martes, 25 de mayo de 2021

SOBRE EL EMPEDRADO Y ADOQUINES

 

SOBRE EL EMPEDRADO Y ADOQUINES


En época del Virreynato

Antes de 1776 la hoy Ciudad de Buenos Aires era apenas un caserío, con calles de tierra que se anegaban por efecto de la lluvia. Con el advenimiento de la designación, por parte de la Corona, como capital virreinal, Buenos Aires obtenía el más alto título administrativo que una ciudad de ultramar podía alcanzar. Así pasó a ser una Gran Aldea.

Ya con el Virrey Juan José de Vértiz y Salcedo (1778-1784) se da el primer paso importante para mejorar el estado deplorable de las arterias, que se convertían en lodazales con las lluvias y dificultaban el tránsito de caballos y bueyes y también de los pocos transeúntes.

Los vecinos más adinerados que eran los que integraban el Cabildo, se propusieron mejorar el desplazamiento por las calles. Solicitaron y lograron ante ese organismo público que sean traídas piedras desde Colonia del Sacramento, del otro lado del Río, ya que por estas costas no existía en abundancia ese mineral.

Años después, el Regidor Miguel de Azcuénaga, que en años posteriores sería de destacada actuación en las Invasiones Inglesas y en los acontecimientos que derivaron en el 25 de Mayo de 1810, logró que sean traídas más piedras, pero esta vez desde la isla Martín García. Entre los años de 1790 a 1796, siendo Virrey Nicolás de Arredondo, se empedraron treinta y seis calles.

Azcuénaga no se detenía ante impedimentos administrativos y al nuevo Virrey Pedro Melo de Portugal y Villena le solicitó que los beneficios económicos que se obtuvieran de dos corridas de toros sean destinados a la continuidad de las obras del empedrado iniciadas por su antecesor.

La arqueología urbana da fe de lo antedicho, corroborando lo extraído de las Actas del Cabildo por historiadores de nuestra ciudad.

Excavaciones e investigaciones realizadas en este siglo XXI dan cuenta de la veracidad de las Actas al encontrar esos empedrados debajo del actual pavimento en muchas de las calles del “centro de la Ciudad” de aquel entonces, por ejemplo la arteria Bolívar.

La actual Bolívar es de las designadas como “calles históricas”. Su existencia se remonta hacia 1738, cuando se la conocía con otra denominación. Entre 1769 y 1808 llevó el nombre religioso de “Santísima Trinidad”. Bolívar fue la primera arteria que se empedró, siendo el 12 de diciembre de 1780 la fecha de la disposición del Virrey.

Por estudios comparativos se puede determinar cuáles son de la isla Martín García y cuáles de Colonia (hoy República del Uruguay).

 

Paralización de las obras del empedrado

A comienzos de la gobernación de Martín Rodríguez (1821-1824) se completó el empedrado de lo que en esos años se conocía como la ciudad de Buenos Aires, bajo las directivas de su ministro Bernardino Rivadavia.

Debieron transcurrir tres décadas o más de ese siglo XIX para que los gobiernos reconsideraran ampliar el mejoramiento de las arterias.

Los trastornos que se ocasionaban producto de las precipitaciones hacían dificultoso el tránsito en las calles y caminos que no estaban empedrados. Ahí nomás, cerca del “centro”.

Transitar por ese Buenos Aires pequeño, de pocas calles, no era sencillo con esas piedras irregulares del empedrado o esos caminos de lodo. Ir a las quintas a unos pocos kilómetros para proveerse los porteños de verduras y vegetales era toda una proeza muy costosa, en lo económico y en el tiempo que demandaba.

Existían especies de puentes para cruzar determinadas calles o vías profundas. En Villa Crespo todavía se recuerda al del Camino de Moreno emplazado en la actual Warnes para cruzar el Arroyo Maldonado.

Por supuesto no era esta la gran solución, solo un paliativo.

 

El sistema del pavimento macadam en el hoy Villa Crespo

Ese primer pavimento constituído por piezas de piedra de formas y tamaños varios eran colocados sobre arena, traída del rio, o directamente sobre la tierra. Con las lluvias nuestro suelo porteño cedía y las piedras se hundían con el trajinar de las carretas. Había que volverlas a colocar o quedaban así y era muy dificultoso transitar.

Se reemplazó este método, en la década de 1890, por uno utilizado en Turín, Italia. Eran losas de granito de unos 50 cms. de ancho y 1,30 m. de largo. Con el uso de los carros se desplazaban y hacían la vía intransitable.

En parajes “lejanos” del centro porteño, por ejemplo Villa Crespo, se había comenzado a utilizar, hacia fines del siglo XIX, el sistema denominado “macadam”, conocido así por ser un invento del escocés John McAdam constructor de carreteras. Este sistema, que  ya se utilizaba en Estados Unidos desde 1823, consistía en colocar piedras de cantera machucadas y trituradas compactas y parejas.

Para la Ciudad de Buenos Aires era muy costosa su construcción y conservación ya que no teníamos piedras y por características de nuestro suelo. Para su perfecta conservación debía regarse con agua para que no levante polvo, pero no mucho riego ya que si era excesivo se corría peligro que la tierra se transforme en barro.

En el año 1898 la Revista Técnica de Ingeniería, Arquitectura, Minería, Industria y Electrónica dirigida por Enrique Chanourdie indicaba lo costoso y poco eficiente de este método de pavimento en nuestro suelo porteño:

También se empleó el mac-adam en ciertos caminos como los que conducen á Flores, Belgrano y Palermo (…) no se evita el desgaste en la parte superior y por consiguiente la conservación permanente que hay que hacer, sin lo cual se destruye rápidamente como sucedió en la calle Rivera de la Avenida Canning hacia el oeste”.

En denominaciones actuales es la interjección de la Av. Córdoba y Av. Raúl Scalbrini Ortiz.

 

El adoquín reemplaza al empedrado

El advenimiento de los “tramways” hacia 1872 hizo que fuera menester mejorar el trazado de las arterias. Para esto se recurrió a unos pequeños bloques rectangulares de granito.

La Municipalidad encomendó (obligó) a los concesionarios de los tramways a colocar esos adoquines en las calles donde circularan sus líneas.

El empedrado había sido muy útil cien años atrás, pero la nueva ciudad de 1880 se extendía y llegaba a parajes inhóspitos. Había que mejorar los caminos para conseguir los objetivos no ya en carretas y en días, sino en transportes modernos como los tranvías tirados por caballos y llegar solo en pocas horas.

El empedrado eran capas de piedras que cubrían el suelo, la tierra.

El adoquín es algo más trabajado, es una piedra labrada en forma de prisma rectangular para la pavimentación de calles. Hacía el terreno más parejo para transitarlo.

Con los adoquines, los tranvías tracción a sangre podían llegar a lugares lejanos (del llamado centro porteño) y difíciles de acceder como los actuales barrios de La Boca, Barracas y, por qué no, alcanzar esos terrenos del Partido de Flores y Belgrano, llegar a Villa Crespo, Chacarita, Belgrano, Núñez.

En la ya mencionada Revista Técnica, donde escribían artículos diversos ingenieros tales como Francisco Seguí, Luis A. Huergo, Juan Pirovano, Otto Krause, Ángel Gallardo y muchos más, el Ing. Carlos M. Morales opina que el mejor para nuestra ciudad es el adoquinado llamado “inglés”.

Este tipo de adoquín fue el utilizado por el Intendente de la Ciudad de Buenos Aires Don Tocuato de Alvear (1883-1887) durante su gestión.

En 1893 se colocó el adoquinado de granito con base de concreto, mejor a los todos los anteriores en todos los sentidos, no presentaba desgaste en el uso ni el peligroso deslizamiento al transitarlo.

En los barrios apartados y con menor tráfico, como el caso de la calle Rioja (hoy La Rioja) en el barrio de Balvanera hacia Parque Patricios y, con total seguridad, los recién anexados partidos de Flores y Belgrano, el adoquín que se utilizó fue el granito con base de hormigón (más económicos pero igual de duraderos).

El pavimento que no dio resultado positivo fueron los adoquines de madera, había que cambiarlos a los pocos años, solo era aconsejable los confeccionados con algarrobo.

También a fines del siglo XIX se empleaba el pavimento de asfalto, aunque no era aconsejable por su alto costo y fácil deslizamiento al transitarlo.

Adoquines de la calle Aguirre al 400 (Barrio de Villa Crespo) Foto GG

 

Adoquines Manuel de Acevedo al 600 (foto GG)

El adoquín, hoy

Si es de nuestro gusto hoy podemos adquirir adoquines, por internet si no queremos movernos mucho, ya sea de piedra, de madera.

Lo podemos utilizar para hacer más vistosa la entrada al inmueble (hogar) o a los ambientes que sean de nuestro agrado (jardín, quincho), ya sean rústicos o de la variedad que elijamos. Es un accesorio más de decoración, en definitiva.

Para los nostálgicos que extrañan en todas las arterias el afirmado con adoquines, siempre tendrán alguna calle que los conserve. Muchas veces se encuentran debajo del pavimento de asfalto o quizá ya no estén porque alguien los vendió.

Esos adoquines por lo que tantas veces hemos caminado están presentes, al menos en nuestra memoria.

 Por Eduardo Horacio Bolan

eduardobolan@gmail.com




sábado, 16 de enero de 2021

UNA CALLE EN VILLA CRESPO: JUFRÉ VISTA POR CARLOS LEVIN

 UNA CALLE EN VILLA CRESPO: JUFRÉ VISTA POR CARLOS LEVIN

Nuestros recuerdos pueden llevarnos a muchos lugares, uno de ellos puede ser una calle, unos pocos metros donde se desarrolla toda una vida.

 Una calle en Buenos Aires

Carlos Levín tiene una memoria prodigiosa, no tanto de lo que sucedió ayer o la semana anterior sino por lo vivido en décadas pasadas.

“Siempre añoramos algo de nuestro pasado” dice su escrito presentado aquel 15 de diciembre de 1990 cuando, en forma conjunta, nos presentamos, en una charla abierta a los vecinos dada en la Biblioteca Popular Alberdi.

Carlos Levín y el autor de esta nota el 15 de diciembre de 1990 en la charla dada en la 
Biblioteca Popular Alberdi (Acevedo 666, Villa Crespo) (Foto GG)

Mi participación era conversar sobre la Historia de Villa Crespo, tratando de que no quedaran en el olvido los estudios realizados por los historiadores del barrio: Diego del Pino y Cayetano Francavilla.

Mario Rubín, que supo integrar el equipo de basketball del Club Villa Crespo, y Emilio Menini, dos personas amantes del barrio, nos contactaron, a Carlos y a mí, y nos abrieron las puertas de esa admirable institución cultural.

La propuesta de Carlos Levín fue presentar su poema “Una calle en Buenos Aires” hecha canción, con música de José Chacoma.


José Chacoma en la guitarra, Carlos Levín y el autor de esta nota (Foto GG)


“No me considero poeta, lo que me gusta son las palabras. De chico me gustaba redactar cartas. Escribo vivencias, sobre personas que conocí, acontecimientos que me impactaron, lo vivido”, me dice Carlos.

“Escribo y en mi mente escucho la música para esa letra. Al escribir me “suena” la melodía, ya sea para tango o para folclore”, acota.

Al no saber cómo plasmar en el pentagrama esas composiciones musicales que creaba en su mente obtuvo la colaboración de diversos músicos para hacer realidad su cancionero.

En la presentación de “Una calle…” comentaba a los asistentes sus remembranzas, hechos poesía, esos que sirven para visualizar una época y darle valor testimonial:

“Fue escrita recordando viejas costumbres, como la venta de pavos vivos para Navidad. Pasaban con los animales por la calle, el cliente elegía uno y el vendedor lo cazaba con un alambre y se lo entregaba. O al de la leche que llegaba por Gurruchaga con la vaquita. Si uno tardaba en ir a buscar la taza y los diez centavos, lo alcanza recién frente a Iglesia San José.

Cuando uno es niño se le graban opiniones vertidas sobre el carácter de algún vecino  o sobre la actitud que tomaba alguno de ellos.

Como en la letra de una canción no es posible nombrar a todos, quiero decir que estos recuerdos abarcan a cada una de esas familias que habitaba la cuadra Jufré al 600, mi cuadra.”

 

Fragmentos del poema, escogidos y desordenados por EHB

Comienza con una evocación:

“Jufré del ´40 y tantos

quimera del porteño aquel,

del tano hacerse la América

gallego, judío, árabe o japonés.”

Carlos aclara que no había japoneses en su cuadra pero sí en el barrio.

Continúa el poema con un rumor de trabajo que posee el encanto de la emoción:

“Doña María el consejo

como una madre querida.

Juan el almacenero,

Don Domingo el peluquero,

la verdura de Ricardo

aunque fuera de Acevedo.

Amado, en el verano,

vendiendo barras de hielo”

Ecos casi melancólicos y expresivos de sus moradores:

“La señora alta del balcón

tan buena de corazón,

los desmayos de Josefa,

las peleas de mi vieja.

La maestra, sus enojos.

Gregorio las inyecciones

con su mamá tan enferma.”

Sencillez en la expresión:

“El arbusto de mi casa

descanso de mariposas,

la higuera grande de al lado

cuyos frutos regalaban.

Fogata de Pedro y Pablo

todos colaboraban.

El autito de la cana

o el botón de la parada.”

Una realidad que, acaso, lo hiere y no comprende:

“Paraísos, adoquines,

y ni un piso de burgués.

Los que se hicieron de guita

del barrio se las tomaron.”

Para luego decir:

“pero vino el progreso

desalojos de por medio”

Gustos infantiles y recuerdos:

“El helado Scanapieco

se tomaba en la Avenida

mientras pasaba el tranvía,

de cuando en cuando, un mateo.”

En su mente de palabras y música no hay artificio:

“Ya no cantan más los gallos

ni hay quintitas en las casas,

en Navidad ya no hay pavos

no hay carrito de lechero

ni leche al pie de la vaca

por la calle Gurruchaga.

Los que se hicieron de guita

del barrio se las tomaron.

La vida sigue su curso

pero nunca olvidaré”

 

Al darle a Chacoma el poema para musicalizarlo, éste le dijo: “es un chorizo” y le aconsejó que parte sea recitada y la otra cantada. Así se grabó e integró el álbum de música “Canciones con opinión” que apareció en formato cassette (¡aquellos años 80!) y a pesar de todo, su extensión supera los ocho minutos.

 

Letra y música

El repertorio de su cancionero le pertenece en gran medida pero también obtuvo numerosas colaboraciones de destacados músicos que lo ayudaron en los arreglos y le trasladaron en partituras sus composiciones musicales.

         

                                                    CD "Guitarrita de los pobres"


Jorge Gordillo, virtuoso del violín, realizó la música de la chacarera “Cambiar la suerte”.

En guitarra fue acompañado por Ángel Contópulos, que le grabó varios temas como cantante.

También en guitarra y arreglos tuvo la colaboración del correntino Pascual Verón.

En el poemario de Levín no podía faltar el recuerdo hacia uno de los cafés más emblemáticos del barrio de Villa Crespo. Ese Café ABC legendario, lindante con Palermo, de encuentro de los vecinos, donde supo tocar Osvaldo Pugliese. Hoy ya no existe pero supo ocupar la esquina de Canning y Rivera (hoy Av. Raúl Scalabrini Ortiz y Av. Córdoba,) El poema “Café ABC” fue hecho tango y cantado por Ramón Cáceres.

En la zamba “Guitarrita de los pobres” la música pertenece a Sergio Morra.

“El cantor popular”, en ritmo musical retumbo, rinde homenaje al cantor, compositor y escritor Horacio Guarany (1925-2017), siendo cantado por Horacio Pérez.

En diferentes temas fue acompañado en el piano por Tito Ferrari, en contrabajo por Roberto Ruiz y Juan Carlos Dubois y en bandoneón por Víctor Solari y Rubén Serra.






Hasta el mismísimo Armando Laborde grabó un tango de la autoría de Carlos Levín.

Laborde nació bajo el nombre José Atilio Dattoli (27 de abril 1922 – 1996) Desde pequeño sobresalió como cantante de tangos. En los escenarios donde era convocado se cambiaba constantemente el nombre artístico, no se decidía por uno. Eran años donde era frecuente que los artistas se renombraran con un nombre artístico, no el que figuraba en el documento de identidad (Libreta de Enrolamiento o Libreta Cívica). Al ingresar a la Orquesta de Juan “El Rey del compás” D´Arienzo este emblemático músico de tango le urgió que se decidiera cómo debía llamarse de ahí en más, pero Dattoli no lo hacía. En una de las giras que realizaba la orquesta en Uruguay, D´Arienzo, en el trayecto de un viaje en taxi junto con su cantante, le pregunta al chofer cuál era su nombre. “Armando Laborde” le responde el taxista y así quedó sellado el nombre del destino artístico de este cantante. Esta anécdota fue corroborada también por Silvia, la esposa de Armando Laborde. Además de la orquesta de Juan D´Arienzo supo cantar  con las de Héctor Varela y Alberto Di Paulo.

El tema elegido por Laborde con letra y música de Carlos Levín fue el tango “De regreso”. Todo un símbolo ya que hacía diez años que no grababa un tema y fue su última interpretación.

Silvia Laborde le grabó dos tangos a Levín: “Pichuco, el ángel” y “No pasa nada” (tango reo… con perdón de la palabra, acota Carlos Levín).

 

Familia

“Nací el 15 junio de 1940 en el Hospital Rivadavia”  rememora Carlos Levín, “así, sin segundo nombre” me dice y sonríe al recordar su niñez con papá Julio, de oficio sastre, y mamá Teresa, ambos nacidos en Polonia. Su primer año de vida lo vivió en la calle Gallo, entre la Av. Córdoba y Cabrera, junto a su hermano Marcos. Luego vendría su hermana Luisa (“Lea”).

En 1941 la familia se mudó a Jufré 614. Hasta sus cuatro años allí vivieron para luego mudarse a la esquina, Jufré 690, casi Gurruchaga.

A partir de sus diez años, hasta hoy, Carlos habita en Jufré al 500, a mitad de cuadra. Allí se casó con María Eugenia Kyropulos, de esta unión nacieron sus hijos Daniel y Mariano.

 

Firmes convicciones políticas

Carlos Levín recuerda que entre el 23 y 24 de setiembre de 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi, se produjo unos de los tantos paros generales que se llevaban a cabo. En esa oportunidad cayó preso por repartir volantes políticos a favor de la huelga.

En su corto período presidencial (1958-1962) Frondizi sufrió cinco paros generales.

Con sus 19 años, Carlos Levín, militaba en la Federación Juvenil Comunista. La FJC o La Fede, como se la conocía, había sido fundada en 1921 con la idea de impulsar la ideología comunista en Argentina.

Por repartir panfletos fue llevado a la Comisaría 23 (Av. Santa Fe y Gurruchaga). Allí permaneció dos días. Luego fue trasladado al Departamento Central de Policía (Moreno 1502) donde surgieron sus encendidos versos:

“Nos llaman antisociales

pues luchamos

por el pan, la libertad

y no aflojamos.

La oligarquía imperialista

patalea decadente

porque la clase obrera y el pueblo

formamos nuestro frente

y en momentos decisivos de la lucha

nos encarcelan y nos confinan.”

Estas estrofas fueron dichas ante sus compañeros de infortunio, entre los que se encontraban el dirigente sindical y peronista Andrés “el Negro” Framini y el Secretario del Sindicato de la Construcción Rubens Libertario Íscaro, de orientación comunista.

Otros dos días “a la sombra” y el nuevo destino de Carlos Levín fue la cárcel de Villa Devoto.

Un par de días estuvo recluído allí y como castigo, no ya por repartir panfletos sino por su ideología marxista fue movilizado en avión militar.

Del aeropuerto de El Palomar dos aviones tenían su destino prefijado. Uno, el que trasladaba a peronistas, iría a la Colonia Penal de Santa Rosa (provincia de La Pampa) y el que llevaba a los izquierdistas al penal de Viedma. Por impericia en las directivas, el que transportaba a los “zurdos” terminó en Santa Rosa. Allí pernoctaron en la enfermería para no ser mezclarlos con los peronistas.

Framini, que en 1962 ganaría las elecciones como gobernador de la provincia de Buenos Aires pero no lo dejaron asumir, cumplió en el Penal de Santa Rosa uno de sus tres arrestos sufridos en ese año 1959.

Para enmendar la equivocación del lugar de destino, los aviones militares, finalmente, lograron su objetivo y Carlos fue a parar a Viedma.

“Tenemos fama de ser organizados”, me dice Carlos en relación a lo que pensaba la gente de los miembros de “el partido”. A él le toco organizar a sus compañeros de infortunio (no solo a sus camaradas porque también había reclusos “trotskistas” -los de la IV Internacional-) en el ejercicio físico diario y levantarse a horario.

Poco antes de la Navidad, de ese año, fue liberado.

Su ideología no la ha cambiado y cree firmemente que la igualdad llegará de la mano de las masas, del sujeto colectivo.

 

Museo de Villa Crespo

Continúa con su firme idea de hacer realidad un Museo para Villa Crespo. Desde hace 50 años, me comenta, recoge lo que muchos dejan abandonado, objetos que ya no les sirve a los vecinos y que son representativos del barrio: carteles, fotos, documentación y cosas que hacen a la cultural barrial.

Como muchos otras personas, ama la historia de las calles que transita y la de los habitantes del barrio.

Este poeta, con su visión ocular hoy muy disminuída, que dice no escribir poesías sino recuerdos y homenajes a personas y situaciones queridas, no olvida lo que vivió y como en aquel 15 de diciembre de 1990 nos vuelve a decir: “aun puedo recordarlo”.


Por Eduardo Horacio Bolan



martes, 8 de diciembre de 2020

VILLA TALAR: INFORMACIÓN SOBRE UN BARRIO QUE NO EXISTE MÁS (Parte VII y última)

 

Un aporte sobre los orígenes y primeros años de un barrio casi desaparecido de Buenos Aires

VILLA TALAR: INFORMACIÓN SOBRE UN BARRIO QUE NO EXISTE MÁS

 Por Marcelo J. Bourdeu


Parte VII (y última)

 Hasta llegar a 1927

 Como se explicó anteriormente, este aporte a una hipotética historia de Villa Talar se origina en dos álbumes familiares de recortes periodísticos. Ese hecho  señala el principal límite de estas notas. Me refiero a su existencia relativamente debida al azar, porque llegaron al día hoy solamente los recortes que sobrevivieron a distintas circunstancias, voluntarias o involuntarias: los que fueron elegidos, los que no se extraviaron, los que fueron efectivamente pegados, etc. Finalmente los álbumes mismos que superaron mudanzas numerosas y siempre temibles, desde los comienzos del primer álbum, en el año 1905, hasta este fin de 2021 (Ciento dieciséis años, que no es poco). Quedó lo que quedó.

Luego -y eso es el otro límite- con los mejores criterio e intención se han trascripto, comentado o parafraseado lo que de esos álbumes se pensó más interesante.   

 Así, con saltos obligados y omisiones seguramente importantes, seguimos este pequeño viaje. 

Existe un recorte que no tiene indicación de medio ni de fecha, pero su contenido permite ubicarlo -aunque sin certeza- en el año 1925. Me parece interesante por un doble motivo. Uno de ellos es que, en coincidencia con un plan oficial, plantea la posibilidad de un proyecto urbanístico e inmobiliario en Villa Talar.

No es fácil para un argentino de hoy –integrante de la que se ha llamada "sociedad de la sospecha"- separar la expresión fría y precisa "proyecto inmobiliario" vinculado con el espacio público de la idea casi automática de algo que suscita prevención, de una acción especulativa contraria al bien común, de un negociado con varias y altas complicidades. Ignoramos de toda forma qué hubiese ocurrido en Villa Talar y en Buenos Aires, porque el proyecto urbanístico e inmobiliario finalmente no se concretó.

Además la anécdota llama a la reflexión sobre el defecto argentino de planear -a veces muy bien- pero ejecutar poco y lentamente.

Ampliemos lo que cuenta el recorte adjunto. El Intendente Municipal Carlos M. Noel, deseaba establecer un plan regulador de la ciudad de Buenos Aires y, en su marco, ocuparse por la cantidad y calidad de los espacios verdes. Contaba con el asesoramiento de una "Comisión de Estética Edilicia" y desde luego con el de los organismos pertinentes como la Dirección de Parques y Jardines. Esta dirección estaba entonces a cargo nada menos que del célebre Charles Thays, arquitecto, urbanista, paisajista, naturalista, escritor y periodista, de vasta y perdurable obra en todo nuestro país.

En este contexto, se decide contratar al ingeniero francés Jean Forestier para que estudie el tema. Este profesional tenía gran experiencia en el tema habiendo ya trabajado en grandes parques europeos, colaboró en el proyecto de la Costanera Norte porteña y proyectó la instalación del Parque o Patio Andaluz (donado por el Ayuntamiento de Sevilla) en el Parque Avellaneda. (Proyecto que, como sabemos, no se concretó, ya que el Parque o Patio es hoy la entrada al Rosedal de Palermo).

El aspecto que nos concierne es que en algún punto de su informe, Forestier recomendó al Intendente la mudanza del Jardín Zoológico de Buenos Aires, ubicado entonces como hoy, formando un conjunto con el Jardín Botánico y el Parque 3 de febrero.

 


Aquí es donde, en conocimiento de la recomendación de Forestier, aparece la sugerencia de la Asociación de Fomento de Villa Talar de instalar el zoológico en las cuarenta hectáreas del  Parque Agronómico, considerando que la ubicación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria en un lugar “tan céntrico, no tiene razón de ser". Como puede leerse en el recorte, la sugerencia no se agotaba allí, ya que se proponía acompañar al reubicado zoológico con campo de deportes, hotel, restaurant y un largo etcétera.

Sabemos que la sugerencia no fue atendida. Esto nos permite especular acerca de si, en caso de haberse escuchado, hubiese generado en la opinión pública aceptación o rechazo o qué grado de polémica. Tampoco podemos saber si hubiese resultado positivo o negativo para la ciudad. Los más amantes del debate están libres para hacer ejercicios de historia contra-fáctica, o sea analizar los pros, los contras y las probables consecuencias de aquello que no ocurrió.

El Talar recibió al año 1925 con festejos en la plaza de Lacar y Helguera "iluminada profusamente" (¿cómo sería el "profusamente" de entonces?) y adornada con buen gusto. Se instalaron quioscos que fueron atendidos "por señoritas de la villa". El público asistente fue mucho y la fiesta fue amenizada por una numerosa orquesta. Parece ser que el ánimo general era bueno, ya que se preveía continuar la fiesta el sábado y domingo siguientes ("La Prensa" 5/1/1925).

No poseo ninguna otra información sobre 1925. Ante esa carencia solamente pueden hacerse presunciones sobre la base de hechos ciertos en el ámbito nacional. Se estaba promediando el lustro 1922 - 1927 que correspondió a la bastante tranquila presidencia de Marcelo T. de Alvear, con orden, cierto progreso y (¡oh, tiempos!) el peso moneda nacional entre las monedas fuertes del mundo. 

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El 15 de junio de 1926 el presidente de la A.F.V.T. fue oficialmente designado comisario de la sección 16a. de la Policía de la Capital, dejando de ejercer similares funciones en la 45a. con jurisdicción sobre Villa Devoto, Villa de Parque y Villa Talar.

 



A diferencia de otras oportunidades, en ésta el traslado implicó una mudanza, aunque no fue inmediata. El apego a la zona perduró en la familia, que años después se instaló en Villa del Parque (Terrada 3161) y en Devoto (Pareja 4270). 

Con motivo de su alejamiento, fue objeto de un agasajo que sin duda alguna lo llenó de satisfacción.

Si la mudanza no fue inmediata, tampoco lo fue el abandono de sus funciones en la Asociación de Fomento. Así, en febrero del año siguiente, 1927, se lo ve participando de un día de festejo al "estilo criollo", una fiesta campestre que la A.F.V.T. organizó en el parque de la Agronomía. 

(Es de notar que “la Agronomía”, como de la conocía popularmente, aunque formaba parte de Villa del Parque, que de ahí tomó su nombre, estaba integrada también a la vida cotidiana de Villa Talar y era ni más ni menos eso, un gran parque).

 


 

Un buen asado, preparado "por entendidos", buena y numerosa compañía (alrededor de doscientos vecinos), excelente clima humano, todo debe haber resultado muy grato. También seguramente al presidente de la entidad organizadora, quien estaba ya en su último mandato. Comparado con todo eso, nada debe haberle importado que la "Revista Almacenera", en la nota que se exhibe, destrozase su apellido...

 

Sin lugar a dudas, en octubre de 1927 la A.F.V.T. tenía ya otro presidente. Lamento no conocer su nombre, ni la composición de la nueva comisión directiva.

Consta sí, en un recorte sin referenciar, que esa nueva comisión directiva de la A.F.V.T. -u otra posterior- nombró al ex vecino Julián Bourdeu socio honorario, distinción con la que seguramente se sintió muy honrado.

 


 

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Por falta de fuentes, debe terminar aquí este pequeño viaje por la historia de Villa Talar.

 

Confío en haber podido demostrar (o quizás, dado el tiempo transcurrido, revelar) que Villa Talar existió como barrio, como una unidad poblacional concreta y diferenciada de la ciudad de Buenos Aires. Estuvo a veces algo confundida con Villa Devoto y hasta denominada "Villa Devoto Norte", pero existió, distinta de otros barrios mencionados en los recortes en nuestro poder. En ellos, además logicamente del propio Talar, sólo se nombra como barrios vecinos a Villa Devoto, Villa del Parque y ocasionalmente a Villa Urquiza y Chacarita. No existía entonces en esa zona noroeste de la ciudad ningún otro barrio aparte de los nombrados.

 

 

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Lo que hasta ahora ha publicado "Por los barrios narrando" tiene el amparo –relativo, si se quiere- de lo publicado en algún periódico.

Quisiera ahora abandonar  ese amparo para expresar una opinión acerca de Villa Talar y su desaparición como barrio oficial de ésta ciudad.

 

Villa Talar no es oficialmente un barrio porteño. Puedo imaginar varios motivos, aunque ninguno me consta. No siendo un barrio oficial, podría ser, según la terminología que se use, un "sub-barrio" (expresión que no me agrada ni me parece estética) o un "vecindario"; algo, en fin, más chico o de menor importancia que un barrio "como Dios manda", pero con cierta identidad propia al fin y al cabo.

Pero no. Ni siquiera queda eso y la zona no puede considerarse un vecindario cabal, puesto que la legislación (Ordenanza N° 26.607/72  y Ley 2.650/2008) ha roto su unidad. Villa Talar, recordemos, existía dentro del perímetro marcado por (con los nombres actuales), la Av. San Martín, la Av. Gral. Mosconi, la Av. De los Constituyentes y la Av. Francisco Beiró. Esa unidad fue rota: la porción de la Av. Salvador María del Carril hacia el norte fue incorporada a Villa Pueyrredon y de esa misma avenida hacia el sur fue anexada por la ley al barrio de Agronomía.

Pero cabe hacer aquí un distingo en cuanto a la categoría diferente de estos dos barrios oficiales, Pueyrredon y Agronomía.

Villa Pueyrredón comenzó a formarse alrededor de la estación "Km 14" rebautizada en 1907 "General Pueyrredón". Sus instituciones parecen haber actuado en una zona circundante de la mencionada estación y -en lo que a Villa Talar respecta- cerca de sus límites norte (Av. América / Mosconi) y este (Av. Constituyentes). Se observará que en ninguna de las notas de prensa que aquí se reprodujeron o comentaron se menciona a Villa Pueyrredón. Creo que esto se debe a su crecimiento menor en los años comentados, más lento y más centrado en su zona norte. Posteriormente, en los años 1930 o 1940, la dinámica social y el mayor desarrollo comercial de Villa Pueyrredón -en especial sobre la Avenida Mosconi- hicieron que este barrio opacara a Villa Talar y ese fue un proceso que, guste o no, no puede discutirse.

Muy distinto es el caso de Agronomía. Este barrio se formó de modo artificial. Quiero decir que la ley de barrios arrancó a Villa del Parque su Parque, el que le daba el nombre, el viejo Parque del Oeste o Agronómico, e inventó con él un barrio. Pero como resulta inconcebible un barrio sin pobladores -y "la Agronomía" no tenía residentes permanentes más allá de algún cuidador o casero, sino sólo mucho verde y algunos edificios institucionales- hubo que proveerlo de pobladores. Fue así como se quitó a Villa del Parque un trozo más, el llamado barrio Rawson (el triángulo formado por la Av. San Martín, Tinogasta y Zamudio, en el que nació Julio Cortázar), luego se le quitó a La Paternal el Parque Chas (que posteriormente tendría identidad oficial) y la mitad sur de Villa Talar que ya indicamos.

El instrumento legal  que instituye el "Día del Barrio de Agronomía" dice que éste barrio nace el 25/9/1904, fecha de la fundación de la Estación Agronómica, Granja Modelo y Escuela Práctica de Agricultura; pero todo ese conjunto, ese parque, fue creado cuando Villa del Parque ya existía y dentro de ella. Además, la fundación de un instituto cualquiera, por importante que sea, pero sin población alguna, no es suficiente para fundar un barrio. Salvo que las instituciones se implanten en un desierto, cosa que como sabemos la zona no era.

Adicionalmente, la legislación que comentamos comete otros errores retroactivos. Uno de ellos es atribuir origen agronómico o agronomicense, a destacados vecinos que en su vida hubieran imaginado tener tal gentilicio barrial, como los Doctores Ángel H. Roffo o Francisco Beiró. El primero nació en el centro de Buenos Aires en 1882 y el segundo en Entre Ríos en 1876, ambas fechas muy anteriores al supuesto origen del barrio Agronomía.  

En síntesis, lo que sostengo es que Villa Talar ha sido repartido por mitades entre un viejo barrio que creció más que Villa Talar, lo que podría justificar la anexión y otro totalmente inventado con partes de otros, sin mayor justificación.

La cuestión principal es, sin embargo, si existe o no una identidad y una voluntad talarense. Al respecto, tengo mis dudas. Quedan sí instituciones: el santuario de la “Virgen que desata los nudos” es la Parroquia de San José del Talar, en Navarro 2460; la Asociación Vecinal de Fomento El Talar Norte tiene sede en Salvador María del Carril 2956 y el Club El Talar está situado en Nueva York 2944/2960.

De existir hoy esa identidad talarense, el vecindario podría quizás unificarse y hasta volver a erigirse en un barrio oficial. Pero en este tema, lógicamente, la palabra es de los vecinos.

Villa Talar: Información sobre un barrio porteño que no existe más (Parte VI)

  Por Marcelo J. Bourdeu

Villa Talar: Información sobre un barrio porteño que no existe más







Parte VI

 

1924. Balance y promesas

Comentábamos en la entrega  anterior (Parte V) que la Asociación de Fomento celebró su asamblea societaria, aprobó su memoria y balance de su quinto ejercicio (1923/1924) y renovó autoridades. Quizás interese resumir la nota correspondiente de "La Razón de Villa Devoto" que da una idea bastante clara del trabajo realizado, así como de los importes involucrados.

La síntesis de resultados era la siguiente:

Plaza de ejercicios físicos, instalaciones en general:     $ 1.904,10

Muebles y Útiles                                                                    295,40

Depósito en garantía luz eléctrica                                           50,00

En caja                                                                                   396,94

                         Total                                                        $ 2.646,44

Con el estilo de la época, "La Razón" señala las "múltiples gestiones coronadas por el más justiciero éxito" durante el ejercicio. Entre ellas:

"la ampliación de los grados de la enseñanza primaria en la Escuela N° 12, Consejo Escolar 16, de esa Villa, habiendo allí 1321 niños en edad escolar y sólo capacidad para 345; su atención preferente a los servicios de luz y barrido; del estado y progreso de la plaza de ejercicios físicos; haber conseguido que vaya hasta allí con frecuencia el camión municipal con el biógrafo [Notemos: un camión municipal acercaba el cinematógrafo a los barrios donde no había salas]; los pavimentos conseguidos y en gestión; el petitorio para la creación de una sucursal de correos, y por último, los muchos trabajos ejecutados por la cuadrilla municipal en el año 1923/24, como ser: pasos de piedra, cunetas de piedra, arreglo de calles con la máquina Champion, transporte de tierra, corte de yuyos, canalización y abovedamiento de calles, etc.”.

Además se señalaba: “Debemos anunciar que [la Asociación] ha sido favorecida con la donación de tres metros cúbicos de arena para su plaza de ejercicios de parte de la Compañía Arenera El Vizcaíno".

En esta asamblea se renovaron además autoridades, como ya comentamos en la entrega anterior.

A esta "plaza de ejercicios físicos" arriba mencionada y que había insumido más del 70% del presupuesto de la Asociación, nos referiremos más adelante.

  Todo parece indicar que la Asociación de Fomento de Villa talar estaba decidida a terminar el año 1924 "a toda orquesta"... dentro de sus discretas posibilidades instrumentales, claro está.


Peticionar y reclamar hasta el cansancio (de los funcionarios…) era, además de un deber de vecinos proactivos,  una buena herramienta. Pero le herramienta estaba lejos de ser perfecta, ya que muchas veces los Intendentes municipales no podían, no sabían o no querían satisfacer a los barrios. Así, ya hemos visto y volveremos a ver que Villa Talar emitía voces que sólo después de mucho tiempo tenían algún eco proveniente de la Intendencia Municipal, allá en la lejana Plaza de Mayo.

Precisamente en relación con las solicitudes reiteradas, en esos primeros días de octubre de 1924, la A.F.V.T. produjo otra descarga de su modesta artillería. Dirigió al Intendente la nota que menciona el artículo de la imagen. Aunque algo extensa, es elocuente y suficientemente detallada como para agregar comentarios.

Por esos días el concejal Remigio Iriondo visitó Villa Talar y Villa Devoto, acompañado por miembros de las sociedades de fomento de esas villas. Comentaba "Crítica" del 6/10/24 que Iriondo había constatado "... que la Municipalidad no ha empezado aún a pagar su deuda con esos vecindarios". Mencionemos también otro párrafo de la misma nota: "En Villa Devoto se impone la construcción de afirmados en las calles Morán, Habana y San Nicolás, ampliando esos proyectos sancionados desde hace 10 años ".[La negrita es nuestra.] con la pavimentación de la avenida Lincoln, la calle Orán, desde Morán a Tinogasta y otras de poca extensión

Una forma útil de complementar los pedidos vecinales era, ya entonces, invitar a funcionarios para agasajarlos y exhibirles los problemas sobre el terreno, comprometiéndolos así de alguna forma a su solución. Fue así como, de acuerdo con lo anunciado en la nota que se exhibe, la Asociación llevó a cabo un almuerzo el día 11 de octubre, en el ya mencionado Bar San Martín, con los fines que se indican en la invitación inserta. No puede dejar de verse con alguna melancolía que el precio del cubierto era de $ 3,50 m/n... (aunque, claro está, el poder adquisitivo del peso era muchísimo mayor que el actual). Al almuerzo concurrieron los concejales Remigio Iriondo y Vicente P. Rotta.


Todas estas acciones condujeron a algunas presentaciones positivas en el Concejo Deliberante. Una, ("La Razón de Villa Devoto", del 14/10/1924) fue un proyecto con la firma del concejal Iriondo que proponía al Departamento Ejecutivo procediera "a pavimentar con adoquines de granito y base de hormigón de acuerdo con la ley de la materia y ordenanzas vigentes", las siguientes calles: "... Morán, de Nazca a Helguera; Navarro, de Av. San Martín a Condarco; Bolivia, de Morán a Av. Tres Cruces y Mercedes, de Nogoyá a Santo Tomé". Además, el mismo Iriondo dirigió al Intendente una minuta de comunicación que decía: "Sr. Intendente: El H. Concejo Deliberante vería con agrado que el D. E. diera cumplimiento a la mayor brevedad, a las siguientes ordenanzas sobre pavimentación de varias calles".

Parte de la referida "minuta" de Iriondo muestra por los atrasos que suelen producirse en la ejecución de obras públicas ya aprobadas. Adicionalmente, constituyen una lista muy larga (y probablemente aburrida) de pavimentos a efectuar. [Como recopilador de estas noticias, tuve la tentación de no reproducir la lista que sigue; pero lo hice porque el único interés que tienen estas notas (si alguno tiene), es justamente en dar cuenta del pasado de esta parte de nuestra ciudad de Buenos Aires. Pasado que fue como fue, nos guste o no].

A continuación, la lista de ordenanzas de pavimentación que Iriondo pedía, en octubre de 1924,  que se cumpliesen:

"Ordenanza diciembre 18 de 1922: Lacar, de Nazca a Av. de los Constituyentes; Ordenanza noviembre 28 de 1919: San Nicolás, de Nueva York a Habana; Ordenanza diciembre 24 de 1923: San Nicolás, de Nueva York a Morán; Ordenanza octubre 3 de 1911 y noviembre 28 de 1919: Habana, de San Nicolás a Gualeguaychú; Ordenanza junio 30 y octubre 6 de 1911: Lincoln, de Av. América a Av. Tres Cruces; Ordenanza diciembre 29 de 1923 y julio 31 de 1924: Av. Nacional, de Av. San Martín a Nazca; Ordenanza diciembre 24 de 1923: Av. América, de Av. San Martín a Sanabria y José Cubas de Marcos Paz a Av. San Martín; Ordenanza junio 30, octubre 3 y 6 de 1911 y diciembre 30 de 1913: Morán, de Av. San Martín a Helguera y de Nazca a Bolivia; y Ordenanza junio 13 y diciembre 30 de 1913: Helguera, de Av. Tras Cruces a Av. Nacional."

El 25 de octubre "La Razón de Villa Devoto" da a conocer otra iniciativa más del diligente Remigio Iriondo, quien "compenetrado de los altos fines sociales que persigue la Asociación de Fomento de Villa Talar, aparte de su eficiente actividad edilicia" presentó al Concejo Deliberante otro proyecto de ordenanza cuyo artículo primero decía: "Acuérdase a la Asociación de Fomento de Villa Talar, la suma de mil pesos ($1.000 m/n)moneda nacional, para la compra de aparatos de juegos infantiles, a fin de que sean instalados en el campo de deportes que posee la institución en la calle Lacar esquina Helguera." En los fundamentos se difundía que la A.F.V.T., para crear un espacio de sano esparcimiento para las escuelas de la Villa, había arrendado  el terreno en cuestión y lo había convertido en un campo de deportes. Señalaba además que la Asociación había empleado los escasos recursos disponibles  en la compra de algunos juegos, pero estos resultaban insuficientes.

 "La Razón de Villa Devoto" 1° de noviembre de 1924: Iriondo, una vez más, junto con su colega Tedín Uriburu, presentaron otro proyecto de ordenanza, el 24 de octubre, pidiendo el alumbrado eléctrico "definitivo" en el radio comprendido por las calles Av. San Martín, Habana, Nazca, Morán, Zamudio y Tres Cruces y Sanabria, Nogoyá, Esperanza y Santo Tomé.

En los considerandos se expresaba: "Hay en ellas (por las Villas) densa población, muchas escuelas, industrias, comercios numerosos, centros culturales, institutos como los del Cáncer que hacen honor a la ciudad, oficinas públicas, etc., etc., que demandan esa nueva contribución al progreso y seguridad pública".

Corresponde señalar una vez más la positiva labor de Remigio Iriondo, a quien este blog ha ya dedicado una página, en octubre de 2019. Maestro de profesión, ejerció con honor y éxito su función de concejal en toda la parroquia de San Bernardo. Vecino de Villa Crespo, a las muchas iniciativas suyas que ya comentamos puede agregarse que participó en la villacrespense "Comisión Popular Pro-Subterráneo Lacroze" que ayudó a concreción de la hoy línea "B" de subterráneos. La natural diligencia y efectividad mostradas por Iriondo en sus iniciativas sobre Villa Talar, se vieron seguramente reforzadas por su conocimiento previo con Julián Bourdeu, junto con quien en 1903 fundó en Villa Crespo la Asociación de Fomento Maldonado. Además, Bourdeu fue cofundador -en 1895- y primer director del periódico "El Progreso", de Villa Crespo, del que posteriormente fue también director Remigio Iriondo.

Parece que, lamentablemente, casi cada barrio y cada época tuvieron su  "Paso a nivel de la muerte".  "Crítica", en sus ediciones del 27 de octubre y 15 de noviembre, se refiere así a uno de Villa Talar. Era el del cruce de las vías del F. C. Central Buenos Aires (el “ex Urquiza”) con Nazca y Gutenberg, carente, al parecer, de toda protección e infraestructura ya que "por estar las vías constantemente electrizadas han perecido ya electrocutadas varias caballerías y corren el mismo peligro, de no tener cuidado, las personas". Se señalaba, adicionalmente, la dificultad que esta situación ocasionaba para la necesaria comunicación de Villa Talar con Villa Urquiza y Belgrano.