con mucha memoria que eran comunes las riñas entre los asistentes a “lo de la Lunga”.

Estos evocadores también aseguran que la Rubia Mireya no es un personaje sino que fue una mujer de carne y hueso y que se hospedaba en el conventillo de María la Lunga.

“La academia San Jorge”. Este salón de baile estaba ubicado en la calle Thames 583. Es importante destacar que se encontraba en esa calle, ya que ella corre paralela al Arroyo Maldonado. Esta academia de baile abría sus puertas los sábados y domingos y, tal como dice Celedonio, la pieza costaba cinco centavos m/n. Por registros policiales se sabe que allí eran comunes enfrentamientos entre “gente de mal vivir”.

Celedonio deja bien en claro que esa es “la academia”, la más importante de todas. No era la única del barrio, había muchas más. Esos espacios eran conocidos no solo como “academias” sino también como  “patios”y a los lugares más elegantes se los calificaba “salones”. Otra academia donde había encontronazos era la ubicada en Canning (Scalabrini Ortiz) 812, a pocos metros de la esquina con Castillo. Otro “patio” de baile estaba emplazado en Acevedo 130. En la calle Darwin, entre Aguirre y Loyola, estaba situado otro de estos “patios”, en este caso sí se le puede decir patio ya que estaba a cielo abierto y lo engalanaba una planta de parra. Luego se mudó a Gurruchaga 574. En estos últimos casos había que pagar entrada, la cual oscilaba entre 30 centavos m/n hasta 1,50 pesos m/n. En la mayoría de los casos los hombres aprendían a bailar tangos con profesores hombres, por lo tanto se bailaba entre hombres. Los músicos presentes tocaban el bandoneón, la guitarra y en algunos casos el violín.

Celedonio Flores menciona personas que casi con seguridad conoció, estos son:

“El Mocho”, “el Cachafaz”, “David”, “La Portuguesa”. Seudónimos de personas verdaderas que existieron y supieron alegrar a los concurrentes de los bailongos.

El nombre verdadero de “el Mocho”, llamado así porque le faltaba un dedo, era David Undarz, oriundo de Avellanada, y su compañera de la vida y de baile era Amelia, con el apelativo de la Portuguesa. Supieron brillar entre 1915 y 1930 en el entonces cabaret Royal Pigall (donde también se lucía Tito Lusiardo), ubicado en, la todavía angosta, Corrientes 825. Funcionaba en el vestíbulo del Teatro Royal,  que en 1924 sería renombrado Tabarís.

El tango “Milonguita” con letra de Samuel Linning dice:

“Esthercita

hoy te llaman Milonguita

flor de noche y de placer

flor de lujo y cabaret (…)

Cuando sales por la madrugada

Milonguita, de aquel cabaret (…)”

Los estudiosos de las letras de tango aseguran que el cabaret que se hace mención es el Royal Pigall.

 “El Cachafaz”. En lunfardo quiere decir pícaro, sinvergüenza, bribón. Su verdadero nombre era Ovidio José Bianquet (1882-1942) y había nacido en el barrio porteño de Boedo. Es el mayor exponente del bailarín compadrito porteño, supe brillar tanto en esta ciudad como en París.



“El Lagaña”. Fue uno de los pseudónimos de Anselmo Aieta (1896-1964), compositor y bandoneonista, autor de tangos como “Siga el Corso” y el vals criollo “Palomita Blanca”.

“Los hermanos Balijas”. Eran tres hermanos, de apellido Servidio, que Villa Crespo los acunó al nacer. El mayor fue Luis (1895-1961) y luego vendría José (1900-1969) el más famoso y el de mayor actuación de los hermanos. Por último se incorporaría el menor, Alfredo. El apodo Balija se lo ganó José ya que portaba su bandoneón en una valija… tan grande como él. José fue compañero en sus inicios de “El Lagaña” Aieta; integró muchas orquestas, entre ellas las de Osvaldo Fresedo.

“Fresedo (El Pibe Paternal)”. Se refiere al compositor y director de orquesta de tango Osvaldo Nicolás Fresedo (1897-1984), nacido en el barrio de La Paternal.

Celedonio Flores, en el mencionado poema “Villa Crespo”, también nombra a “El Café Venturita”, ubicado en ese barrio donde actuaba el trío compuesto por  Francisco Canaro (violín), Augusto Berto (bandoneón) y Domingo Salerno (guitarra). Además recuerda: “Los matinés y los bailes de Peracca”

 


Salón Peracca. Enrique Cadícamo

En 1890 se había instalado el “Salón Villa Crespo” donde eran frecuentes las reuniones culturales. Al comprar José Peracca este establecimiento cambia su denominación, será “Salón Peracca”, y su objeto social, pasa a ser salón de bailes, especialmente de tango.

Enrique Cadícamo escribió el poema “Salón Peracca” donde, como dato al margen, menciona que el bandoneonista que amenizaba la velada era “Mascarita”. Con este apodo era conocido el hermano de Paquita “La Flor de Villa Crespo” Bernardo.


En diversas estrofas, Cadícamo, relata un hecho policial, con muerte incluída, ocurrido en el Peracca. Lo sintetizo:

“(…) que a la entrada

eran palpados de arma,

siempre había alguna alarma

porque alguno se zafaba.

Volaban sillas y mesas (…)

La noche, cuando aquel mozo,

mató de un tiro al ladrón,

no lo hizo de matón

ni tampoco de alevoso.

El ladrón, a quien llamaban

El Rana, de sobrenombre (…)

sacó un revólver

pero el rival, le ganó,

sacó también y apuntó

un balazo tan medido,

que el ladrón quedó tendido

y ni un suspiro exhaló.”

Otro poema de Enrique Cadícamo, “El Maceta y El Títere”, detalla otro encontronazo entre guapos.

“De la barra de Ítalo, guapo de Villa Crespo,

era el protagonista de la hazaña que narro.

Lo llamaban El Títere y su oficio

era ponerle llantas a los carros.

Supo que en el Abasto, roncaba otro pesado,

con corazón de taura y músculos de atleta.

Una serie de hechos, ya habían consagrado

a este hombre, al que todos, laman El Maceta.

´De allá de Villa Crespo, he llegado atraído

por su cartel de taura que ya se lee de lejos

y como yo soy guapo, esta noche he venido

a llevarme su fama o a dejar mi pellejo´ (…).”

En esta ocasión, luego de las presentaciones amenazantes y de los consabidos desafíos, esta vez a la baraja, y disparo de por medio, concluye en amistad. Esta, sin duda, es una historia auténtica.

 

El cuchillo. Borges

El compañero casi exclusivo de los guapos es el cuchillo. Jorge Luis Borges lo retrató y le dio protagonismo en numerosas ocasiones, como en su cuento “El Sur” (Ficciones, 1944), también en numerosos poemas pero no voy a abrumar al lector, cito solo un par:

“Dónde estará el malevaje

que fundó en polvorientos callejones

de tierra o en perdidas poblaciones

la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,

dejando a la epopeya un episodio,

una fábula al tiempo, y que sin odio,

lucro o pasión de amor se acuchillaron”

(El Tango, “Sur”, 1958; Recopilado en “El otro, el mismo”, 1964)

En la “Milonga de Jacinto Chiclana” nos dice:

“algo se dijo también

de una esquina y de un cuchillo (…)

el choque de hombres o sombras

y esa víbora, el cuchillo.”

 

¿Barrio reo?

Variados poetas, muchos poemas pero ¿Villa Crespo, fue barrio de malevos?

Nos imaginamos a los guapos orilleros. Celedonio Flores seguramente los habrá visto en algunos piringundines de la calle Thames, cercana al Arroyo Maldonado (“cuneta rea” lo apodó), que para los vecinos villacrespenses, o quizá para los poetas, de fines del XIX era como la orilla, lo marginal.

No han quedado registros de duelos a cuchillo entre guapos, en la Circunscripción 15 o en la Parroquia de San Bernardo. Que no haya registro no quiere decir que no hayan existido. Los habrá habido, porque, claro, “nunca faltan encontrones cuando el pobre se divierte”, le hacía decir José Hernández al Sargento Cruz, personaje de “El Gaucho Martín Fierro” (1872). Esta expresión se repite casi idéntica, “Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte”, en el tango “Tres amigos” con letra y música de Enrique Cadícamo.

Seguramente el malevo que más ha perdurado en la memoria villacrespense, el más conocido, es el personaje creado por Alberto Vacarezza para su sainete “El Conventillo de la Paloma”. Es el malevo “Villa Crespo” que nos dice:

“¡Villa Crespo!... barrio reo

el de las calles estrechas

y las casitas mal hechas

que eras lindo por lo feo (…)”

 


 

 

 

domingo, 10 de mayo de 2020

ALBERTO VACAREZZA (2º parte)


Alberto Vacarezza (segunda parte)
Por Eduardo Horacio Bolan

Con la obtención del premio mayor con el sainete “Los escrushantes” deja de lado los trabajos donde se sentía incómodo y se dedica a la carrera de autor de teatro y de numerosas obras literarias.

Prolífico autor
Alberto Vacarezza supera largamente el centenar de obras teatrales escritas, entre sainetes, dramas, comedias y más sainetes. Se aumenta a doscientas su cantidad autoral contando guiones de películas, como poeta, como letrista de tangos y zambas. Carlos Gardel, por solo mencionar al más grande, le grabó trece temas. Sus obras teatrales fueron y siguen siendo representadas continuamente y no solo “El conventillo de la Paloma”.
Muchos críticos y público en general consideran a sus sainetes extremadamente sentimentales y ven a sus personajes muy caricaturescos y consideran que trata a las figuras extranjeras en forma xenófoba. Lo que puede asegurarse es que escribió para emocionar y hacer reír, en las situaciones conflictivas sus personajes no “llegan a mayores”, muchos se redimen. Su obra es popular, en el sentido de masivo, de conocer la vida cotidiana y de concretarlo con su arte en forma sencilla y así saber llegar a ese gran público.

 Alberto Vacarezza

Sabiduría popular campestre
De sus años vividos durante su adolescencia en el campo, por mandato familiar (de su padre), Alberto Vacarezza guardó en sus entrañas un gran respeto por la vida campestre y por su gente. Lo dejó plasmado en numerosas obras con temática de melodrama rural y por sobre todo en el libro “La Biblia Gaucha” (editado en 1936). Bajo este rimbombante título reúne dos de sus obras camperas: “Refranes y consejos del viejo Irala” y “El romance de Ciriano Ponce”. El primer título alude sin duda alguna a los consejos vertidos por “el Viejo Vizcacha” personaje de “La Vuelta de Martín Fierro” de José Hernández. Con Vacarezza el personaje es Irala: “Era un viejito barbudo (…) los pelos sabían taparlo (…) que pa´verle la nariz/era preciso soplarlo”. Pero el viejo Irala no es cínico sino que sus consejos, con la moral campera de aquellos tiempos, son como los de un padre a sus hijos: “Al nacer como al morir/los hombre semos iguales”, “No es más rico el que más tiene/sino el que vive con menos”. Está escrito en sextinas al mejor estilo del “Martín Fierro”. La sextina es una composición poética donde la estrofa se compone de seis versos, que, generalmente, riman en sus diferentes variantes.
En el caso de “El romance de Ciriano Ponce” está escrito en oncavillas (estrofas en ocho versos). Es una novela en verso con tintes folletinescos propios de la época. Ciriano es trabajador, que se compadece y ayuda a los pobres paisanos que son estafados por truhanes en complicidad, muchas veces, con la ley (policías, jueces). Ciriano Ponce dixit: “(…) Cuando vaya a entregarle mi alma  a Dios/ ricuerden estas palabras:/ ¡El trabajo y el amor!/Lo demás… ¡no vale nada!”


El Sainete y sus éxitos
Después del premio obtenido con “Los escrushantes” (1911) siguió escribiendo obras con la temática de una de sus grandes pasiones: el sainete. Nombrar todas es para otro tipo de artículo, basta con recordar las que más se relacionan con Villa Crespo.
En 1920 estrena el sainete “Tu cuna fue un conventillo”, en el Teatro Nacional (Av. Corrientes 960) de Pascual Carcavallo y con la Compañía actoral integrada por Luis Arata (1895-1967), Leopoldo Simari (1889-1941) y José Franco (1886-1966). Entre los personajes sobresalen “Maldonado” (interpretado por Luis Arata), compadrito que estuvo en la cárcel; “El Gallo”; el “gallego Palomo”; “Don Antonio” (Leopoldo Simari) “tano” que administra el conventillo; “Rancagua” (José Franco) criollo que “vive” de la guitarra y de la milonga y que descuida a su novia “Filomena”; “Encarnación” la esposa del “gallego Palomo” y que es asediada por el “tano Antonio”. Otro tanto sucede con “Rosalía” (interpretada por la actriz Berta Gangloff, esposa de Luis Arata en la vida real) por la cual se pelean “Maldonado” y “El Gallo”. Hay conflictos tragicómicos habladas en jergas varias pero, en general, todo se resuelve de la mejor manera.
Con “El Conventillo de la Paloma”, Alberto Vacarezza logra, sin duda, el mayor de sus éxitos teatrales. Su estreno se produjo en el año 1929 en el Teatro Nacional.
Vacarezza reitera el argumento de sus otros tantos sainetes y quienes van a ver sus obras hasta pueden adivinar lo que dirán sus personajes y, sin embargo, el público le es fiel y asiste a las presentaciones.
“Paloma” es un fuerte personaje alrededor del cual giran las otras figuras. Los hombres del conventillo, ubicado en el barrio de Villa Crespo, se sienten atraídos por “Paloma” y la llenan  de “piropos”, la halagan. Sus esposas desean que ella se marche del lugar. “Villa Crespo” tiene la idea que las mujeres mientan a sus maridos diciendo que ellas se sienten atraídas por otros hombres para crearles celos y no se fijen tanto en “Paloma”. Aquí entra en escena “Nueve de Julio”, guapo malandrín, que llega al conventillo y reconoce a su antigua querida que no es otra que “Paloma”. “Villa Crespo” logra echar a “Paseo de Julio” y las mujeres abrazan a “Villa Crespo” para dar celos a los maridos. “Paseo de Julio”, tiempo después, regresa al conventillo acompañado de otros malandras como él. Se escuchan unos disparos y regresa solo “Villa Crespo” quien declara su amor a “Paloma”. Todos los matrimonios, finalmente, se reconcilian.
En “Tu cuna fue un conventillo” es “Maldonado” el guapo prepotente mientras que aquí el malevo es “Paseo de Julio”, el representante del Bajo porteño, pero las situaciones son similares.
En 1931 estrenará “El conventillo del Gavilán” con “Palermo” y “Puente Alsina” como alguno de sus tantos personajes y similares situaciones.


Vida privada/pública
Fue amante de la vida bohemia aunque supo formar una familia.
Fue admirador del gobierno peronista (1945/1955) y muy cercano al Gral. Perón.
Llegó a desempeñar la presidencia de Argentores (la Sociedad de Autores fundada en 1910) y de la Casa del Teatro.

Leer a Vacarezza
Alberto Vacarezza, que fallece en 1959, dejó un amplio abanico de posibilidades para que podamos leerlo. No dejemos pasar la oportunidad.

eduardobolan@gmail.com




domingo, 19 de enero de 2020

ALBERTO VACAREZZA (1º parte)


Alberto Vacarezza (1º parte)
Nacido en el barrio de Almagro muy pronto dirigió su saber y su arte al de Villa Crespo.

Su infancia
Nace con el nombre que le pusieron sus  padres: Alberto Bartolomé Ángel Venancio y de apellido Vaccarezza. El almanaque marcaba 1º de abril de 1886 y abrió sus ojos en Almagro, barrio de Buenos Aires, cerca de lo que hoy se conoce con los nombres de Av. Corrientes (en esos años Corrientes, a secas) y Gascón (en 1886 los vecinos la conocían como Vélez Sarsfield, Sáenz -denominaciones anteriores- o Gazcón, así con zeta).
El pequeño Vaccarezza fue compañero de escuela primaria de Armando Discépolo (1887-1971), sí, el hermano de Enrique Santos, conservaron la amistad toda la vida, además de la visión por esos habitantes tan peculiares que poblaban los conventillos y las calles de ese Buenos Aires de fin de siglo XIX y comienzos del XX.

Casi Doctor
Sus padres lo compelían a seguir la carrera de abogado, algo que Alberto lo veía como una obligación.
Pasó una temporada en el campo. En este ámbito supo observar y aprender el habla y las costumbres de su gente, posteriormente lo plasmaría en varios libros con tinte criollo. Llegó a apreciar la vida campestre pero comprendió que la vida nocturna y la bohemia era lo que en realidad le gustaba a él.
Se interesó por la literatura y a leer. Al poco tiempo ya escribía esbozos de las personas (personajes y costumbres) que veía en la calle. Leía en voz alta sus escritos iniciales ante el regocijo de sus amigos.
Claro, pronto se enamoró ((tuvo una novia que vivía por el Abasto) y comenzaron los versos de amor. No se sentía conforme con esa literatura y, menos aun, sus amigos “de la noche”. Años de adolescencia.
La familia que conformaba ya se había mudado a Triunvirato (Av. Corrientes al 5300, casi enfrente donde hoy se encuentra el Cuartel VI de los Bomberos de Villa Crespo,) y eran propietarios de una talabartería para satisfacer las demandas del transporte, todavía, de tracción a sangre (caballos). Eran los años del “nacimiento” y crecimiento de un barrio que, desde 1888, era conocido por su Fábrica Nacional de Calzado.
La vida bohemia de Alberto Vaccarezza era distendida pero debía trabajar. Un amigo le consigue el cargo de Secretario en el Juzgado de Paz Nº 31 ubicado en Triunvirato (hoy Av. Corrientes) y Canning (hoy Av. Scalabrini Ortiz).
Este tipo de Juzgado funcionaba donde no había ningún Juzgado de primera instancia y era ejercido por un vecino destacado, sin obligación de ser abogado. Eran para casos menores, casi siempre concluían en conciliación entre los litigantes.
A Vaccarezza lo sorprendía que el Juez diera la razón a los diferentes vecinos que pleiteaban, a pesar de que, precisamente, eran de opiniones e intereses opuestos. No solo observaba al peculiar “Usía” sino el comportamiento y vocablo de los vecinos que se presentaban para dirimir sus cuestiones.
Todo lo vivido y registrado lo trasladó a sus incipientes escritos.
Con sus amigos conformó el grupo actoral amateur filodramático “La Lira de Orfeo”. En este equipo se encontraba Carlos Perelli (1896-1960), futuro actor profesional de teatro y cine quien se casaría con Milagros de la Vega, reconocida actriz dramática.

Vaccarezza y su comienzo en el Sainete

Sus padres no estaban conformes con el camino que transitaba su hijo, pero su amor por el mundo teatral pudo más.
Con 17 años Alberto y el grupo filodramático ensayaban en la Sociedad Italiana de Socorros Mutuo “Il Risorgimiento” de Villa Crespo el primer sainete escrito por Vaccarezza cuyo título es “El Juzgado”.
Su estreno oficial fue en una noche del mes de mayo de 1903 en el hoy desaparecido salón “El Arte” ubicado en Cuyo (hoy Sarmiento) y Paraná.
Luego vinieron sus obras de motivos campestres que tan bien había conocido: “La noche del forastero”, luego, siempre con el grupo “La Lira de Orfeo” estrenaron “Para los gauchos, querencia”, “Yerba mala” y otras obras con temática de melodrama rural.
La vida, siempre sabia, le hace sentir en sus bolsillos que no podía vivir de sus obras teatrales y probó diversas ocupaciones para vivir, pero sin estar convencido, solo para hacerles caso a sus progenitores.
Una de las formas de intentar vivir con un trabajo “rentable” fue el de rematador de muebles. Con su acostumbrado humor y ocurrencias los llamaba “Luis catre” pues eran de dudosa calidad en comparación de los que se vendían en esos años a comienzo del siglo XX que eran los estilos Luis XV y Luis XVI.
Conocedor de su potencial artístico presenta su obra “Los escrushantes” (vocablo del lunfardo: delincuente que utiliza la violencia contra puertas, ventanas y/o cajas fuertes), en el concurso que promovía Pascual Carcavallo (1880-1948), empresario italiano director del teatro “El Nacional” (Av. Corrientes 960). Era un sainete lírico en un acto y tres cuadros.
Ganó el primer premio y a partir de ese momento decidió que viviría de su talento como autor.
Decidió que su nombre artístico fuera Alberto Vacarezza (con una sola c).



Aclaraciones necesarias
La mayoría de sus aspectos de su infancia y juventud se conoce por el discurso, hasta el momento no fue editado, que manifestara para la Casa del Teatro (entidad fundada en 1938). No se conoce la fecha que lo efectuó pero se puede determinar que sería desde la segunda mitad de la década del ´40 a principios de los ´50.
En uno de los pasajes del discurso, Vacarezza, afirma: “En una Sala de Almagro, alquilada al efecto, se ensayó mi primer sainete que titulé El juzgado.”
Eran tiempos de la creación de los barrios en terrenos recientemente incorporados a la Capital Federal y no se distinguían bien los límites de cada uno.
Sabemos que fue en “Il Risorgimiento” y esta Sala se encontraba en Villa Crespo.

                                                                               Por Eduardo Horacio Bolan