viernes, 4 de junio de 2021

 

VILLA CRESPO, ¿BARRIO REO?

  Por Eduardo Horacio Bolan

 

“Barrio piringundín, barrio malevo”,  recuerda Celedonio Flores, “¡Villa Crespo!... barrio reo” le hace decir Alberto Vacarezza a uno de sus personajes.  A pesar de algunos intentos de poetas y escritores no ha quedado registros, de gran relevancia, de guapos de armas  llevar que dejaran su marca en el barrio de Villa Crespo.

 

“Barrio de contras bravas”. Celedonio Flores

Aquellas quintas, potreros, talleres de ladrillos de la Circunscripción 15 se transforman en casitas bajas habitadas por obreros y sus familias. El vecindario es ocupado por “laburantes” que van a la “Fábrica” o a otros lugares de trabajo, chicos que caminan cuadras y cuadras para llegar a la escuela, jóvenes que en el mejor de los casos son aprendices de oficio o jornaleros, señoras que se esmeran por prepararle platos con comida, aunque sea sopa, a su familia.

Las calles son estrechas, de tierra, cuando llueve de barro, en algún caso empedradas con el sistema  “macadam” como en Rivera altura Avenida Canning. Son  conocidas con nombres de habitantes del lugar, denominadas en muchos casos con números y después, muy pronto, ya con nombres propios. Ya es la Parroquia de San Bernardo también llamada por los rematadores la villa de Crespo.

El paisaje va cambiando pero quedan arroyos, en especial el “cuneta rea”, el Arroyo Maldonado.

Para esos años de claroscuro de fin de un siglo y comienzo de otro un joven poeta observa el barrio, lo vive, y transforma su visión en poesía. Es Celedonio Esteban Flores (1896-1947). Supo ser, en su juventud, boxeador, en la categoría peso pluma. Pero sobre todo, poeta (admirador de Rubén Darío) y letrista de tangos. De su poema “Villa Crespo” extraigo su primera estrofa:

“Barrio piringundín, barrio malevo

donde aprendí a mancar la vida maula

en mis días papusos de purrete

compadrito y piernún, callao y taura.”

Comienza, Celedonio Flores, señalando a Villa Crespo como lugar de bailes de ínfima categoría, de mal vivir. Nos dice que aprendió a reconocer la vida engañosa en sus lindos días de chico que va creciendo. Él mismo se considera compadrito, pendenciero; piernún, activo, sagaz, listo; callao, es decir piedra moldeada por la erosión de los ríos y, en nuestro caso, de arroyos. También se dice taura o sea guapo.

En la siguiente estrofa confirma como etiqueta al barrio en su mirada de poeta:

“Barrio de contras bravas, tus hazañas

que rubricaron fieras puñaladas

deberían saberlas los mocosos

en la escuela tendrán que saberlas.”

Más adelante detalla lugares y personajes:

“La quinta de la Lunga, los perales

tentación de pandillas malandrasas (…)

La academia San Jorge, la academia…

donde cobraban cinco la bailada.

Si me habré compadriado mis chirolas

despatarrando cortes y quebradas.

El Mocho, el Cachafaz, Pata de Alambre,

David, la Portuguesa y el Lagaña;

Los hermanos Balijas y Fresedo

(El Pibe Paternal, de larga fama).”

Celedonio Flores 

Lugares y personajes de aquellos tiempos

En ese detalle que realiza Celedonio Flores de sitios y personajes, es necesario saber quiénes fueron. Allí voy:

“La quinta de la Lunga”. Quizá más que una quinta era un conventillo. Estaba ubicado en la calle Castro Barros 433, barrio de Almagro, y el lugar era conocido como “María la Lunga”. En décadas pasadas memoriosos que recuerdan de otros con mucha memoria que eran comunes las riñas entre los asistentes a “lo de la Lunga”.

Estos evocadores también aseguran que la Rubia Mireya no es un personaje sino que fue una mujer de carne y hueso y que se hospedaba en el conventillo de María la Lunga.

“La academia San Jorge”. Este salón de baile estaba ubicado en la calle Thames 583. Es importante destacar que se encontraba en esa calle, ya que ella corre paralela al Arroyo Maldonado. Esta academia de baile abría sus puertas los sábados y domingos y, tal como dice Celedonio, la pieza costaba cinco centavos m/n. Por registros policiales se sabe que allí eran comunes enfrentamientos entre “gente de mal vivir”.

Celedonio deja bien en claro que esa es “la academia”, la más importante de todas. No era la única del barrio, había muchas más. Esos espacios eran conocidos no solo como “academias” sino también como  “patios”y a los lugares más elegantes se los calificaba “salones”. Otra academia donde había encontronazos era la ubicada en Canning (Scalabrini Ortiz) 812, a pocos metros de la esquina con Castillo. Otro “patio” de baile estaba emplazado en Acevedo 130. En la calle Darwin, entre Aguirre y Loyola, estaba situado otro de estos “patios”, en este caso sí se le puede decir patio ya que estaba a cielo abierto y lo engalanaba una planta de parra. Luego se mudó a Gurruchaga 574. En estos últimos casos había que pagar entrada, la cual oscilaba entre 30 centavos m/n hasta 1,50 pesos m/n. En la mayoría de los casos los hombres aprendían a bailar tangos con profesores hombres, por lo tanto se bailaba entre hombres. Los músicos presentes tocaban el bandoneón, la guitarra y en algunos casos el violín.

Celedonio Flores menciona personas que casi con seguridad conoció, estos son:

“El Mocho”, “el Cachafaz”, “David”, “La Portuguesa”. Seudónimos de personas verdaderas que existieron y supieron alegrar a los concurrentes de los bailongos.

El nombre verdadero de “el Mocho”, llamado así porque le faltaba un dedo, era David Undarz, oriundo de Avellanada, y su compañera de la vida y de baile era Amelia, con el apelativo de la Portuguesa. Supieron brillar entre 1915 y 1930 en el entonces cabaret Royal Pigall (donde también se lucía Tito Lusiardo), ubicado en, la todavía angosta, Corrientes 825. Funcionaba en el vestíbulo del Teatro Royal,  que en 1924 sería renombrado Tabarís.

El tango “Milonguita” con letra de Samuel Linning dice:

“Esthercita

hoy te llaman Milonguita

flor de noche y de placer

flor de lujo y cabaret (…)

Cuando sales por la madrugada

Milonguita, de aquel cabaret (…)”

Los estudiosos de las letras de tango aseguran que el cabaret que se hace mención es el Royal Pigall.

 “El Cachafaz”. En lunfardo quiere decir pícaro, sinvergüenza, bribón. Su verdadero nombre era Ovidio José Bianquet (1882-1942) y había nacido en el barrio porteño de Boedo. Es el mayor exponente del bailarín compadrito porteño, supe brillar tanto en esta ciudad como en París.



“El Lagaña”. Fue uno de los pseudónimos de Anselmo Aieta (1896-1964), compositor y bandoneonista, autor de tangos como “Siga el Corso” y el vals criollo “Palomita Blanca”.

“Los hermanos Balijas”. Eran tres hermanos, de apellido Servidio, que Villa Crespo los acunó al nacer. El mayor fue Luis (1895-1961) y luego vendría José (1900-1969) el más famoso y el de mayor actuación de los hermanos. Por último se incorporaría el menor, Alfredo. El apodo Balija se lo ganó José ya que portaba su bandoneón en una valija… tan grande como él. José fue compañero en sus inicios de “El Lagaña” Aieta; integró muchas orquestas, entre ellas las de Osvaldo Fresedo.

“Fresedo (El Pibe Paternal)”. Se refiere al compositor y director de orquesta de tango Osvaldo Nicolás Fresedo (1897-1984), nacido en el barrio de La Paternal.

Celedonio Flores, en el mencionado poema “Villa Crespo”, también nombra a “El Café Venturita”, ubicado en ese barrio donde actuaba el trío compuesto por  Francisco Canaro (violín), Augusto Berto (bandoneón) y Domingo Salerno (guitarra). Además recuerda: “Los matinés y los bailes de Peracca”

 


Salón Peracca. Enrique Cadícamo

En 1890 se había instalado el “Salón Villa Crespo” donde eran frecuentes las reuniones culturales. Al comprar José Peracca este establecimiento cambia su denominación, será “Salón Peracca”, y su objeto social, pasa a ser salón de bailes, especialmente de tango.

Enrique Cadícamo escribió el poema “Salón Peracca” donde, como dato al margen, menciona que el bandoneonista que amenizaba la velada era “Mascarita”. Con este apodo era conocido el hermano de Paquita “La Flor de Villa Crespo” Bernardo.


En diversas estrofas, Cadícamo, relata un hecho policial, con muerte incluída, ocurrido en el Peracca. Lo sintetizo:

“(…) que a la entrada

eran palpados de arma,

siempre había alguna alarma

porque alguno se zafaba.

Volaban sillas y mesas (…)

La noche, cuando aquel mozo,

mató de un tiro al ladrón,

no lo hizo de matón

ni tampoco de alevoso.

El ladrón, a quien llamaban

El Rana, de sobrenombre (…)

sacó un revólver

pero el rival, le ganó,

sacó también y apuntó

un balazo tan medido,

que el ladrón quedó tendido

y ni un suspiro exhaló.”

Otro poema de Enrique Cadícamo, “El Maceta y El Títere”, detalla otro encontronazo entre guapos.

“De la barra de Ítalo, guapo de Villa Crespo,

era el protagonista de la hazaña que narro.

Lo llamaban El Títere y su oficio

era ponerle llantas a los carros.

Supo que en el Abasto, roncaba otro pesado,

con corazón de taura y músculos de atleta.

Una serie de hechos, ya habían consagrado

a este hombre, al que todos, laman El Maceta.

´De allá de Villa Crespo, he llegado atraído

por su cartel de taura que ya se lee de lejos

y como yo soy guapo, esta noche he venido

a llevarme su fama o a dejar mi pellejo´ (…).”

En esta ocasión, luego de las presentaciones amenazantes y de los consabidos desafíos, esta vez a la baraja, y disparo de por medio, concluye en amistad. Esta, sin duda, es una historia auténtica.

 

El cuchillo. Borges

El compañero casi exclusivo de los guapos es el cuchillo. Jorge Luis Borges lo retrató y le dio protagonismo en numerosas ocasiones, como en su cuento “El Sur” (Ficciones, 1944), también en numerosos poemas pero no voy a abrumar al lector, cito solo un par:

“Dónde estará el malevaje

que fundó en polvorientos callejones

de tierra o en perdidas poblaciones

la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,

dejando a la epopeya un episodio,

una fábula al tiempo, y que sin odio,

lucro o pasión de amor se acuchillaron”

(El Tango, “Sur”, 1958; Recopilado en “El otro, el mismo”, 1964)

En la “Milonga de Jacinto Chiclana” nos dice:

“algo se dijo también

de una esquina y de un cuchillo (…)

el choque de hombres o sombras

y esa víbora, el cuchillo.”

 

¿Barrio reo?

Variados poetas, muchos poemas pero ¿Villa Crespo, fue barrio de malevos?

Nos imaginamos a los guapos orilleros. Celedonio Flores seguramente los habrá visto en algunos piringundines de la calle Thames, cercana al Arroyo Maldonado (“cuneta rea” lo apodó), que para los vecinos villacrespenses, o quizá para los poetas, de fines del XIX era como la orilla, lo marginal.

No han quedado registros de duelos a cuchillo entre guapos, en la Circunscripción 15 o en la Parroquia de San Bernardo. Que no haya registro no quiere decir que no hayan existido. Los habrá habido, porque, claro, “nunca faltan encontrones cuando el pobre se divierte”, le hacía decir José Hernández al Sargento Cruz, personaje de “El Gaucho Martín Fierro” (1872). Esta expresión se repite casi idéntica, “Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte”, en el tango “Tres amigos” con letra y música de Enrique Cadícamo.

Seguramente el malevo que más ha perdurado en la memoria villacrespense, el más conocido, es el personaje creado por Alberto Vacarezza para su sainete “El Conventillo de la Paloma”. Es el malevo “Villa Crespo” que nos dice:

“¡Villa Crespo!... barrio reo

el de las calles estrechas

y las casitas mal hechas

que eras lindo por lo feo (…)”

 


 

 

 

IGNACIO WARNES

 

IGNACIO WARNES

 Por Eduardo Horacio Bolan

Warnes es mucho más que el nombre de una avenida. Recuerda el apellido de un héroe de la Independencia. Hoy, este apellido, tiene presencia en Villa Crespo.

 

Busto realizado por el artista Miguel Warnes

Una familia en el Buenos Aires prerevolucionario

Como era costumbre en esa época, dentro de una familia con cierta holgura económica, al recién nacido lo denominaron con tres nombres y dos apellidos: Ignacio José Javier Warnes García de Zúñiga.

Ignacio nació el 27 de noviembre de 1770 (hay historiadores que plantean fechas diferentes) poco antes de instaurarse el Virreinato del Río de la Plata (1776)

Ya tenía un hermano mayor, Manuel José, también criollo.

Luego vendrían Manuela, Martina y Martín José.

El padre de estos hermanos era un comerciante español Manuel Antonio José Warnes, con orígenes familiares irlandeses, afincado en Buenos Aires que había contraído segundas nupcias con la criolla porteña Ana Jacoba García de Zúñiga.

 

Años turbulentos

El padre Manuel Antonio fue nombrado Alcalde del Cabildo de Buenos Aires en dos oportunidades.

Dos de los hermanos varones, Ignacio y Martín, siguiendo el mandato familiar, tomaron como camino la carrera militar. El mayor (Manuel), seguramente también siguiendo el mandato familiar, tomó los hábitos y se doctoró en teología.

Las hermanas mujeres se casaron con militares.

Manuela Josefa con el general chileno José Joaquín Prieto, que llegaría a ser dos veces Presidente de Chile.

Martina Josefa Celestina contrajo nupcias con el marino español Baltasar Unquera, destacado combatiente en las Invasiones Inglesas.

En 1810, con el estallido de la Revolución, la familia abrazó la causa patriota.

Ana Jacoba García de Zúñiga se encuentra dentro de las catorce mujeres porteñas, en el listado del 30 de mayo de 1812, que donaron dinero (entregó cincuenta pesos fuertes y su hija Martina un anteojo de gran valor) para la compra de armamento para la causa emancipadora. En esa lista de damas de la sociedad también se encuentran entre otras: Tomasa de la Quintana, María Sánchez de Thompson y María de los Remedios de Escalada. No solo en Buenos Aires las mujeres realizaron donaciones sino en todo el territorio de lo que en la actualidad es la República Argentina y no solo dinero, sino todo tipo de pertenencias, también su tiempo y su vida. En nuestra historia nacional se las recuerda como Patricias Argentinas.

Además de dinero, Ana García de Zúñiga Warnes, también debió ceder a la Patria naciente a sus cinco hijos. Cada uno de ellos tuvo un destino diferente; en el que nos ocupa, trágico aunque con gloria.

 

Caminos militares y del Señor

Martín  José, el más joven de los cinco hermanos (nace en 1786) después de su aprendizaje como guardiamarina en Cádiz participa combatiendo contra Napoleón en su invasión a España, aunque no hay registros que haya peleado en la batalla de Trafalgar como algunos historiadores sostienen. Cae prisionero de los franceses y con el tiempo logra fugarse. En 1816 renuncia a su juramento a la corona española y viaja a su Buenos Aires natal para adherir a la causa emancipadora. A su llegada, José de San Martín lo solicita a las autoridades porteñas para que se incorpore al Ejercito de los Andes. Allí lo destinan, y combate junto a San Martín en Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Desde Valparaíso acompaña a San Martín al Perú.

El sacerdote es trasladado al presbiterado de la Catedral de Córdoba y luego pasa a desempeñarse en el curato de San Nicolás de los Arroyos. En esa función, en 1811, es acusado de no simpatizar con la causa patriota y es separado. Los cargos presentados contra el Padre Manuel Warnes no son muy claros ni contundentes. El sacerdote Warnes debe recurrir a Manuel Belgrano para que interceda a su favor. De esta manera es restituído en el curato. En 1815 se traslada a la parroquia de San José de Flores (recordemos que esta parroquia junto a la de Belgrano serían incorporadas a la Ciudad de Buenos Aires en 1880  con la Ley de Capitalización).

 

IGNACIO WARNES

De los hermanos Warnes, dejando de lado al sacerdote Manuel, es el único que no pudo disfrutar de una relación amorosa estable, algo parecida a lo vivido por Manuel Belgrano, su jefe, su compañero y amigo.

Algunos historiadores aseguran, aunque no todos, que tuvo una hija con Micaela Montero Vaca a la cual llamaron Manuela Antonia. Ambas, madre e hija, conocieron el desamparo y hasta la cárcel luego de la muerte en batalla de Ignacio.

Su carrera militar estuvo signada por el sacrificio con gloria. En octubre de 1791 ya es cadete en el Regimiento de Infantería de Buenos Aires. Pasa a la Banda Oriental y obtiene en 1795 el cargo de Subteniente y alférez de Caballería en los Blandengues de Montevideo, creado para luchar contra el bandidaje, para defender la frontera lindante con los portugueses y bandeirantes y para combatir el contrabando. En 1803 ya es Teniente de Caballería. Participa en las Invasiones Inglesas.

En junio de 1809, en plena efervescencia prerevolucionaria, solicita el retiro del ejército Real de la Corona española, aduce hemoptisis (expulsión de sangre al toser o en las flemas).

La suerte está marcada, adhiere a la incipiente Revolución que ya está en la mente de los patriotas.

El entonces Coronel Manuel Belgrano lo incorpora a su expedición al Paraguay (setiembre 1810). Allí lo acompaña en el combate de Campichuelo y en las derrotas de Paraguarí y Tacuarí, donde, quizá, escuchó el redoble del tambor del niño Pedro Ríos (el Tambor de Tacuarí).

Warnes es tomado prisionero. Al ser liberado es reclamado nuevamente por Belgrano para su expedición al Norte, en la llamada Segunda Campaña Auxiliadora al Alto Perú (1812). Warnes ya es Teniente Coronel y Belgrano General. Interviene en las victorias de las batallas de Tucumán y Salta. Por su actuación es ascendido al grado de Coronel de infantería y Belgrano lo nombra su Ayudante. Luego vinieron las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (con la valerosa actuación del grupo de mujeres recordadas como las “Niñas de Ayohuma”).

Ante la retirada del ejército emancipador, Belgrano destaca a Ignacio Warnes a Santa Cruz de la Sierra (actualmente ciudad perteneciente a Bolivia) como Gobernador Intendente.

En Santa Cruz de la Sierra, Warnes, reorganiza sus tropas y trabaja él mismo en los talleres que había instalado para fabricar armamento y municiones. Luego de un revés militar da batalla a los realistas en La Florida. Con gran habilidad militar, Warnes junto a Juan Antonio Álvarez de Arenales y el cruceño José Manuel Mercado (el Colorao) derrotan a las tropas de la Corona.

Retrato de Ignacio Warnes (autor anónimo)
         No ha quedado registro certero ni del rostro ni de la contextura física de Ignacio Warnes

Esta gesta sirve de alivio a las autoridades de las Provincias  del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires, ya que detuvo el avance que estaban preparando los realistas.

La batalla de La Florida se da el 25 de mayo de 1814, fecha emblemática para la emancipación americana ya que recordaba al levantamiento popular contra la Corona española en 1809 en Chuquisaca (hoy ciudad Sucre, Bolivia) y a la Revolución del 25 de Mayo de 1810 en Buenos Aires.

 

Particularidades de combatientes (no por haber nacido en…)

Como muchos nacidos en España adhirieron a los ideales emancipadores, otros, nacidos en América empuñaron las armas a favor de la Corona española.

En el primer caso se puede mencionar a Juan Antonio Álvarez de Arenales. Nacido en Reinoso (Burgos), España, al llegar a costas americanas adhirió al movimiento independentista. Peleó en Perú bajo las órdenes de José de San Martín y hasta se dice, no hay documentos que lo avalen, intentó infructuosamente que San Martín y Simón Bolívar llegaran a un entendimiento antes de la llamada Entrevista de Guayaquil (1822). Llegó a ser gobernador de Salta y un nieto suyo, José Evaristo Uriburu, alcanzó el grado de Presidente de la República Argentina (1895-1898)

En el sector opuesto, los criollos que pelearon bravamente a favor del Rey, se encuentra José Manuel de Goyeneche y Barreda. Había nacido en Arequipa, Perú, aunque educado en la península. Combatió con éxito contra los patriotas en la batalla de Huaqui (1811).

 

La batalla de El Pari

Al poco tiempo de la victoria de La Florida, Warnes vuelve a derrotar a los realistas en Santa Bárbara (1815).

El ejército de la Corona se reagrupa, no da tregua, la orden es eliminar al “formidable Warnes” y recuperar Santa Cruz de la Sierra para el Rey.

El 21 de noviembre de 1816 se da un nuevo encuentro bélico, que será el último de Ignacio Warnes. En total son tres mil combatientes, 1.200 son patriotas. La lucha se vuelve feroz, se combate cuerpo a cuerpo sin respiro. La orden debe cumplirse.

Warnes, como es su costumbre, se encuentra al frente de sus soldados y hace propia la arenga que siempre les imparte antes de cada contienda: “A vencer o morir con gloria. Viva la Patria”. Una bala lo hiere en una pierna, una bala de cañón impacta en su caballo, sobre el cual está montado sable en mano. No puede moverse, su caballo lo oprime. Es la oportunidad, arremeten contra él. Una bayoneta calada lo hiere en el pecho y recibe un disparo a quemaropa en la cabeza. La misión está cumplida. Le cercenan la cabeza y la exhiben como trofeo.

El ejército patriota, ya sin jefe, se desorienta. Los realistas recuperan Santa Cruz de la Sierra. De aquellos tres mil combatientes solo quedan en pie poco más de quinientos. Se señala que es la batalla más sangrienta de la Guerra de Independencia.

 

Informe de Belgrano y su dolor

El general Belgrano informa a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas sobre la muerte en acción del coronel Ignacio Warnes: “El parte que me da el oficial José Manuel Mercado (…) nos saca de la incertidumbre y perplejidad con respecto del coronel Ignacio Warnes. Me avisa que el 21 de noviembre del año último, al cerrarse la tarde, en acción sangrienta con el enemigo, arrojó aquel una bala de cañón y con ella la muerte al expresado coronel.” (Fechado 3 de julio de 1817).

A pesar de la certidumbre expresada por Belgrano, Buenos Aires no cree que todo terminó y a un año de los acontecimientos de El Pari, Matías de Irigoyen, de destacada actuación en la Revolución de Mayo, le contesta por carta a Doña Ana García de Zúñiga y Warnes ante un pedido de la madre de Ignacio: “Aunque las noticias dadas por algunos emigrados (…) anuncian el fallecimiento del Coronel Don Ignacio Warnes, nada se sabe oficialmente y de modo positivo.” (Fechado 19 de noviembre de 1817)

Es Manuel Belgrano el encargado de terminar con un estado de  angustia y desconcierto de una madre para dar paso a la angustia de la realidad: “Muy señora mía: dudé mucho tiempo de la suerte de nuestro Ignacio y hasta que por conducto fidedigno no supe la gloria con que cubrió su carrera no quería creer que Ud. y la Patria hubiesen perdido un hijo tan digno y yo un verdadero amigo.” (Carta a Doña Ana García de Zúñiga y Warnes, fechada en Tucumán,  el  10 de enero de 1818).

 

Reconocimiento de la historiografía cruceña

Los habitantes de Santa Cruz de la Sierra y la historiografía cruceña han dado un lugar de privilegio a Ignacio Warnes. Siguiendo lo detallado por la historiadora Yngrid Vespa Adomeit (diplomada en Historia y Estudios del Oriente Boliviano –Universidad Privada de Santa Cruz-, Dama de Honor de la Academia Belgraniana de la República Argentina) sabemos la suerte que acompañó la cabeza separada del cuerpo del coronel Warnes:

“Mientras Ana Barba, con argucias distraía la atención del centinela, José Manuel Vaca “Cañoto” y Francisco Ribero, con un palo y un lienzo, rescataban la cabeza del héroe. Ana Barba la escondió como un tesoro hasta que se proclamó la libertad en Santa Cruz, en febrero de 1825.”

Desde 1920 en el mismo lugar donde se expuso la cabeza cercenada se alza una estatua en bronce de Ignacio Warnes.

 

El apellido Warnes en Villa Crespo

Además de la avenida que recuerda al héroe de la Independencia, el apellido Warnes está presente en el barrio de Villa Crespo por medio de un descendiente de aquella familia.

Miguel R. Warnes nació en San Miguel de Tucumán el 29 de setiembre de 1939. A sus veinticinco años decidió dar un salto en su vida y recaló en la Ciudad de Buenos Aires. Aquí decidió desarrollar con plena libertad lo poético, lo que sentía. Ese sentimiento lo llevó a potenciar su veta de artista plástico, de escritor, de poeta y también de americanista.

Para ganarse el pan diario dio rienda suelta a su vocación docente. Al mismo tiempo exponía su obra, tanto pictórica como escultórica.

Muchos son sus trabajos pero aquí quiero resaltar el busto que realizara en homenaje a Ignacio. No quedaron registros fidedignos de cómo era el héroe y mucho menos la expresión de su rostro. Si bien circula un óleo sobre tela de autor anónimo, Miguel Warnes creyó conveniente realizar su propia obra donde combinara fisonomía con personalidad, encuadrado dentro de los ideales patrióticos, tales como predisposición y temple. En el año 2002 el busto de Ignacio, realizado por Miguel Warnes, fue develado en la plaza Bolivia (Av. del libertador y Olleros, Ciudad de Buenos Aires).

Miguel R. Warnes, desde 1979, vive y desarrolla su arte en Villa Crespo, es nuestro vecino.


eduardobolan@gmail.com

 

 

 

martes, 25 de mayo de 2021

LA MEDICINA EN UN VILLA CRESPO TODAVÍA SIN NOMBRE

                LA MEDICINA EN UN VILLA CRESPO 

                           TODAVÍA SIN NOMBRE

Por Eduardo Horacio Bolan

Antes que el Barrio de Villa Crespo tuviera un nombre, estas tierras estaban habitadas por pobladores que cultivaban en sus quintas y por esporádicos visitantes. Estas personas también se enfermaban y tenían hijos y debían ser atendidas por abnegados médicos y parteras.

 

La medicina en Villa Crespo antes de 1880

En aquellos tiempos en el que el paisaje del actual Barrio de Villa Crespo se componía de quintas, bañados, potreros, hornos de ladrillo, campo abierto, con escasos pobladores estables y con visitantes llegados del “centro porteño” para vacacionar en sus viviendas de recreo, los escasos habitantes también necesitaban ser atendidos por sus padecimientos corporales. Para esos casos todavía no había médicos estables en la zona y debían recurrir los vecinos a sanadoras y parteras ocasionales que eran llamadas con urgencia para tratar de resolver las situaciones de salud. Deberían ser llevadas a caballo según la premura y la importancia del paciente. Acaso, como pago, pudieran volver a sus chozas con verduras, frutas y quizá alguna gallina como recompensa por sus habilidades.

No han quedado registros seguros de esas “curanderas” aunque el historiador Diego del Pino supo entrevistar a antiguos vecinos de Villa Crespo que le contaron lo que les habían contado antiguos vecinos que recordaban a una tal “Chichina”,  que supo atender a dolientes y mujeres parturientas y que vivía cerca del actual Cementerio de la Chacarita, por la hoy Av. Warnes.

Todo cambia, paisaje y cantidad de pobladores, hacia comienzos de la década del ´80 del siglo XIX.

 

Primer Hospital Municipal y Hospital Vecinal

En una edificación bastante alejada de Villa Crespo y mucho más en aquellos años donde el transporte era escaso y precario, se inaugura en 1883 el Hospital San Roque en el solar donde antes se encontraba el Lazareto San Roque. La obra le fue encargada al arquitecto Juan Baustista Buschiazzo. El edificio ocupaba (y ocupa) dos manzanas, ubicado en Gral. Urquiza, entre las calles México y Venezuela. En su momento este nosocomio fue el único Hospital General de la Municipalidad. A su inauguración asistió el Director de la Asistencia Pública Dr. José María Ramos Mejía. En 1914, con el fallecimiento del Dr. Ramos Mejía, el Hospital pasa a llamarse, precisamente, Hospital General de Agudos José María Ramos Mejía.

Por la lejanía y la incomodidad, más para casos de urgencia, de llegar al San Roque, las autoridades municipales tuvieron que habilitar nuevos centros sanitarios. Para paliar esa situación se instaló por el entones Camino de Moreno (desde 1893 cambió su denominación por Warnes), entre Thames (llamada así desde 1882) y Godoy Cruz (actual Av. Juan B. Justo) el Hospital Vecinal “Santa Rosa”. Estaba ubicado en la actual vereda de números pares de Warnes y según recuerdos de memoriosos era de construcción antigua, con techos de tejas y que, si bien precario, supo cumplir con el propósito de cuidar la salud de los vecinos.

 Primeros médicos en el barrio

Juan Dufour

En los años iniciales de esa emprendedora década del ´80 varios médicos recién recibidos consideraron de importancia hacer llegar sus conocimientos a los habitantes de los incipientes barrios.

En lo que respecta a lo que sería Villa Crespo, en aquel entonces denominada Circunscripción 15º, el primero fue Juan Dufour, al menos siguiendo registros escritos y orales.

Recibido de médico en 1881, Juan Dufour, tenía su residencia en Córdoba y Ecuador y se interesó por llevar su saber médico a la 15º

Su tesis doctoral versó sobre la Litiasis úrica. Entre los académicos examinadores se encontraban los hermanos Manuel Augusto y Leopoldo Montes de Oca, Ignacio Pirovano, Eduardo Wilde y, entre otros, José T. Baca, que fue el presidente de la tesis de Dufour.

En la publicación de la tesis que efectuara la Facultad de Ciencias Médicas, Juan Dufour, cual devoto hijo, se la dedica: “Á la memoria de mi padre. Padre querido: ya que los decretos sagrados de la Providencia no os han permitido presenciar este acto, recibe en este día, los votos solemnes del hijo que nunca se olvidará que todo os lo debe.” y “Á mi madre”.

Juan Dufour solía realizar visitas médicas a esta Circunscripción 15º y muy pronto quedó entusiasmado por adquirir lotes en esta zona. No se desanimó por lo descampado del panorama y compró varias hectáreas. Su terreno estaba delimitado entre la conocida en esos años como 70 E (actual calle Muñecas), el Arroyo Maldonado, la propiedad de Rafael Comastri y el antiguo cementerio (actual Parque Los Andes), lo que hoy es la Av. Dorrego.  Su propiedad era atravesada por la recién creada red ferroviaria de trocha angosta llamada Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. Es la misma red que en 1948, con la nacionalización de los ferrocarriles, el sistema fue renombrado como el que lo conocemos en la actualidad, Ferrocarril General San Martín.





Otros galenos 

Desde el actual barrio de Almagro, teniendo como eje Corrientes, varios facultativos cruzaban Chubut (hoy Av. Ángel Gallardo) para internarse en Triunvirato y llegar a sus pacientes del Distrito 15.

El primero en aventurarse fue el Dr. Francisco Sicardi, que residía en Corrientes, entre Rawson y Pringles. Farmaceútico, médico, escritor y poeta, plasmó en su obra “Libro extraño” sus experiencias como médico.

Otros galenos, por mencionar los que más quedaron en el recuerdo de los vecinos y que no tuvieron consultorio en Villa Crespo fueron: Juan B. Amesfil (también de Almagro), Gerónimo de Rossi (Corrientes y Bulnes), Ubaldo Villarroel (Corrientes y Ecuador) y muchísimos más.

Entre los primeros que instalaron su consultorio en el barrio figuran Francisco de la Vega. Atendía en Triunvirato (Av. Corrientes) casi esquina Malabia. Presentó su tesis doctoral “El chucho en Catamarca” en 1891. El chucho, esa fiebre producida por el paludismo o malaria, era común en su provincia natal, donde ejerció la medicina en el “Hospital San Juan Bautista” (ubicado en la ciudad San Fernando del Valle de Catamarca), establecimiento que comenzó a funcionar en 1881.

Muy estimado por los vecinos muy pronto se dedicó a la política, donde llegó a competir con el mismísimo  “prócer” de Villa Crespo Salvador Benedit. La política lo fue alejando de su profesión.

 

Alejandro Squassini

Nació hacia 1881 y su entusiasmo por su vocación fue prontamente recompensada con el título de Farmacéutico (1899), al cumplir los dieciocho años. Además en su currículum anterior a recibirse de médico se destaca que fue practicante de vacuna de la Asistencia Pública (1900), practicante del Hospicio Vecinal de Santa Lucía (1901), ayudante del Laboratorio Bacteriológico de la Casa de Aislamiento (1902), practicante del Hospital Teodoro Álvarez (1903), practicante menor (1904) y mayor (1905 y 1906) por concurso de la Asistencia Pública, interno del Hospital Italiano (desde 1904 hasta 1906).

En 1906 se recibió de médico con la tesis “El tétano y su tratamiento”. Entre los concejeros examinadores figuraban entre muchos más: Pedro Narciso Arata, José Penna, Pedro Legleyze, Enrique Bazterrica y Gregorio Araoz Alfaro.

En la sección “Observaciones” de su tesis, que realizara Squiassini en el Hospital Italiano en el servicio de Clínica Médica del Dr. Alberto Alberti, detalla cuatro en total.

Dejo sus notas (abreviadas por mí) de la “Observación IV”:

“S. V. italiano, 39 años, soltero, jornalero, C.F. Entra al Hospital el 3 de Marzo de 1906, Sala 5, cuarto B.

Antecedentes personales.- Sífilis. El 7 de Enero p. p., le apareció en la región esternal una lesión que se ulceró (el 20 de Febrero).

El enfermo se aplicó entonces con fines curativos, una cantidad de telas de araña.

Como vió que seguía supurando se decidió ir al Hospital Rawson donde le hicieron una prolija desinfección.

El 28 del mismo mes notó un espasmo del lado izquierdo de la cara, que se fue acentuando hasta impedirle de comer, rigidez de la nuca, dolor de cabeza. Desde el 2 de Marzo, la deambulación se le hace imposible.

Estado actual.- A su ingreso al Hospital tiene (…) contracturas, rigidez de los músculos de la nuca y del abdómen (…)

La inteligencia está intacta; no puede deglutir; tiene sudores profusos y sacudidas convulsivas en todo el cuerpo que lo hacen sufrir mucho.

Temp. 38, Puls. 90.”

(Squassini realiza un exhaustivo análisis de los aparatos circulatorio, digestivo, renal y asienta otros detalles.

Todos los siguientes días anota temperatura y cantidad de suero dado y otros detalles):

“Marzo 6.- Temp. 38. Dos baños, suero 40 cm3 (…)

Marzo 8.- Temp. 37,2. Suero 40 cm3. El enfermo duerme, la fisonomía presenta menos rigidez, las piernas puede flexionarlas bastante (…)

Marzo 10, 11, 12 y 13.- Las contracturas disminuyen á diario. El enfermo puede abrir la boca, pero sigue con la alimentación láctea.”

(Me entusiasmo con la lectura de las anotaciones):

“Marzo 14.- Ultima inyección de 20 cm3 de suero. El enfermo ha recupera todos sus movimientos; se levanta, camina y empieza á tomar alimentos sólidos.”

(Llega el tan ansiado final feliz):

“Marzo 26.- Sale de alta curado.”

Firmado por A. Squassini

(Todas las emociones y adjetivos son míos)

 

Cómo no recordar también las charlas que mantuve en el verano de 1992 con el Dr. Oscar Raúl Carlos Vogliano, jefe de cirugía del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, en su casa de la calle Lerma.

Ser médico no solo era derecho de los varones.

En 1889 en la República Argentina una mujer, Cecilia Grierson, obtenía el título de Médica otorgado por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires.

La Dra. Grierson realizó sus estudios dentro del plazo normal de seis años hasta obtener el título que tan bien supo desempeñar en su intensa actividad profesional.

Lamento no poder mencionar a todos porque sus nombres y sus méritos no merecen quedar en el olvido.

  

Antiguas Instituciones sanitarias del Barrio

Al ya nombrado Hospital Santa Rosa debe agregarse el Hospital Vecinal de San Bernardo, ubicado en la calle Serrano entre Aguirre y Loyola. Su director fue Manuel Augusto Dessein, que había sido exjefe interno del Hospital Francés.

Funcionó el Vecinal de la Parroquia hasta 1913, año en que inaugurado el Hospital Durand.

El 4 de junio de 1919 cobra vida “Liga Argentina contra la tuberculosis – Comisión Villa Crespo” (“La Salita”) en su primera sede de Malabia 233. A los pocos años, en 1925, dada la importancia que va adquiriendo entre los vecinos, inaugura su nuevo edificio en Godoy Cruz 542 (Juan B. Justo 2651). Allí permanece, ya con la denominación “Liga Argentina Médica Asistencial de Villa Crespo”, hasta mediados de 2017, cuando debe mudarse pues las instalaciones ya no respondían, según el GCABA, a los requisitos sanitarios acordes a nuestros días. Esta Institución con más de un centenar de existencia activa ininterrumpida, a la espera de la nueva construcción en el mismo solar de la Av. Juan B. Justo, sigue su reconocida trayectoria en el 1º piso de Otamendi 629, a pocos metros de la Av. Díaz Vélez y del Parque Centenario.

Por Eduardo Horacio Bolan


eduardobolan@gmail.com

HOMENAJE A LA NO VIOLENCIA

                                     HOMENAJE A LA NO VIOLENCIA

Una calle en Villa Crespo invita a la reflexión.

 

Calle Mahatma Gandhi

Cuando se comenzó a urbanizar la zona de  quintas, se fueron abriendo arterias y  designándolas con diferentes nombres. Una de ellas, en el Barrio de Villa Crespo, fue llamada “Giles”, queriendo honrar así a la ciudad y al partido ubicado en el norte de la Provincia de Buenos Aires.

Esta arteria por Ordenanza Municipal de 1960 cambia su denominación por la de “Mahatma Gandhi”. Sin duda la Ciudad de Buenos Aires homenajea al firme adalid de la independencia de la India y de su autodeterminación y que al mismo tiempo es el paladín de la no violencia.

La calle “Gandhi” nace en Av. Warnes al 200 y concluye su recorrido en Av. Honorio Pueyrredón al 1100.  Son siete cuadras que se nos presentan totalmente arboladas y que su transitar es apacible y transmite una impronta de vecindad con casas bajas y con pocos negocios.

Entre tantas calles en Villa Crespo, con nombres de Conquistadores, Congresistas, Héroes de la Independencia Argentina, es significativo que la designación de la calle “Mahatma Gandhi” no pase desapercibida y nos impulse a pensar en la paz como camino a seguir.

 

Calle Mahatma Gandhi en el barrio de Villa Crespo (Foto EHB)

Mohandas

El que sería conocido como Mahatma Gandhi nació como Mohandas Karamchand Gandhi en 1869 en India durante el Raj (dominio) británico.

Nació en el seno de una familia acomodada económicamente. Desde muy pequeño fue instruído a respetar a todo ser vivo y el ejercicio de la no violencia.

Por ese entonces en la India estaba vigente la estricta división de la sociedad en castas. La dominante era la de los brahmanes o sacerdotes.

En importancia de poder seguía la casta de chatrias que correspondía a militares y políticos.

La casta de la familia Gandhi era la de vaishias  correspondiente a comerciantes y artesanos.

En el último, o penúltimo, eslabón de jerarquía social se ubicaban los shudras, integrado por siervos, obreros, campesinos.

Fuera del sistema de castas se encontraban los dalits o intocables, los conocidos como parias.

(“Como un paria que el destino
se empeñó en deshacer”

Paria, ese mote terrible que tan bien describe la situación anímica del personaje ideado por el poeta Alfredo Lepera que inmortalizara la voz de Carlos Gardel en el tango de 1934 “Cuesta abajo”).

Además se encontraban los llamados invisibles, personas que no eran consideradas como tales y que en muchas zonas rurales a integrantes de  las otras castas se les permitía perseguir, encarcelar y hasta asesinarlos.

Como era costumbre, y acaso continúe en muchas regiones, la familia Gandhi arregló el matrimonio de Mohandas a la edad de 13 años.

A pesar de no destacarse en sus estudios, el joven Mohandas, por su condición de pertenecer a una familia pudiente ingresó a la University College de Londres donde, luego de aprobar las materias correspondientes, egresara con el título de Abogado.

 

Su paso por Sudáfrica

El título obtenido no conformó sus expectativas profesionales, es por eso que acepta un contrato de trabajo en Natal, una de las provincias de Sudáfrica, que a fines del siglo XIX todavía pertenecía al Imperio Británico.

En Natal existía una comunidad india relativamente numerosa con la cual Gandhi tenía intención de trabajar. Es en ese viaje donde vive diversas humillaciones por su condición de ser indio de nacimiento, algo que los británicos consideraban como condición inferior así como a todos los nacidos de las diferentes etnias sudafricanas.

De su contacto directo con el destrato hacia  sus connacionales en Sudáfrica y su oposición a esa situación degradante surge la semilla que lo llevaría a ser el líder más importante en su Patria.

 

Mahatma

Regresa a la India en 1915 precedido de cierta fama de activista de la no violencia.

No pasa desapercibido ante la mirada del poeta Rabindranath Tagore, gran conocedor de la sensibilidad humana. Este escritor en el verano de 1924 visita nuestro país y es recibido y alojado por Victoria Ocampo, con quien mantendrá un fluido intercambio intelectual por muchos años.

Es precisamente Tagore quien denomina a Gandhi como Mahatma. Esta expresión es una conjunción de sánscrito e hindi: maha que significa grande y atma que corresponde a alma.

En algunas regiones de la India Gandhi es conocido como Bapu, que significa padre, por lo tanto Padre de la Nación India.

Cada día aumenta el prestigio de Gandhi para proclamar la autodeterminación de la India lo que conlleva un peligro para la Corona Británica. Es por eso que el influyente político Winston Churchill, durante la visita del líder indio a Londres en 1931, expresa su repulsa hacia la figura del Mahatma: “es alarmante y nauseabundo ver al señor Gandhi, un abogado sedicioso, posando ahora como un faquir (…) dando zancadas medio desnudo”. Que se suele resumir como “faquir desnudo” en forma peyorativa.

 

Mahatma Gandhi

Calle República de la India

La calle Acevedo de Villa Crespo se llama así para recordar al sacerdote Manuel Antonio de Acevedo. Originariamente nacía en Av. Warnes, cruzaba Av. Córdoba y concluía su trazado en la calle Blandengues (hoy Av. del Libertador).

Con los años el tramo desde Av. Córdoba hasta Av. Santa Fe, por lo tanto hasta el otrora Jardín Zoológico, cambia su denominación por Armenia.

Desde el año 1961 el tramo desde Av. Las Heras hasta Av. del Libertador se llama República de la India.

La Independencia de la India no fue nada fácil, tuvo los traumas de la violencia interna que ni el propio prestigio del Mahatma Gandhi pudo detener. Es más, fue dividida a causa de cuestiones político-religiosas insalvables.

La India, como República independiente nace en 1947, algo por lo que Gandhi tanto luchó. Pudo verla independiente pero cayó asesinado fruto de un fanático religioso representante de un sector extremista hindú el 30 de enero de 1948.

Gandhi identificó en “Siete pecados sociales” el germen de toda violencia:

-          Riqueza sin trabajo

-          Placer sin conciencia

-          Conocimiento sin carácter

-          Comercio sin moralidad

-          Ciencia sin humanidad

-          Adoración sin sacrificio

-          Políticos sin principios

 

Por Eduardo Horacio Bolan

eduardobolan@gmail.com